SOFONISBA ANGUISSOLA, UNA PINTORA EN LA CORTE DE FELIPE II

Fue una pintora italiana, que no sólo fue la primera mujer pintora de éxito del Renacimiento, sino reconocida, admirada y copiada, que al llegar a España pintó al mismísimo Felipe II y su familia.

La pinacoteca madrileña sólo tiene expuestas al público tres pinturas realizadas por una mujer, y en los tres casos son de la misma autora: Sofonisba Anguissola, aunque algunos de sus cuadros se atribuyeron durante años a otros autores famosos.

Autorretrato de Sofonisba Anguissola
Sofonisba

Sofonisba Anguissola nació en Cremona (Italia) hacia 1532 en una familia acomodada, siendo la mayor de siete hermanos (seis de los cuales eran niñas) .

Su padre, Amilcare, con grandes inquietudes intelectuales, se esforzó siempre porque sus siete hijos recibieran una buena formación artística y humanística, lo que contribuyó a que Sofonisba destacarse en el panorama artístico de su época.

Cuatro de las hermanas de Sofonisba también fueron pintoras, pero Sofonisba fue de lejos la que mejor lo consiguió y más renombrada. Elena se hizo monja (Sofonisba pintó un retrato de ella) y tuvo que dejar de pintar, así como Ana María y Europa lo dejaron al contraer matrimonio, mientras que Lucía, la mejor pintora de las hermanas, murió joven. La otra hermana, Minerva, se hizo escritora y latinista. Asdrúbal, hermano varón, estudió música y latín, pero no pintaba.

A la edad de 14 años (Sofonisba destacó pronto en el dibujo y la pintura) su padre la envió, junto con su hermana Elena, a estudiar con Bernardino Campi, pintor también nacido en Cremona, un respetado autor de retratos y escenas religiosas de la escuela de Lombardía. Cuando Campi se mudó a otra ciudad, Sofonisba continuó sus estudios con el pintor Bernardino Gatti (conocido como «El Sojaro»). El aprendizaje de Sofonisba con artistas locales sentó un precedente para que las mujeres fueran aceptadas como estudiantes de arte.

En el Renacimiento, el aprendizaje artístico exigía que los alumnos se trasladaran a vivir a la vivienda del maestro lo que, en el caso de las muchachas, resultaba poco apropiado para la mentalidad de la época. Por otra parte, las mujeres que, a pesar de todo se aventuraban en el mundo de la pintura, tenían prohibido estudiar anatomía y pintar desnudos, por lo que su aprendizaje nunca estaba en igualdad respecto al de sus colegas masculinos.

A pesar de estas y otras muchas dificultades e injusticias, Sofonisba, aunque no se sabe con certeza, probablemente continuó sus estudios junto a Gatti durante tres años. Su trabajo más importante de aquella época es su obra Bernardino Campi pintando a Sofonisba Anguissola, fechado en 1550 y que se encuentra en la Pinacoteca Nacional de Siena.

En Roma

Con poco más de 20 años —en 1554—, Sofonisba destacaba ya por sus pinturas, y especialmente gracias a sus retratos, género en el que sobresaldría durante toda su carrera.

Felipe II por Sofonisba Anguissola

Ese mismo año se trasladó a Roma para continuar con sus estudios artísticos, y en la Ciudad Eterna tuvo ocasión de conocer, gracias a los contactos de su padre, a uno de los grandes genios de la pintura: Miguel Ángel Buonarotti.

El maestro de la Capilla Sixtina accedió a orientar a la joven artista, dándole numerosos consejos y ofreciéndole su experiencia artística. Aunque de forma no oficial, Sofonisba recibió la ayuda y enseñanzas de Miguel Ángel durante casi dos años.

Este encuentro con el artista fue un gran honor para la pintora y se benefició de ser "informalmente" instruida por el gran maestro. Cuando él le pidió que pintara un niño llorando, Sofonisba dibujó un Niño mordido por un cangrejo, y cuando Miguel Ángel lo vio, reconoció de inmediato el talento de ella. A partir de ese momento, el genio le daba bosquejos de su cuaderno de notas para que ella los pintara con su estilo personal y le ofreció consejo sobre los resultados.

