¿QUIÉN FUE EN REALIDAD “LA MAJA DESNUDA” DE GOYA?

En la historia del arte pocas representaciones de un desnudo femenino han suscitado tantas interpretaciones, sobre la modelo y quién encargó el cuadro, como “la maja desnuda” de Goya.

Todo parece indicar que el todopoderoso Godoy fue quién mandó realizar el cuadro para su disfrute personal, y no precisamente de la duquesa de Alba, sino de su joven amante, Pepita Tudó.

La "maja desnuda" de Goya
Un cuadro bajo sospecha

Desde hacía siglos en la pintura se habían realizado desnudos femeninos, pero siempre con un trasfondo mítico o religioso. No fue sino hasta Goya que este representó a una mujer desnuda sin más, con una pose audaz, mirando directamente al espectador, y del natural.  Más aún, es la primera obra de arte, que se conozca, en la cual aparece pintado el vello púbico femenino, lo cual resalta el erotismo de la composición.
Se conoce con certeza quién pintó “la maja desnuda”, Francisco de Goya, pero no quién realizó el encargo al artista aragonés ni en qué año se llevó a cabo.

Sin embargo, si se sabe que la primera mención de esta obra data de noviembre de 1800, en la descripción que hizo el grabador Pedro González de Sepúlveda durante la visita que hizo al palacio de Godoy (“colgaba allí en un «gavinete interior» junto con otras Venus, "Una desnuda de Goya pero sin divujo ni gracia en el colorido").

La "maja vestida" de Goya
En 1807 el rey Fernando VII le confiscó la colección de arte a Godoy y en 1808, el francés Frédéric Quilliet, encargado de redactar el inventario de la colección de Godoy, describe los cuadros de las dos majas llamándolas "Gitanas".

En un artículo publicado por Gregorio González de Azaola, científico y erudito valenciano, en 1811 en el en el Semanario Patriótico de Cádiz se cita posiblemente también a las dos “majas” de Goya cuando dice: "Todos los amantes de las bellas artes tienen sin duda noticia de nuestro célebre pintor D. Francisco de Goya y Lucientes, y muchos habrán admirado sus bellos techos al fresco, sus Venus y sus retratos".

En 1813, el inventario que recoge los bienes incautados a Godoy (en el propio palacio) menciona los dos cuadros citándolos como "Venus".

En la descripción del inventario realizado a petición de la Inquisición en 1814, se cita: [la que] "representa una mujer desnuda sobre una cama [...] es su autor Don Francisco Goya; la mujer vestida de maja sobre una cama es también del citado Goya".


Goya por V. López Portaña
Cuando la colección está en poder de la Inquisición esta no duda en calificar ambos cuadros de “las majas” como "pinturas obscenas": Entonces, manda comparecer a Goya ante sus tribunales por haberse que era él quién había pintado” las majas” (y los Caprichos) y para saber quién era la dama y de quién provenía el encargo. No se sabe qué contestó Goya, pues curiosamente el asunto fue sobreseído gracias a la intervención de un personaje poderoso, quizá el Cardenal don Luis de Borbón o, en último término, el propio Fernando VII, con quien el pintor no mantenía muy buenas relaciones.

Más tarde, en el inventario efectuado en 1814, cuando esos bienes se encontraban ya en el Depósito de Secuestros de la calle Alcalá, el denominado "almacén de cristales", La maja vestida se cita como "una mujer vestida de maja", denominación que se generalizó a partir de entonces

Hacia 1830, Javier Goya, hijo del artista, aludía en un escrito biográfico sobre su padre a "las Venus que pintó para el Príncipe de la Paz".

El “secuestro” de “las majas”

Así pues, el inicio de la procedencia de los cuadros de “las majas de Goya” (la desnuda pintado antes de 1800 y la vestida entre 1800 y 1808) parece quedar claro para los investigadores que está en el palacio de Godoy, si bien es verdad que no hay pruebas concluyentes de que no hubiera podido llegar a Godoy a través de la duquesa de Alba que tras su muerte, en 1802, le legó muchos cuadros.



Godoy por Bayeu en 1790
Posteriormente, tras la incautación de los bienes del llamado “Príncipe de la Paz”, a causa de la invasión francesa y sus acontecimiento, estos se trasladaron en 1813, y por tanto “las majas”, al Depósito General de Secuestros, situado en el almacén que la Fábrica de Cristales de San Ildefonso tenía en la calle Alcalá de Madrid para ir más tarde a parar (noviembre de 1814) a las dependencias del Tribunal de la Inquisición.


Tras el juicio de la Inquisición, del que no se sacó al parecer nada en claro, “las majas” quedaron depositadas en  la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el 13 de abril de 1836, permaneciendo allí en dependencias privadas y fuera de la vista del público, prácticamente hasta inicios del siglo XX.

Después los dos cuadros de “las majas” fueron trasladados al Museo del Prado en 1901.

Sólo para sus ojos

A juicio de los especialistas, pues, este cuadro es una obra de encargo pintada antes de 1800, en un periodo que estaría entre 1790 y 1800, fecha de la primera referencia documentada de esta obra (luego formaría pareja con “La maja vestida”, datada entre 1802 y 1805). probablemente a requerimiento de Manuel Godoy, pues consta que formaba parte de la colección privada de arte que poseía en su palacio.
Parece ser que Godoy, además, mostraba un particular gusto por las pinturas de desnudos femeninos, como se pudo apreciar en el “gabinete privado” de su casa donde además de las dos “majas” también tenía a la venus de Velázquez y otras dos venus atribuidas a Tiziano, entre otras, y que a pesar de lo comprometido de estas posesiones al todopoderoso ministro no le impedía mostrarlas  a quien él consideraba oportuno, por lo que, posiblemente, en la época se conocía la identidad de la dama.

