EL SECRETO Y TÓRRIDO AMOR ENTRE PARDO BAZÁN Y GALDÓS:

Durante los veinte años que duró su relación esta se nutrió de todos los ingredientes novelescos: admiración, amor, pasión e incluso infidelidades por ambas partes.

Sin embargo, y a pesar de ser los dos muy conocidos en su época, su historia no ha trascendido hasta nuestros días, gracias a haberse hecho pública la correspondencia entre ambos. 

Galdos por Sorolla
Galdos: tímido y mujeriego

Benito Pérez Galdós (Gran Canaria 1843-Madrid 1920), novelista, dramaturgo, cronista y político, ha sido reconocido por muchos como el mayor novelista español después de Cervantes. Fue desde 1897 académico de la Real Academia Española y llegó a estar nominado al Premio Nobel en 1912. Mostró también afición a la política llegando a ser elegido diputado en varias ocasiones por distintas circunscripciones.

A Benito Pérez Galdós le mandarán a estudiar a Madrid, y allí comenzó a escribir, a relacionarse con los círculos literarios y a ser conocido. Solía llevar una vida cómoda, viviendo primero con dos de sus hermanas y luego en casa de su sobrino, José Hurtado de Mendoza.

Se levantaba muy temprano y escribía regularmente hasta las diez de la mañana a lápiz, porque la pluma, decía, le hacía perder el tiempo. Después salía a pasear por Madrid a espiar conversaciones ajenas y a observar detalles (para emitar esa frescura en sus novelas).

Galdos en 1863
Galdos no bebía, pero fumaba sin cesar cigarros de hoja. Le gustaba leer en español, inglés o francés; prefiriendo a los clásicos ingleses, castellanos y griegos. Adoraba la música, durante mucho tiempo hizo crítica musical, pero casi nunca iba al teatro. Se acostaba temprano y casi nunca iba al teatro. 

Desde el punto de vista de Ramón Pérez de Ayala, su amigo y colega, Galdós era descuidado en el vestir, usando tonos sombríos para pasar desapercibido. En invierno era habitual verle llevando enrollada al cuello una bufanda de lana blanca, con un cabo colgando del pecho y otro a la espalda, un puro a medio fumar en la mano y, ya sentado, completaba la estampa tópica su perro alsaciano junto a él. Tenía por costumbre llevar el pelo cortado "al rape" y, al parecer, padecía fuertes migrañas.

Este hombretón alto y desgarbado era un solitario, tímido y mujeriego al cual se le describe como hombre bueno, sufrido, apasionado, y resignado. Nunca se llegó a casar y su vida sentimental la conservó celosamente en secreto.

Sin embargo, algunos amigos y contemporáneos dejaron noticia de su debilidad por las relaciones íntimas con profesionales, aunque no se ha podido demostrar cuánto haya de mito y exageración en ello, pero desde luego sí era un ligón.

Se le conoce una hija natural, María Galdós Cobián, nacida en 1891 de Lorenza Cobián (su amante de 1879 a 1891 y con la que tuvo otro hijo al poco de empezar su relación que falleció tempranamente), aunque tuvo otras relaciones estables con la novelista Emilia Pardo Bazán (se relación duró veinte años y la viuda Teodosia Gandarias Landete, su último amor que se sepa. Pero su lista de amorios es extensa y se cita en ella nombres como los de las actrices Concha (Ruth) Morell, Concha Catalá, Anna Judic y Carmen Corbeña (abuela del director Jaime de Armiñán), la poetisa y narradora Sofía Casanova, la cantante Marcella Sembrich, la artista Elisa Cobun. 

Galdos en 1890
Al parecer, a Galdós le gustaba rodearse de mujeres jóvenes que pusieran risas en su vida y se ponía achacoso para que le mimasen más.

Pardo Bazán: una condesa de armas tomar

Emilia Pardo Bazán (La Coruña 1851- Madrid 1921) era una mujer liberada, feminista y apasionada, pero también mujer decidida, enérgica, inteligente y trabajadora. Fue aristócrata, novelista, periodista, ensayista, crítica literaria, poeta, dramaturga, traductora, editora, catedrática y conferenciante.
Cuando en 1868  contraer matrimonio, a los 17 años,  con José Quiroga Pérez Deza, la pareja gallega se traslada a Madrid. Allí, la joven Emilia tomará contacto con el mundo literario y los autores más granados de la época.

Publica varias novelas en ese tiempo, pero serán sus artículos sobre Emile Zola y la defensa de su estilo vanguardista (el naturalismo) y su posterior recopilación en un libro, lo que la acreditará como uno de los principales impulsores del naturalismo en España, pero también la granjeará encendidas críticas y enconados rechazos.

Muchos escritores la vieron con poca simpatía. Según Pereda, «padece la comezón de meterse en todo, de entender de todo y de fallar de todo...». Cuando hizo su campaña para ingresar en la Academia, Juan Valera publicó un folleto, firmado por «Filogino [el amigo de las mujeres]», en el que presentaba como impedimentos, para entrar en ella el embarazo y la lactancia... Clarín la calificó con más dureza: «la inevitable». Y respondía a los ataques de ella: «Cuando se muera, habrá fiesta nacional». Baroja la vio con gran antipatía: «No me interesó nunca como mujer ni como escritora. Como mujer, es de una obesidad desagradable; en su conversación, es un poco ansiosa y trepadora». Y José Pla decía de ella que era: «Una señora de gran vitalidad, de espléndida verbosidad, amplia, monumental, ligeramente estrábica, masculina».

