¿SHAKESPEARE NO ESCRIBIÓ SUS OBRAS?

Shakespeare es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal.

Sin embargo, sobre la autoría de sus obras no se ha dejado de especular y cuestionar cada vez más con el paso del tiempo.

Posible retrato de Shakespeare
Uno de los más grandes

Según la Enciclopedia Británica, Shakespeare es reconocido generalmente como el más grande escritor de todos los tiempos y figura única en la historia de la literatura.

Efectivamente, Shakespeare ha trascendido las fronteras de su país natal y no sólo se encuentra a la altura de grandes poetas (Homero o Dante) y novelistas (Cervantes, Tolstoi o Dickens), sino que los ha sobrepasado en fama mundial. Ninguno de ellos es tan conocido ni sus obras se leen y representan con tanta  frecuencia ni en tantos países.

Se ha llegado incluso a decir también, por parte de algunos estudiosos de su obra, que ningún escritor ha tenido nunca tantos recursos lingüísticos como Shakespeare, tan sólo quizás Dante, alcanzando muchos de los límites del lenguaje.

Shakespeare fue poeta y dramaturgo (tragedia, comedia, temas históricos) y ya venerado en su época, aunque no sería hasta el siglo XIX cuando alcanzaría la cúspide de su reputación y en el XX cuando sus obras fueron adaptadas y redescubiertas por todo tipo de movimientos artísticos e intelectuales.

Obra cuestionada

De Shakespeare se ha discutido su sexualidad, su religión y, como no, la autoría de sus obras.

De esta última cuestión ya se tienen noticias ciento cincuenta años después de su muerte, acaecida en 1616. Ya entonces, comenzaron a surgir dudas sobre la verdadera autoría de las obras a él atribuidas en el ámbito literario británico.

¿Por qué?. Quizás todo se deba, en parte, a el hecho de que los datos de que se dispone sobre el autor son muy pocos y contrastan con la vasta producción de su obra.

De hecho, no se ha encontrado ningún manuscrito original de Shakespeare –solo se han hallado 14 palabras de su puño y letra, de las que seis son firmas en las que, además, escribió su nombre de manera diferente–; y apenas existen retratos fiables del escritor –uno de ellos es el que sirve de portada al First Folio o Primer Folio ((nombre atribuido a la primera publicación de la colección de obras teatrales de William Shakespeare)–. Sin embargo, ninguna obra literaria ha sido examinada con tanta devoción.

Los llamados "anti-stratfordianos" (los que discuten la autoría del autor inglés) aducen que William Shakespeare era un actor que marchó a Londres en busca de fortuna como intérprete y como dramaturgo y que documentos históricos lo demuestran (la compañía teatral, su lápida en Strafford, su testamento, etc). Pero sobre todo, argumentan que sus obras requerirían un nivel cultural más elevado del que se cree que tenía Shakespeare y que no le facultaría para los mensajes ocultos que podrían tener algunas de sus creaciones.

Además los “anti Stratfordianos” aseguran que el Shakespeare de Stratford no sería más que un hombre de paja o un “alias” tras el que se encubriría la verdadera identidad de otro dramaturgo que habría preferido mantener en secreto su identidad. El verdadero autor de sus obras podría ser, según estas teorías, Francis Bacon, Edward de Vere, Christopher Marlowe o a varios otros autores.

La teoría baconiana defiende que fue Francis Bacon quien creó las obras atribuidas a Shakespeare, y que este nombre sería un seudónimo con claves masónicas. Se considera que el año 1623 fue elegido intencionalmente por Bacon para la publicación del First Folio, por los estrechos vínculos de los números que lo componen con los nombres combinados de William Shakespeare y Francis Bacon (la suma de los dos nombres suma 33, un número clave en la masonería).

¿Por qué ocultar la autoría?. Esencialmente, dicen los “anti Stratfordianos”, o bien por temas económicos (pago de impuestos), o bien políticos (denunciar de forma anónima).

La formación de Shakespeare

Aunque es mucho lo que se desconoce sobre la educación de Shakespeare, lo cierto es que el artista no accedió a una formación universitaria, con lo cual se haría difícil atribuirle tantas referencias intelectuales que se encuentran en sus obras.

