EL HUNDIMIENTO DEL "LUSITANIA": ¿UNA CONSPIRACIÓN PLANEADA POR CHURCHILL?

Junto con el Titanic, el hundimiento del Lusitania, con sus 1.200 víctimas, fue la otra gran tragedia naviera que marcó el comienzo del siglo XX.

El barco de pasajeros se hundió en 1915 cerca de las costas de Irlanda tras recibir el disparo de un torpedo lanzado por un submarino de guerra alemán, convencido de que el barco no sólo trasportaba civiles desde Nueva York, sino que también llevaba armamento.

Ambiente bélico

A la tragedia del Lusitania también se la ha calificado como uno de los más terribles crímenes de guerra, el primero que causó un número de bajas civiles a gran escala, dado que hasta la I Guerra Mundial las guerras tenían lugar en el campo de batalla y los ejércitos no atacaban de forma deliberada a las poblaciones civiles. Sin embargo, esto  cambió de forma radical en la primera gran guerra (1914 – 1918), debido a la sofisticación del armamento y a la mayor capacidad mortífera de estas nuevas armas, que además podían ser usadas desde el aire y en alta mar.

Pese a que la naviera del Lusitania advirtió de los riesgos que suponía cruzar el océano en un ambiente de guerra, nadie pensó que el enemigo se atreviera a disparar contra un trasporte de civiles.

Así, en plena I Guerra Mundial, los pasajeros del Lusitania decidieron emprender viaje desde Nueva York a Irlanda a bordo del que se consideraba uno de los barcos de pasajeros más seguro y mejor equipado del momento, con muchas travesías trasatlánticas a sus espaldas desde que fuera botado en 1906.

Sin embargo, nadie contó con que los alemanes habían sido alertados de la posibilidad de que el Lusitania llevara armamento escondido enviado a Europa por los norteamericanos, pese a que éstos no habían entrado todavía oficialmente en la contienda.

La tragedia

El lujoso navío estaba comandado por el veterano capitán veterano William Thomas Turner, al que faltaban cuatro años para jubilarse. Se trataba de un marino muy experimentado en las rutas navieras.

El 23 de abril, la embajada alemana en EE.UU publicó un aviso en los periódicos extrañamente coincidente con el zarpe del Lusitania. En éste advertía a los pasajeros sobre el riesgo de navegar en aguas no neutrales por el peligro se ser atacados.

Precisamente la ruta del Lusitania pasaba por aguas hostiles. Esta circunstancia no era desconocida ni para la Cunard, ni para el Almirantazgo inglés, ni aún menos para el capitán Turner.

El manifiesto fue anexado al permiso de zarpe, pero lo que en realidad, al parecer, se recibió en el barco fue el permiso con un manifiesto totalmente diferente.
El 1 de mayo de 1915 a las 11.30 el RMS Lusitania dejó el muelle nº 54 de Nueva York, donde la Cunard Line tenía su atraque habitual, y se enfiló hacia el Atlántico con 1.959 pasajeros a bordo (136 norteamericanos, 129 niños y 39 bebés).

No obstante, el Lusitania zarpaba con menos personal para atender sus 25 calderas: no fue posible contratar a más de 41 fogoneros de los 71 necesarios, por lo que sólo estarían operativas 19 calderas, y por tanto, su velocidad de 25 kn sería reducida a 21 kn.

El mismo día zarpaba desde Emden el submarino alemán U-20 al mando del capitán Walter Schwieger (de 32 años) hacia aguas irlandesas.

El crucero Juno esperaba al Lusitania al acercarse a las costas irlandesas para darle escolta, pero el 5 de mayo Churchill ordenó al Juno abandonar la zona de escolta y dirigirse a puerto, al parecer alertado por Joseph Kenworthy, del servicio secreto naval, de que este crucero no era apto para patrullas antisubmarinas por su diseño no estanco.

Sin embargo, aquel no fue reemplazado, y el Lusitania quedó sin escolta. El capitán Turner no fue informado ni de este hecho ni sobre el U-20 en su ruta (para entonces el U-20 ya había hundido tres embarcaciones inglesas entre el Fastnet y Kinsale), aunque sí recibió muchos comunicados del Almirantazgo que le advertían de actividad de submarinos en las cercanías de los promontorios y cabos de las aguas meridionales de Irlanda.

En la mañana del 7 de mayo, después de un tranquilo viaje sin incidentes, el Lusitania se acercó a aguas irlandesas, antes de seguir rumbo a Inglaterra. La calma  y la confianza reinaban entre el pasaje, que ya se sentía a salvo apunto de  concluir el viaje. Pero entonces, se desencadenó la tragedia.

