EL ABANICO COMO SIGNO DE DISTINCIÓN Y ARMA DE SEDUCCIÓN EN LA PINTURA

En muchos cuadros de la historia de la pintura universal existen ejemplos que recogen la estética del abanico como símbolo de distinción, lujo y arma de seducción femenina.

En el siglo XVIII se popularizó el abanico dejando de ser un complemento exclusivo de las clases altas.

La dama del abanico. Velázquez.
El abanico, un artículo de lujo

El abanico han utilizado mujeres y hombres desde tiempos remotos. Es muy posible que como instrumento fabricado para que de forma manual pudiese mover el aire ya fuera utilizado en la prehistoria (donde se utilizaría un trozo de cartón o cualquier otro material para abanicar el fuego). Después, ya aparecerá de forma sofisticada en el Antiguo Egipto, donde los esclavos movían grandes abanicos de plumas (flabelos) para proporcionar aire a su faraón.

Más tarde, en China se va a usar como elemento personal y decorativo que además de refrescar servía de complicidad amorosa. En el siglo VII d. C. se inventa en Japón el abanico plegable, al que se considerará un elemento ritual.

Años después pasó a Europa, proveniente de Portugal adonde llegaron los primeros abanicos orientales a finales del siglo XV, arraigando su uso al igual que en España, donde pasó a formar parte de su cultura e indumentaria.

La dama del abanico. Sánchez Coello.
 Las más antiguas referencias documentales sobre el abanico en España son del siglo XV: aparece en la Crónica de pedro IV de Aragón, donde entre los varios servidores del rey se cita "el que llevaba el abanico". También se mencionan "dos «ventall» de raso" en el inventario de bienes del príncipe de Viana. En contextos relacionados con la liturgia eclesiástica se menciona con frecuencia los «flabellum».

Casi a punto de concluir el siglo XVIII, en España se oficializó el gremio de abaniqueros y se fundó en Valencia la Real Fábrica de Abanicos.

Hasta bien entrado el siglo XVIII el abanico fue un símbolo de lujo y de distinción social. 

El siglo de oro del abanico

En un principio su uso era común para ambos sexos, llevando los hombres pequeños ejemplares en el bolsillo,6 y las mujeres unos de mayor tamaño.  Su utilización se hizo progresivamente exclusiva de las damas, llegando a desarrollar un complicado código o "lenguaje del abanico" (según la posición en la que se situaba o el modo en como se le agarraba se estaba transmitiendo un tipo de mensaje u otro).

La mujer del abanico. Goya.
 El siglo XVIII es considerado la Edad de Oro del abanico, era como el arma femenina y que una mujer sin abanico se encontraba tan incómoda como un caballero sin espada. Y es cierto que las damas lo convirtieron en su complemento ideal; era además considerado un signo de distinción.

Los abanicos de antaño eran realizados con sumo cuidado y respeto a la materia. Sus creadores se centraban en la figura femenina para sus creaciones caracterizada en diferentes personalidades mitológicas y de la Grecia clásica.

A diferencia del abanico del XIX, que es ya más industrial y se fabrica en España, sobre todo en Valencia, el del XVIII es un abanico que viene de fuera, especialmente de Francia, Italia o Inglaterra, rico, lujoso y con unas pinturas cuidadísimas.

Isabel II. Xavier Winterhalter.
 Se elaboraba con vitela (piel de un animal no nacido), tela (sobre todo seda, tul o encaje) o papel, aunque a finales del XVIII o principios del XIX se empezó a considerar que la vitela no era lo suficientemente elegante porque tiene una especie de pelillo, así que se pasó a utilizar piel de cisne, que es mucho más suave.

A diferencia del XIX, en que el tema pictórico de los abanicos es monotemático (la pareja galante), el del XVIII es un abanico que representa temas relacionados con la religión, la mitología o la historia. 

A lo largo del siglo XVIII el abanico se popularizó y comenzaron las decoraciones más cercanas en el tiempo como las escenas galantes, más adecuadas al gusto y la moda rococó, las fiestas campestres o escenas galantes que tenían lugar en los jardines de los  palacios y parques de la época, los idilios pastoriles, el juego, la música, etc.

Isabel de Farnesio, segunda mujer de Felipe V, fue una gran aficionada a los abanicos reuniendo una gran colección en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, decorando sus aposentos con algunos de estos.

Condesa de Vilches. F. Madrazo.

En el siglo XVIII, dejando de ser un complemento exclusivo de las clases altas, se popularizó el abanico de madera de vuelo corto y país reducido, En la primer mitad del siglo XIX, se ponen de moda los pequeños ejemplares de la época Imperio, que con el Romanticismo se llevarían de mayores dimensiones y con filigrana de calado, dorado y decoración.

El abanico en la pintura 

El abanico, cuando llegó a Europa, pasó pronto a convertirse en un atributo femenino y un instrumento galante propio de un elevado rango social. Así, se empezó a añadir en los retratos pictóricos a los tradicionales pañuelos o misales con que se ocuparon las manos de las retratadas. Hay múltiples muestra de estas representaciones de damas con abanico en la pintura universal de todas las épocas.

Zuloaga.
En España los primeros abanicos ya aparecen en las manos de la reina Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV, o en La dama del abanico,pintada también por Velásquez, en el siglo XVII. Posteriormente Goya también lo inmortalizaría en obras como El quitasol, realizada en 1777, en el que la joven representada porta en su mano derecha un abanico, mientras un galante majo le sostiene la sombrilla protegiéndola del sol. Los retratos de las damas del romanticismo se representan muy a menudo con abanico entre sus manos. En la pintura posterior el abanico se seguirá incluyendo en muchos cuadros con tema femenino. Pero también aparece en cuadros de Zuloaga, Sorolla, Sánchez Coello o Federico de Madrazo, entre otros.

Antes del siglo XX, pintores famosos que habitualmente participaron en la decoración de los abanicos se resistían a firmar sus obras y sólo lo hacían cuando eran regalos para damas de alcurnia, ofrecidos por el propio pintor. A partir del siglo XX, es normal que se firme cuando se ha pintado a mano.





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