No obstante, no lo tuvo fácil, pues a pesar de que contó con coraje y apoyo, más que el resto de las mujeres de su época, su clase social no le permitía ir más allá de los límites impuestos para su sexo. No tuvo la posibilidad de estudiar anatomía o dibujar del natural, pues era considerado inaceptable para una señora que viera cuerpos desnudos.

En su lugar, Sofonisba buscó las posibilidades para un nuevo estilo de retratos, con personajes con poses informales. Los miembros de su propia familia y su propio rostro eran los protagonistas más frecuentes de sus obras.

En España

Cuando en 1558 la joven pintora se trasladó a Milán, ya había desarrollado sus magníficos retratos. Allí, el poderoso Duque de Alba se interesó por su obra y le encargó un retrato, quedando tan contento con el resultado que decidió recomendar a la joven en la corte española de Felipe II,  lo que representó un momento crucial en su carrera.

Fue así como Sofonisba, a sus 27 años, fue invitada formalmente por Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, a ejercer como dama de compañía de la reina y pintora de la corte.

Isabel de Valois

Una vez en España, la artista de Cremona consiguió destacar entre los artistas del momento, encargándose de realizar numerosos retratos a los miembros de la familia real.

Durante parte de este tiempo —estuvo en la corte del monarca español durante 20 años— trabajó en colaboración con el pintor Alonso Sánchez Coello, cuya obra influyó de forma notable en su estilo, lo que con los siglos terminó por causar errores de atribución en varias de sus obras, como por ejemplo, el famoso retrato del Felipe II, ya maduro, atribuido a Coello y que recientemente ha sido cuando se ha reconocido a Anguissola como la autora del mismo.

Por desgracia, no es la única pintura que ha sufrido ese mismo error. Su proximidad de estilo a otros artistas que influyeron en su obra —o en los que influyó— en aquellos años ha llevado durante mucho tiempo a identificar algunas de sus obras como creaciones de Tiziano, Zurbarán, o incluso El Greco, lo que, por otro lado,  dice mucho de la altísima calidad de sus creaciones.

Estos errores de atribución no sólo se debieron a las semejanzas estilísticas con otros artistas, sino también al hecho de que la italiana no firmase las pinturas que realizó en la corte española.

Anguissola pasó los años siguientes pintando sobre todo retratos de corte oficiales, incluyendo los de la reina y otros miembros de la familia real, la hermana de Felipe II: Juana, y su hijo, Don Carlos; las pinturas de Isabel de Valois; o las de Ana de Austria, la cuarta esposa de Felipe II.

En 1570, después de la muerte de Isabel de Valois, Felipe II arregla un matrimonio para Sofonisba, que aún estaba soltera. Al año siguiente, la pintora se casa con  Fabrizio de Moncada, hermano del virrey de Sicilia, por lo que terminó trasladándose allí. La artista enviudó nueve años después y volvió a casarse (1580), en esta ocasión con un noble genovés llamado Orazio Lomellino.

Su legado

Su último esposo reconoció y apoyó su trabajo de pintora y se establecieron en Génova, en una gran casa en donde pudo tener su propio estudio y tiempo para pintar y dibujar. La fortuna personal de Orazio, además de la generosa pensión que le otorgó Felipe II, permitió a Sofonisba pintar libremente y vivir cómodamente.

Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela
Bastante famosa en aquellos momentos, recibió la visita de muchos de sus colegas. De hecho, fueron muchos los jóvenes pintores que, como Anton Van Dyck (quien la retrató varias veces de anciana e hizo bosquejos de sus visitas a Sofonisba en sus cuadernos de notas), acudieron a visitarla y recibir sus consejos.

Sofonisba acabó sus días en Palermo, donde murió a los 93 años (1625) convertida en una artista de gran talento, y en contra de lo que algunos biógrafo dicen, nunca se llegó a quedar ciega del todo.

Su legado alcanza hoy una cincuentena de lienzos repartidos por distintos museos europeos, aunque muchas de sus obras se perdieron para siempre durante un incendio en el Palacio Real de Madrid.

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