El hundimiento

En Queenstonwn, el vicealmirante Coke, a cargo de las defensas y patrullas antisubmarinas y bajo la supervisión del Almirantazgo, se percató del peligro que corría el Lusitania, pero se le prohibía tomar decisiones respecto a los vapores y sus rutas. De todos modos resolvió poner en aviso al Lusitania por su cuenta por radio a las  7.50 (" Submarinos en acción frente a la costa meridional de Irlanda"). A las 8:30 se le vuelve a advertir que evite los promontorios y los puertos y navegue por medio del canal.  A las 11.00, Coke solicitó instrucciones al Almirantazgo para desviar al Lusitania, pero no recibió respuesta inmediata.

En la estación radiotelegráfica de Valentia, a las 11:02 se emitió un mensaje cifrado en doce palabras, en código desde Queenstown al Lusitania: "Desviarse a Queenstonwn", recibido a las 12:30 en el Lusitania. Este mensaje incluía a un remolcador cuyo código era MFA, el mismo código asignado al Lusitania.

A las 12:40 el Lusitania recibió otro comunicado que decía: -"Submarino a cinco millas de Cabo Clear, se dirigía hacia el Oeste a las 10:00 horas"- De acuerdo con este mensaje Turner a las 13.00 ordenó cambiar el rumbo acercándose más a tierra.

A las 14.00 desde el Lusitania se divisó el viejo promontorio de Kinsale, pero al mismo tiempo, Schwieger en el U-20 divisaba al enorme barco en su periscopio por el lado de estribor.

A las 14:10 Turner ordena un segundo cambio de rumbo para entrar al canal de San Jorge, esto lo comienza a alejar de la costa. A las 14:12 el comandante alemán Schwieger del U-20,  convencido de que el Lusitania trasportaba armamento militar, además de civiles, mandó disparar a 700 m el único torpedo que le quedaba. El proyectil impacta en el costado de estribor del trasatlántico, algo detrás del puente, causando una gran explosión. Inmediatamente después, se produjo otra explosión más grande.

Entonces, el caos se apodera del barco. A pesar de sus 175 compartimientos estancos la inundación es tan violenta por la marcha en inercia del barco que no se inunde parejamente y el barco corre el riesgo de volcar. Se escora más de 25°, lo que inhabilita muchos botes y hace que sea muy difícil mantenerse en pie en cubierta. La orilla está a apenas 10 km.

Tan sólo 6 botes salvavidas de los 48 logran ser lanzados con relativo éxito. En los últimos instantes el Lusitania se enderezó pero enseguida la proa choca con el fondo granítico y se levanta a un ángulo de 45°. En ese momento las calderas de popa reventaron, haciendo volar la tercera chimenea. Una nube de vapor cubrió el barco. Cuando se disipó, el Lusitania había desaparecido.

Tardó 18 minutos en hundirse. El rescate llegaría demasiado tarde; se perdieron 1.198 pasajeros, incluyendo 124 norteamericanos, 94 niños y 35 bebes. Solamente se rescataron 200 cadáveres.

La conspiración

Mucho se ha escrito acerca de esta tragedia, pero al parecer todo apunta a que pudo ser  una conspiración pergeñada por Winston Churchill, Primer Lord del Almirantazgo, que  habría enviado solapadamente al Lusitania como señuelo para los torpedos alemanes y así dejar mal a Alemania frente a Estados Unidos, por lo que de ese modo Reino Unido tendría un aliado mas, EE.UU.

Muchas pruebas apuntan en dicha dirección, como el hecho de que el mensaje radiado por la estación Valentia de las 11.02 necesariamente provocaba al capitán Turner a cambiar el rumbo acercándolo a la costa. El mensaje estaba cifrado e identificaba los barcos Lusitania y un remolcador auxiliar como MFA. El Almirantazgo negó rotundamente haber radiado un mensaje cifrado al Lusitania en que se le ordenaba cambiar rumbo a Queenstown.
  
Igualmente el hecho de que el Almirantazgo no informara a Turner de la presencia cercana del U-20, que ya había provocado tres hundimientos cerca de Kinsale.

Para colmo, el Almirantazgo, a sabiendas de la presencia de submarinos, negó la participación del barco de guerra Juno como escolta para los barcos de línea arguyendo que el diseño (clase Bachante) lo inhabilitaba como escolta, dejando así sin protección al Luisitania.

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