¿VELÁZQUEZ FUE AMANTE DE ”LA VENUS DEL ESPEJO”?

Algunos especialistas la han calificado como la “Venus” más misteriosa del mundo, y no sin razón, pues son varios los interrogantes que se ciernen sobre ella.

Durante décadas, los historiadores del arte se habían planteado distintas hipótesis para identificar a la misteriosa mujer de la pintura, pero las pistas podrían estar en el segundo viaje que el genial pintor realizó a Italia.

‘La Venus del espejo’

La obra, una de las últimas creaciones de Velázquez, representa a la diosa Venus en una pose erótica, tumbada sobre una cama y mirando a un espejo que sostiene el dios del amor sensual, su hijo Cupido. Se trata de un tema mitológico al que Velázquez, como es usual en él, da trato mundano. No trata a la figura como a una diosa sino, simplemente, como a una mujer. Es un óleo sobre lienzo de 122 cm × 177 cm.

A diferencia de la mayor parte de los retratos previos de la diosa, que la muestra con cabellera rubia, la Venus de Velázquez es morena. Su función ha sido objeto de debate por los historiadores del arte. En general, se cree que sería una especie de atadura, un símbolo del amor vencido por la belleza.. Y en este caso, puede estar en lo cierto.

La Venus de Velázquez aporta al género una nueva variante: la diosa se encuentra tendida de espaldas y muestra su rostro al espectador reflejado en el espejo. El elemento más original de la composición, pues, es el espejo que sostiene Cupido, en el que la diosa mira hacia afuera, al espectador de la pintura a través de su imagen reflejada en el espejo. El espectador, a su vez, puede ver en el espejo el rostro de la diosa, difuminado por el efecto de la distancia, y sólo revela un vago reflejo de sus características faciales. La composición usa principalmente tonos de rojo, blanco, y gris.

Tanto la figura de Venus como la de Cupido resultaron significativamente alteradas durante el proceso de pintura, y como resultado aparecen las correcciones del artista respecto a los contornos que inicialmente pintó. Así puede verse a través de los rayos infrarrojos que revelan cómo el brazo alzado de Venus estaba al principio en una posición más alta; en la posición de su hombro izquierdo, y en su cabeza, que tenía un perfil más acusado, mostrando un poco de la nariz; que Venus estaba originalmente más incorporada con su cabeza vuelta hacia la izquierda; o que los contornos del espejo y el dorso de Cupido también están alterados.

Los interrogantes sobre la obra

Las incógnitas que rodean la pintura, aún hoy, traen de cabeza a los especialistas.

No existe acuerdo sobre la fecha de creación de la obra. La primera referencia documental sobre ella data de 1651, fecha en la que aparece mencionada en un inventario de las posesiones del poderoso Gaspar Méndez de Haro, marqués del Carpio y Eliche, sobrino-nieto del conde-duque de Olivares, el primer mecenas de Velazquez.

Si estaba inventariada en 1651, el lienzo no podía ser posterior al segundo viaje de Velázquez a Italia (1649-1651), del que retornó en junio de ese año, pudiendo haberlo pintado allí a fines de 1650 o principios de 1651 y remitido a España antes del regreso del artista.

Sin embargo, en 2001 el historiador de arte Ángel Aterido descubrió que la pintura había pertenecido antes al marchante y pintor madrileño Domingo Guerra Coronel, y que fue vendida a Haro en 1652 después de la muerte de Coronel el año anterior.

Cómo y cuándo pasó a ser posesión de Coronel y por qué el nombre de Velázquez se omitió en el inventario de este tampoco se conoce. Algunos investigadores sugieren que quizás fuera debido a que se trataba de un desnudo femenino, un tipo de obra que estaba cuidadosamente supervisada y cuya difusión se consideraba problemática.

Algunos críticos de arte señalan el año 1648, antes de su segundo viaje de Velazquez a Italia, otros, sin embargo, se inclinan por su realización durante un segundo y último viaje a este país, entre los años 1649-1651.

La técnica pictórica de Velázquez no ofrece tampoco ayuda, aunque su fuerte énfasis en el color y en el tono sugieren que la obra pertenece a su período de madurez, entre finales de 1640 y principios de 1650, bien en España, bien durante el último viaje de Velázquez a Italia.

Sin embargo, en los últimos años va cobrando cada vez más fuerza la idea de que la pintura se ejecutó durante su última visita a Roma, ya que allí, según señalan algunos investigadores, el artista «llevó verdaderamente una vida de considerable libertad personal que resultaría coherente con la idea de usar un modelo femenino desnudo».