Los que defienden la no autoría de Shakespeare consideran que no destacó en absoluto por su historial académico; de hecho, sus estudios no alcanzaban a las exigencias de su tiempo y que su talento estribaba en su capacidad de hacer algo radicalmente nuevo con lo viejo, es decir, que en vez de inventar o apelar a la originalidad, tomaba historias preexistentes, como la de Hamlet, y le otorgaba aquello que le faltaba para la eminencia.

Señalan, pues, que es bastante más probable que Shakespeare fuera influenciado por allegados a su círculo intelectual, tal era el caso de Marlowe, Nash y Peele, señalados por los antistratfordianos como posibles autores del  First Folio, o incluso por el afamado John Lyly y el poeta Anthony Munday, bien pudieron haber contribuido con buena parte de la tarea del gran dramaturgo.

The Word Book Enciclopedia señala que un actor de Stratford on Avon no hubiese podido escribir tales obras ya que la mayoría de los supuestos escritores “pertenecían a la nobleza o a otro estamento privilegiado”.

Recientemente, el rumor sobre la autoría de Shakespeare se ha acrecentado tras las declaraciones de los actores Derek Jacobi y Mark Rylance. Ambos han divulgado la denominada "Declaración de Duda Razonable" sobre la identidad del famoso dramaturgo. En dicha declaración cuestionan el que William Shakespeare, un plebeyo del siglo XVI criado en un hogar analfabeto rural, pueda haber escrito las geniales obras que llevan su nombre. Argumentan que un hombre que apenas sabía leer y escribir no pudo poseer los rigurosos conocimientos legales, históricos y matemáticos que salpican las tragedias, comedias y sonetos atribuidos a Shakespeare.

No obstante, quienes defienden la autenticidad de Shakespeare, lo hacen alegando que el no haber dispuesto de formación universitaria no sería excusa, puesto a que el autor tuvo acceso a libros que reflejaban los temas principales que explotaría más adelante en sus obras. Además, el que William no dispusiera de conocimientos de métrica no lo descalifica necesariamente.

First Folio
El First Folio

Tampoco se puede decir que las cosas estén muy claras en torno al First Folio o Primer Folio. Este, fue publicado por primera vez siete años después de la muerte de Shakespeare por los actores John Heminge y Henry Condell, con un prólogo de Ben Jonson, a un precio de unos 3.000 euros actuales, algo bastante desorbitado para la época. 

No se sabe exactamente cuántos ejemplares se imprimieron, pero quizás fueron entre 700 y 1.000. Los que han llegado hasta nosotros se cifran entren 220 y 240 y la mayoría están bastante incompletos.

Lo que sí se sabe con certeza es lo que vale ahora: se pagaron cuatro millones de euros por un ejemplar en una subasta en Sotheby's en 2006.

El historiador británico Peter Ackroyd asegura (en Shakespeare, la biografía) que la mayor parte de los títulos están escritos por Ralph Crane, un amanuense profesional que con frecuencia trabajó para las compañías teatrales.

Hasta antes de la aparición del First Folio (con 36 de las 38 obras que se conocen de Shakespeare), además de los sonetos, sólo se habían publicado 16 obras de Shakespeare y de forma muy chapucera –transcripciones de lo que se declamaba en el teatro sin el control del autor–, lo que era relativamente normal en la época dado que las piezas eran para ser vistas y escuchadas (tampoco ahora se editan la mayoría de los guiones). Gracias al Primer Folio se conocen Macbeth, La tempestado Julio César, de hecho, gracias a esta edición Shakespeare es Shakespeare y no un dramaturgo más de la época isabelina.

Así lo explica también Luis Astrana Marín (1889-1959), el traductor al castellano de las obras de Shakespeare: "Ninguna de estas ediciones lo fue con el consentimiento de Shakespeare, sino que fue el trabajo de editores piratas que se movían en torno a los autores teatrales, de copias tomadas al oído durante la representación y plagadas de yerros".

Cuatrocientos años después de todo esto, en septiembre de 2014, la biblioteca de Saint-Omer, en Remy Cordonnier, ha descubierto que albergaba uno de aquellos ejemplares del First Folio (aunque le falta la portada). Eric Rasmussen, un experto estadounidense en Shakespeare, que viajó hasta la ciudad francesa autentificó a finales de noviembre el libro. A causa de la forma en que se imprimía en el siglo XVII, cada copia es única, aunque no deja de sorprender a los expertos lo mal que estaban hechas. 

La identificación de esta copia, hasta ahora desconocida, ha vuelto a poner de actualidad el libro.








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