El revuelo de su defensa de Zola y su estilo literario fue tal, y más  teniendo en cuenta que era una mujer, esposa y madre, que su marido la recriminó su actitud, le exigió que dejara de escribir y que se retractase públicamente de sus escritos. No lo hizo, sino que decidió separarse de él un año más tarde, en 1884.

Pardo Bazán en 1896 por Joaquín Vaamonde
La separación amistosa de su marido le permite a Pardo Bazán seguir con libertad sus intereses literarios e intelectuales sin obstáculos. Se preocupa ya no sólo de polémicas literarias, sino de intervenir en el periodismo político y de luchar incansablemente por la emancipación social e intelectual de la mujer. Fue rechazada tres veces (en 1889, en 1892 y en 1912), para su ingreso en la Real Academia de la Lengua, por más que en 1906 llegó a ser la primera mujer en presidir la Sección de literatura del Ateneo de Madrid y la primera en ocupar una cátedra de literaturas neolatinas en la Universidad Central de Madrid (1916).

Amor, pasión e infidelidades

Y fue por aquel enconces, recien separada de su marido (aunque algunos autores creen que la correspondencia con Galdós podría datar del año 81), cuando conoce a Benito Pérez Galdós, por entonces cercano también al Naturalismo,e  inicia una relación primero de admiración por el escritor y después amorosa que durará más de veinte años, aunque con altibajos y mutuas infidelidades.
Cuando se conocieron (ella tenía 37 años y él ocho más) Galdós estaba en el apogeo del triunfo de La desheredada, iniciando su etapa naturalista, y Pardo Bazán acababa de publicar La cuestión palpitante, al tiempo que iniciaba una discreta separación conyugal.

Es posible que su relación fuese conocida en su tiempo, pero desde luego no más allá de este, por lo menos a nivel general. Sólo trascendió tras el hallazgo y la publicación en 1975 de algunas de ellas (recopiladas por Carmen Bravo villasante). Pero fue en 2013 (de la mano de los especialistas Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández en Miquiño mío. Cartas a Galdós.) que se rescatan las 93 existentes (sólo una de Galdos).

Emilia Pardo Bazán
Esta correspondencia cruzada, unas veces con fecha y otras sin ella, va de 1883 a 1915 (las cartas anteriores, que debieron existir, no se conocen). Se inicia desde París, le seguen cartas con dulces diminutivos y citas, así como sorprendentes revelaciones de sobresaltos sentimentales e infidelidades declaradas de Emilia a Galdós con Lázaro Galdiano (también tuvo otros “deslices” con Blanco Ibañez y Narcís Oller, entre otros), sinceridad que por otra parte lleva al novelista canario a perdonar a la veleidosa dama tras sus disculpas.

Las misivas van mostrando cómo fue cambiando la relación entre los dos escritores. Primero, pasaron por una admiración literaria mutua, que poco a poco se convertiría en amor, y aún en pasión, para acabar al final de las vidas de ambos (murieron con tan solo un año de diferencia) con una profundísima amistad. Las cartas describen una relación íntima, tanto intelectual como sentimental.

Chascarrillos y cariñitos

Ahí en estas páginas momentos para el humor, para el cotilleo, para la pasión, para la crítica y la alabanza a otros colegas.

Pasan del primer «Mi ilustre maestro y amigo» (1883) al «Miquiño mío del alma, haz por dormir y no fumes mucho» (1889) pasando por el «Pánfilo de mi corazón, rabio también por echarte encima la vista y los brazos y el cuerpote todo. Te aplastaré. Después hablaremos tan dulcemente de literatura y de Academia y de tonterías. ¡Pero antes te morderé un carrillito o tu hocico ilustre... Te como un pedazo de mejilla y una guía del bigote... Te daré a besar mi escultural geta gallega... !», "Sí, yo me acuesto contigo, y me acostaré siempre, y, si es para algo execrable, bien, muy bien, sabe a gloria, y si no, también muy bien" o “Te beso un millón de veces el pelo, los ojos, la boca y el pescuezo" de la ardorosa condesa.

En la correspondencia se puede apreciar claramente cómo describía esa pasión que sentía por el escritor.

Emilia Pardo Bazán
Se veían, a escondidas, en Madrid: en la calle de la Palma, junto a la iglesia de las Maravillas, pero también viajaron juntos al extranjero.

El episodio más pintoresco que relatan las carta es el de un paseo nocturno, en coche de caballos, que concluyó con un arrebato de pasión: «Me río con el episodio de aquella prenda íntima. ¿Qué habrá dicho el guarda de la Castellana al recogerla?».

Ella se declaraba más fuerte y apasionada que él y proclamaba con orgullo su libertad erótica: «Sí, yo me acuesto contigo, y me acostaré siempre, y, si es para algo execrable, bien, muy bien, sabe a gloria, y si no, también muy bien...... Ante la moral oficial, no tengo defensa, pero tú y yo se me figura que vamos un poco para nihilistas en eso. Le hemos hecho la mamola al mundo necio, que prohibe estas cosas».

Desgraciadamente, de las cartas remitidas por Galdós solo una no ha desaparecido. Muchas desaparecieron en el Pazo de Meirás, cuando sus propietarios eran los Franco.

Amistad eterna

La correspondencia de Emilia Pardo Bazán con Galdós abarca los mejores años creativos de la vida de ambos, entre 1883 y 1915, por lo que más allá del morbo que despiertan sus confidencias son de un gran valor como testimonio histórico, literario y social del momento.

Con el tiempo, la relación se enfría pero a pesar de todo mantendrán contra viento y marea una excelente amistad. Ella le rindió homenaje y acudió a su entierro.



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