¿Quién era la dama?

Otra de las interrogantes de la obra es la identidad de la modelo, sobre la cual, se han propuesto diversas identidades.

En la España de la época era admisible el uso de modelos de desnudo femeninos, era algo mal visto. Por eso, para unos era una dama ficticia, una invención inspirada quizá en la escultura del 'Hermafrodita Borghese' (una copia romana de un original griego) —hoy conservada en el Louvre, pero de la que existe una copia en el Prado—, o en modelos de Miguel Ángel plasmados en la Capilla Sixtina.

Para otros investigadores, por el contrario, la dama en cuestión podría haber sido una criada del marqués del Carpio, cuya fama de libertino era de sobra conocida. Esto sería bastante probable ya que la pintura parecía ser un encargo del marqués a Velázquez, ya que estaba entre el inventario de sus propiedades. Sin embargo, el descubrimiento de Ángel Aterido descarta esa posibilidad.

Se pensó en la pintora italiana Lavinia Triunfi, que habría posado para Velazquez en Roma, pero también en una supuesta amante del pintor en Roma y con la que tuvo un hijo.

Hace algunos años la historiadora británica Jennifer Montagu, profesora en la Universidad de Cambridge, descubrió un documento notarial que acreditaba la existencia en 1652 de un hijo romano de Velázquez, Antonio de Silva, hijo natural y cuya madre se desconoce (el pintor estaba casado desde los 19 años con la hija de Francisco Pacheco, Juana, que tenía 15 años, y tenían dos hijas).

Esta joven, que tendría unos veinte años en aquel entonces, y Velazquez ya cincuentón, pudo haber sido, según la historiadora británica, la mujer que posó para la "Venus del espejo".

Otros documentos descubiertos tiempo después confirman el nacimiento del pequeño y dan fe de cómo Velázquez enviaba ciertas cantidades de dinero de vez en cuando para cuidar de su hijo ilegítimo, Antonio. Pero el niño murió cuando contaba solo ocho años.

Los estudiosos han especulado sobre ello: unos apuntan a que pudo ser la modelo que posó para el desnudo de la Venus del espejo, que quizás fuese la que Antonio Palomino (biógrafo de Velazquez) llamaba Flaminia Triunfi, «excelente pintora», a la que habría retratado el maestro. De esta supuesta pintora, sin embargo, no se tiene ninguna otra noticia. Otros sugieren que quizás se pueda identificar con Flaminia Triva, de veinte años, hermana y colaboradora de Antonio Domenico Triva, discípulo de Guercino.

Velázquez llegó a en su segundo viaje a Italia en enero de 1649, permaneciendo allí hasta mediados de1651, con el fin de adquirir pinturas y esculturas antiguas para el rey de España. La correspondencia que se conserva muestra las continuas demoras de Velázquez para retrasar el fin del viaje.

Felipe IV estaba impaciente y deseaba su vuelta por lo que en febrero de 1650 escribió a su embajador en Roma para que le urgiese en el regreso: «pues conoceis su flema, y que sea por mar, y no por tierra, porque se podría ir deteniendo y más con su natural».

 Velázquez seguía en Roma a finales de noviembre. El conde de Oñate comunicó su marcha el 2 de diciembre y a mediados de mes se comunicó su paso por Módena. Sin embargo, hasta mayo de 1651no embarcó en Génova para su vuelta a España.

Se ha aludido también a que la modelo de la “Venus del espejo” es la misma que la que aparece en la Coronación de la Virgen y Las Hilanderas, pero que, además, en Italia, Velázquez debió de realizar al menos otros dos desnudos femeninos, probablemente otras dos Venus, una de ellas citada en el inventario de los bienes que dejaba a su muerte.

Una “Venus” viajera

La pintura aparece por primera vez inventariada en el año 1651 entre los bienes de Gaspar de Haro y Guzmán y pasó luego a su hija, Catalina de Haro y Guzmán, la octava marquesa del Carpio, y su esposo, Francisco Álvarez de Toledo, el X duque de Alba. Desde 1688 a 1802 estuvo en poder de la Casa de Alba. En 1802, Carlos IV ordenó a la familia que vendiera la pintura (junto con otras obras) a Manuel Godoy, su favorito y primer ministro, y que este colgó junto con las dos obras maestras de Goya, que probablemente este le encargara, La maja denuda y La maja vestida.

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