En este gabinete privado parece que “la maja desnuda” aparecía como decoración de sobrepuerta y donde “La maja vestida” se hallaba colocada sobre la desnuda de tal modo que, mediante un ingenioso mecanismo, se descubría este último cuadro para ser contemplado sólo si Godoy lo decidía.

¿Quién fue la modelo?

Lo que sí estaba claro es que había sido un encargo, pero ¿de quién?.


Duquesa de Alba por Goya
Fue en el siglo XIX cuando se empezó a especular, y por tanto dando paso a la leyenda, sobre quién fue la modelo que utilizó Goya para el desnudo del cuadro. En 1845 Louis Viardot publica en su obra Les musées de Espagne que la representada era la duquesa y, a partir de esta afirmación, no se ha dejado de plantear esta posibilidad. 

Los tan traídos y llevados amores de Goya con la duquesa de Alba (a quien Goya estaba estrechamente unido desde que enviudó ésta y se trasladaron juntos a Sanlúcar de Barrameda), dieron pie a pensar que la modelo era el retrato de esta última. Los detractores de esta hipótesis estiman que el rostro de la duquesa (de otras obras de Goya) no corresponde con el de” las majas”, aunque si bien es verdad que el artista pudo haberlos estereotipado para que no fuera reconocida. Además, en 1800 la duquesa tenía ya 40 años y estaba ya muy enferma.

La polémica llegó a tal extremo que en 1945 el duque de Alba mandó exhumar los restos de su antepasada con el fin de demostrar que sus huesos no correspondían a la anatomía de la maja desnuda.

Sin embargo, Pedro de Madrazo, hermano de Federico, sería el primero, por lo menos de forma escrita, en disentir de esta opinión. Aunque no se sabe con qué criterio, identificó a “la maja desnuda” con Pepita Tudó, amante de Godoy en los años en que el cuadro fue pintado.

Los críticos hoy sugieren que “las majas” tienen un gran parecido con un cuadro que pintó Vicente López (colección privada) de la condesa de Castillofiel, Pepita Tudó, y en la miniatura sobre ella (anónima) que posee actualmente el Museo Lázaro Galdiano.



Condesa de Chinchón por Goya
Es también cierto que los especialistas aseguran que lLa maja desnuda” es todavía un ejemplo del estilo más dieciochesco de Goya, anterior al cambio profundo que se produce en sus obras hacia 1797-98, por lo que cabría pensar en una datación relativamente temprana, en torno a 1795-96, en el momento de sus primeros contactos artísticos con Godoy. Se alude también a que varios de los dibujos del Álbum A, que se fechan en esos años, con jóvenes tendidas en el lecho, podrían haber sido hechos como preparación para este importante encargo de Godoy.

¿Y quién fue Pepita Tudó?

En 1797 ya se señala la presencia de Pepita Tudó con dieciocho años (Josefa Petra Francisca de Paula de Tudó y Catalán, Alemany y Luesia, Cádiz 1779-Madrid 1869) en la Corte junto a Godoy, quien al parecer pidió a Meléndez Valdés que compusiera unos versos en su honor, pero quién ya desde hacía dos años residía junto a su madre (Catalina) y dos hermanas en casa de Godoy tras la muerte de su padre (un oficial superior ennoblecido), a la que había acudido su madre reclamando los pagos atrasados de viudedad.



Pepita Tudó por López Portaña
Pepita era amante de Manuel Godoy ya en 1800, pero la reina obligó a éste a que contrajera matrimonio con la princesa María Teresa de Borbón, condesa de Chinchón, en 1797 (matrimonio por otra parte muy favorable a Godoy en lo socioeconómico, pero también para la joven esposa que  con este matrimonio pactado restituía el apellido Borbón para ella y sus hermanos y los privilegios que les correspondían por nacimiento).


Sin embargo, el desencanto para María Teresa vendría pronto. Apenas recién casados, pudo comprobar que su esposo estaba enamorado desde hacía tiempo de Pepita Tudó, que convivía con ellos en la misma casa, y que descaradamente acudía a los actos públicos y privados con Godoy. Esta tensa situación hizo que la joven fuera acumulando un odio hacia su marido cada vez más intenso.
Godoy tuvo una hija (Carlota) con María Teresa en 1801, pero Pepita Tudó dio al  “Príncipe de la Paz” otros dos: Manuel (1805) y Luis (1807).

Pepita Tudó acompaño a Godoy y a los reyes al exilio en Francia y luego en Italia, y al morir la condesa de chinchón (1828) se casó con Godoy en Roma, aunque no pudo volver a España hasta que se murió Fernando VII quien sentía por ella un gran desprecio, aunque no así la reina que la otorgó el título de condesa de Castillofiel.

Pepita Tudó falleció en su piso de la calle Fuencarral de Madrid a los 90 años (1869), víctima de las quemaduras producidas por un brasero que prendió en sus ropas, ya convertida en una gran dama muy respetada.






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