¿EL GRECO NO PINTO "LA DAMA DEL ARMIÑO"?

Al parecer, todo apunta a que ni la dama de la pintura es una desconocida, ni la piel que lleva es de armiño, ni el autor es El Greco.

La identidad de la dama, según varios estudios actuales, muy probablemente sea la Infanta Catalina Micaela, Duquesa de Saboya, e hija de Felipe II e Isabel de Valois.

Autoría

Es un cuadro cuya documentación es escasa y tardía y en el que ciertas afirmaciones hechas en un momento dado, sin base ni fundamento, se han ido manteniendo hasta fechas recientes.

"La dama del armiño"
Sin embargo, “La dama del armiño” es una pintura rodeada de interrogantes y polémicas entre los historiadores actuales. Pese a sus modestas dimensiones (60 X 50 centímetros), este óleo sobre lienzo ha cautivado la atención de los especialistas durante años, y de forma especial en las últimas décadas.

Tradicionalmente se ha considerado que esta pintura, cuya figura femenina mira de forma penetrante y misteriosa, y a lo mejor con cierto desafío, al espectador, es obra del artista griego. Pero de hecho, ha sido en los últimos años cuando han sido varias las voces que descartan que la pintura sea una obra de El Greco.

Lo cierto es que el retrato es un tanto atípico respecto al resto de la producción del artista, quien retrato a pocas mujeres. El detalle de que la dama fuera retratada mirando con cierto aire de desafío e incluso de seducción tampoco era muy habitual en la pintura de comienzos del siglo XVI, pues no se consideraba apropiado que una mujer estableciera contacto visual directo con el hipotético espectador de la obra.

Pero si el autor de la obra no fue El Greco, ¿quién fue el responsable de su creación?.

La primera noticia que se tiene del cuadro es la de que hacia 1836 el marchante madrileño Serafín García de la Huerta lo vende al Barón Taylor para la colección Louis Phillippe como la "Hija del Greco" y con este nombre se expone por primera vez en la "Galerie Espagnole" de París en 1838. Al disolverse esta colección en 1853 es adquirido por el coleccionista W. Stirling Maxwell. Es posible que fuera el propio vendedor, García de la Huerta, quien le atribuyera este origen.

La corriente de recuperación de la obra de El Greco que se inicia a finales del XIX trae consigo la investigación sobre su vida personal del artista griego, lo que lleva a la convicción de que el pintor no tuvo ninguna hija, por lo que, sin otro fundamento que lo justifique, en 1900, Sanpere i Miquel propone identificarla como la mujer del artista, Jerónima de las Cuevas, consideración también infundada que ha llegado a nuestros días. 

El Greco, posible autorretrato
En realidad la atribución al Greco de este retrato ha sido puesta en cuestión desde comienzos del siglo XX por diversos críticos: Aureliano de Beruete, que creía ver en él la mano de Tintoretto; Lafuente Ferrari, que consideró que debía ser del círculo de Sánchez Coello; o José Gudiol, más recientemente el propio Fernando Marías, considerado por muchos el máximo especialista en el Greco. 

El periodista e investigador Antonio García Jiménez, incluso se atreve a ir aún más allá y dice que no sólo la obra no sería El Greco, sino que ni siquiera habría sido pintada en el siglo XVI. Para este estudioso, la pintura fue creada en el siglo XIX, y posiblemente está retratando a una actriz que en aquellas fechas representaba la obra ‘La judía de Toledo’.

Según García Jiménez, es posible que fuera el propio Serafín García de la Huerta –al parecer conocido en la época por atribuir sin demasiada fiabilidad pinturas a artistas célebres–, quien afirmase sin mayores pruebas que ‘La dama de armiño’ había sido pintada por El Greco, con la única intención de obtener un buen precio por su venta al barón Taylor.

Como se ve son varios los estudiosos que descartan la autoría de El Greco, y señalan a otros artistas. Para las historiadoras María Kusche y Carmen Bermis, por ejemplo, la pintura sería en realidad una obra de la artista Sofonisba Anguissola.

La dama

Algunos autores han sugerido que la misteriosa dama que aparece retratada en la pintura y que se abriga con una piel podría ser Jerónima de las Cuevas, la mujer con la que El Greco mantuvo una breve relación de la que nació su único hijo, Jorge Manuel Theotocópuli.

Esta identificación, sin embargo, es únicamente una especulación, pues no hay evidencias que permitan demostrar esta hipótesis. De hecho, es que en los últimos años han sido varias las voces que no sólo niegan esta posibilidad.

Autorretrato de Sofonisba Anguissola
Pero, si no es Jerónima de las Cuevas, ¿quién es la mujer que nos mira desde el cuadro?.

En opinión de la historiadora María Kusche (una de las mayores especialistas en la figura de Anguissola), la dama retratada podría haber sido nada menos que Catalina Micaela, la segunda hija de Felipe II, y Duquesa de Saboya, pues guarda cierto parecido con un retrato que hizo de ella Alonso Sánchez Coello.

Una hipótesis que sin embargo descartó en su día el experto José Álvarez Lopera –una de las voces más autorizadas sobre El Greco–, al argumentar que un miembro de la familia real jamás habría mirado al espectador de forma tan directa y seductora.


Si la realización de la obra se le atribuye a la artista italiana Sofonisba Anguisola, la identificación del personaje, por lógica, debería ser Catalina Micaela de Austria casada con el duque Carlo Emanuele de Saboya. Esta hipótesis cobra todo su sentido dada la relación especial que existe entre la infanta y la pintora.

Si damos por correcta la autoría y el nombre del personaje también habría, por tanto, que corregir su datación y acercarla a la última década del siglo, ya que por los estudios de la historiadora Carmen Bernis sabemos que la infanta lleva una toca de mujer casada, (ella se casa en 1585) y que su peinado corresponde a la moda del último decenio del siglo, por tanto sería ilógico seguir manteniendo las fechas del cuadro entre 1577-75.

Pudiéramos estar, pues, ante una pintora, Sofonisba Anguissola, que en la madurez de su arte pinta el retrato de una persona a la que ha visto nacer y crecer y con la que, a buen seguro, le unían lazos más relacionados con el cariño que con la profesión.

Catalina Micaela por Sánchez Coello
Valor incuestionable

No sería esta, sin embargo, la única obra atribuida a El Greco que muy bien pueden ser de Sofonisba Anguisola, como el mismísimo retrato de Pompeo Leoni cuya atribución al artista griego ha sido cuestionada por algunos de los principales especialistas en la época del pintor. También es indudable la influencia de la italiana en las obras del autor griego y otros muchos pintores de su época.

La figura del Greco, prácticamente olvidada durante trescientos años es redescubierta en los inicios del siglo XX y lo es con tanta fuerza que se le asignan a menudo y con escaso fundamento obras que difícilmente pueden ser de su mano. En expresión del profesor Juan José Luna "todo lo que tenía las manos alargadas se le atribuía".

En definitiva, no sería difícil comprobar si la “La dama del armiño” remonta sus orígenes al siglo XVI o si por el contrario es una creación más moderna, pero parece poco probable que los actuales propietarios de la obra (la Pollok House de Glasgow) se arriesguen a que un análisis de resultado desfavorable reste valor a la que en la actualidad es una pieza de enorme valor.


En cualquier caso, la excelencia y originalidad del retrato está fuera de toda duda.

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