PAGANINI: EL VIOLINISTA DEL DIABLO

El genio italiano está reconocido como uno de los mejores violinistas que haya existido jamás y uno de los músicos más virtuosos de su tiempo.

Tenía un oído absoluto, es decir, la habilidad de identificar una nota por su nombre sin la ayuda de una nota referencial, y era capaz además de producir exactamente una nota sin ninguna referencia.

Niccolò Paganini
Genio prematuro

El genovés Niccolò Paganini (Génova 1782-Niza 1840) fue un niño prodigio. Empezó con cinco años a estudiar la mandolina con su padre. A los siete años ya tocaba el violín e hizo su primera aparición pública a los nueve años.

 Con 16 años era ya muy conocido, pero se dice que no digirió bien el éxito y se emborrachaba continuamente, pero que se salvó de esa vida gracias a una dama desconocida que lo llevó a su villa y que fue allí donde aprendió a tocar la guitarra y el piano.

Con 19 años ya había compuesto más de veinte obras en las que combinaba la guitarra con otros instrumentos.

De 1805 a 1813 fue director musical en la corte de una de las hermanas de Napaleón, María Anna Elisa Bacciocchi, princesa de Lucca y Piombino.

Después se dedicó a hacer giras por Italia y unas cuarenta ciudades europeas como Viena, Londres, Alemania, Bohemia, Inglaterra, Escocia o París, ciudad esta última donde conocería al húngaro Franz Liszt quien fascinado por su técnica, desarrolló un correlato pianístico inspirado en lo que Paganini había hecho con el violín. A resultas de estas giras, donde fue acogido con gran éxito, se hizo además rico. Renunció a las giras en 1834.

En 1825, en una de esas giras, una cantante que viajaba con él, Antonia Bianchi, le dio un hijo, Cyrus Alexander, aunque nunca se llegaron a casar.

La leyenda

Algunos decían que era un genio. Otros, que era sobrenatural. La realidad es que las notas mágicas que salían de su violín tenían un sonido diferente, por eso nadie quería perder la oportunidad de ver su espectáculo. Paganini podía pasar de tocar en el violín pasajes tan tiernos como para hacer llorar al espectador como realizar una interpretación con tanta fuerza y velocidad que aún no se ha podido superar.

Con treinta y un años ya era considerado un virtuoso del violín, con un oído absoluto y una entonación perfecta. Tan perfecta era su técnica y su interpretación que algunos no dudaron en calificarla de auténtico pacto con el diablo.

Sus adelantos musicales asombraron desde un principio y se decía que en la mayoría de sus apuntes aparecía una nota extraña la cual decía "nota 13".

Un Stradivarius
Podía interpretar obras de gran dificultad únicamente con una de las cuatro cuerdas del violín, y continuar tocando a dos o tres voces, de forma que parecían varios los violines que sonaban. Además en la mayoría de sus espectáculos usaba la improvisación.

Paganini escribió gran parte de su difícil música para sus propias actuaciones.
  
Ludopatía y otras enfermedades

A partir de 1819 su salud se fue deteriorando poco a poco debido a la tuberculosis que padecía y que le procuró dos fuertes episodios de hemoptisis (expectoración de esputo hemoptoico o de sangre fresca procedente del aparato respiratorio), uno en 1834 y otro en 1840 que fue probablemente el que acabó con su vida

El de la enfermedad, que pasó de sus pulmones a la laringe, le hizo padecer una afonía crónica los dos últimos años de su vida.

El músico además se medicaba con mercurio para tratar la sífilis que también padecía.

Pero además, la fama, el éxito y el dinero llevaron a Paganini a llevar una vida de excesos, como el juego, entre otros. Tal era el caso que en cierta ocasión parece ser que se vio obligado a empeñar su violín y que llegó incluso a intentar abrir un casino en París en 1838.

Su técnica y sus obras

Según cuenta en su libro el estudioso Philip Sandblom (Creatividad y Enfermedad)pocos genios han experimentado tanta fortuna como Paganini. Este, además de estar asolado por una serie de afecciones crónicas también tenía el síndrome de Ehlers-Danlos, un grupo de alteraciones genéticas raras que afectan a los seres humanos provocado por un defecto en la síntesis de la falta o escasez de colágeno.

Esta afección provoca una excesiva flexibilidad de las articulaciones. Esto, aseguró este experto, permitió a Paganini realizar su dificilísima técnica con el violín. Sandblom explica que su muñeca era tan floja que podía mover y girar en todas las direcciones y que por tanto podía duplicar el alcance de su mano en el violín sin cambiar de posición.

También es bien sabido que Paganini rara vez se practicaba después de su treinta cumpleaños, merced a su extraordinaria memoria musical. 

Sus composiciones incluyen veinticuatro caprichos para violín solo (1801-1807) que se encuentran entre las obras más difíciles que se han escrito para el instrumento, seis conciertos para violín, doce sonatas para violín y guitarra y 6 cuartetos para violín, viola, violonchelo y guitarra.

Il Cannone

Llegó a poseer cinco violines Stradivarius, dos Amati y un Guarnerius (su violín favorito) llamado Il Cannone.

Il Cannone (el cañón, como lo llamaba Paganini por su forma, su potencia sonora y resonancia) fue construido en 1743 en Cremona por el luthier Giuseppe Guarneri del Gesù. Paganini lo  consiguió en 1802 cuando perdió un valioso violín Amati como resultado afición a los juegos de azar. Un violinista aficionado y hombre de negocios le dio como regalo este descuidado violín Guarneri al que Paganini cogió tanto cariño que lo tocaría desde entonces el resto de su vida y era el que más solía emplear en sus conciertos. Al morir lo legó a la ciudad de Génova.

Actualmente se expone en el Palacio Tursi, perteneciente a los Museos de Strada Nuova, situado en la Via Garibaldi, en el centro histórico de Génova. El instrumento se encuentra restaurado y en perfectas condiciones para ser utilizado. Periódicamente lo emplean algunos virtuosos.

En una ocasión cuando Il Cannone tuvo que ser reparado, Paganini lo envió al taller de Jean Baptiste Vuillaume (1798-1875), en París, el mejor luthier de la época. Vuillaume, además de reparar el Guarnerius, hizo una réplica exacta. La copia fue tan precisa en cada detalle de su construcción y apariencia, que se dice que ni siquiera su dueño podía distinguir uno del otro, finalmente Paganini notó diferencias sutiles en el tono que le permitían distinguirlo del original.

Su imaginativa técnica influyó notablemente en compositores posteriores como Franz Liszt, Johannes Brahms, Serei Rachmaninoff, Boris Blacher, Andrew Lloyd Webber, George Rochberg y Witold Lutoskawski, entre otros.

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