¿GOYA TUVO UNA HIJA SECRETA?

Ya en los últimos años de su vida, Goya conoce a Leocadia Zorrilla, cuarenta y dos años menor que el artista aragonés, con quien convive tanto en Madrid como en su exilio de Burdeos.

Con esta joven se cree que, posiblemente, tuviera una hija: la dibujante, copista y litógrafa Rosario Weiss.

Rosario Weiss autorretrato. Museo de Burdeos
Una esposa discreta y una posible aventura amorosa

De la esposa de Goya, Josefa Bayeu, se sabe muy poco, sólo que debió ser mujer hogareña, siempre a la sombra del pintor, y que tuvo con él siete hijos.

Francisco de Goya (Fuendetodos, Zaragoza 1746-Burdeos 1828) se casó a los veintisiete años (1773) con la hermana de su paisano, protector y también pintor Francisco Bayeu, en la iglesia parroquial de San Martín de Madrid, aunque vivirán por algún tiempo en Zaragoza, donde nacerá su primer hijo, Antonio (1774).

Con Josefa Bayeu (Zaragoza 1747-Madrid 1812), “la Pepa” como él la llamaba familiarmente, tuvo siete hijos, seis de los cuales no llegaron a la edad adulta, excepto Javier, el pequeño, que sería su heredero.

A finales de 1774, posiblemente gracias a la influencia de su cuñado Francisco, Goya es llamado por Mengs a la corte para trabajar como pintor de cartones para tapices y donde comenzó una etapa que le llevaría a un trabajado ascenso social como pintor real.

Goya por Rosario Weiss. Museo de Burdesos
Ya en Madrid nacerán el resto de sus hijos: Eusebio (1775), Vicente, María del Pilar, Francisco de Paula (1780), Hermenegilda (1882) y Francisco Javier (1884). 

Josefa Bayeu debió ser una mujer muy discreta, tanto que no se prodigaba en absoluto y que no influyó casi en la vida de su marido. No se conocen detalles de su existencia y su imagen sólo nos ha llegado por un dibujo a lápiz del propio Goya cuando ella contaba con más de 50 años (data 1805) y donde se la ve ya avejentada y encorbada, pero no es, como se ha creído erróneamente, aseguran los expertos hoy día, el retrato femenino de una mujer joven sentada en un sillón con una pañoleta blanca transparente y las manos enguantadas sobre el regazo, que por la fecha de la realización debía contar entre veinte y treinta años (1814-16). 

En 1994 Goya conoce y realiza una serie de retratos de los duques de Alba. Tras la muerte del duque al año siguiente, el pintor pasará, incluso, largas temporadas con la reciente viuda en su finca de Sanlúcar de Barrameda, en los años 1796 y 1797, dando lugar a la leyenda sobre una posible relación amorosa entre ambos, aunque no hay indicios concluyentes sobre ello, así como tampoco que fuera su modelo para “la maja desnuda”. Pero lo cierto es que el pintor debió de sentir atracción hacia la duquesa, conocida por su independiente y caprichoso comportamiento.

El 8 de julio de 1805 se casa el ya único hijo vivo de Goya, Javier, con Gumersinda Goicoechea, hija de un rico comerciante de Madrid. Con ocasión de la boda, el artista hace pequeños retratos de su familia política. Pero allí también sucederá algo más: el pintor aragonés conocerá a la mujer con la que compartirá los últimos años de su vida, Leocadia Zorrilla, prima de su nuera.

¿Leocadia Zorrilla? por Goya. Museo del Prado
¿Quién era Leocadia Zorrilla?

Leocadia Zorrilla (Madrid 1788-Madrid 1856) era huérfana y al parecer gozaba de una excelente posición económica. Se dice que era una mujer atractiva, cultivada, amante de la música y experta amazona, que casó con Isidoro Weiss en 1807, un hombre muy rico por su negocio de joyería y de gran peso social. Pero en 1811 el matrimonio sufrió una crisis, a la que quizá contribuyó su precaria situación económica, consecuencia de la ruina del negocio de joyería del marido; éste acusó a Leocadia de adulterio, y volvió a hacerlo un año después, aunque, cuando en 1814 nació Rosario, la última hija de Leocadia, Isidoro Weiss reconoció su paternidad.

El matrimonio se acabó separando en 1814. Weiss se quedó con el hijo mayor de ambos (Joaquín) y ella con dos (Guillermo y Rosario).

La joven Leocadia pasó apuros económicos tras sufrir sus problemas conyugales (era habitual en esa época que al ser acusada de adulterio no se pudiera recuperar los bienes y el dinero que había aportado al matrimonio) lo que la llevó, al parecer, a ser acogida por el artista, viudo desde 1812, como ama de llaves dada su relación de parentesco solo un año después de los hechos, algo que parece ser esta documentado.

Pero de ama de llaves, según parece deducirse de ciertas cartas de Moratín, amigo del pintor, y de la propia Leocadia, pasó a ser la compañera sentimental de los últimos años de Goya, con quien vivió en Madrid y en su exilio en Burdeos, acompañada de sus hijos dos hijos, Guillermo y Rosario.
Algo que parece unánime ente los expertos es que de Leocadia Goya hizo dos retratos: el de “Una manola, doña Leocadia Zorrilla” (1819-1823) realizado como decoración de los muros de la Quinta del Sordo (adquirida por Goya en 1819 y donde se llevó también a Leocadia y a sus hijos), y el atribuido con anterioridad a su esposa, pero que dada la fecha y los años que representa la modelo parece estar más acorde con Leocadia que con ella (1814-16, expuesto en el Prado), además de que sus rasgos se asemejan más a la mujer que aparece en varios dibujos realizados por Rosario Weiss, hija de Leocadia Zorrilla, años después.

Josefa Bayeu por Goya
A su muerte en 1856 Leocadia fue enterrada en fosa común de la parroquia de San Martín y con sepelio "de pobre", y no figura, como consta en otras publicaciones, como enterrada en el panteón de la familia Goya en la Sacramental de San Isidro.

Independientemente de la relación que mantuvieran, parece claro que la convivencia con una mujer cuarenta y dos años más joven que él influyó en el ánimo de Goya, ya septuagenario,  y por ello aparece como una de las principales protagonistas en las pinturas del piso bajo de la Quinta donde reflexiona sobre la vida y la muerte.

¿Y quién fue Rosario Weiss en realidad?

El 2 de octubre de 1814 nace María del Rosari Wiss, hija de Leocadia Zorrila, y, a pesar de las demandas de infidelidad, reconocida por Isidoro Weiss, esposo de su madre, aunque cuando ella nace sus padres ya están separados.

Lo que si es seguro es que cuando Leocadia y sus hijos van a vivir con el pintor comienza una relación amorosa entre ambos. Pero hay autores que especulan, con o sin fundamento, que esa relación ya había comenzado antes por lo que Rosario pudiera ser hija de Goya.

Goya trata a la niña con mucho afecto, como se aprecia en algunas cartas. Se refiere a ella como «mi Rosario», «la Mariquita» (apelativo familiar) y, en una misiva dirigida a Joaquín María Ferrer, le insta a que la trate «como si fuera hija mía». Algunos lo vieron como una confesión de paternidad. Pero no hay pruebas que lo corroboren.

Cuando Goya se exilia en Burdeos (1824) tras la caída de Riego y por su pública condición de liberal, Leocadia Weiss y sus hijos, Guillermo y Rosario, se reunirán allí con él.

Cuando Rosario apenas contaba con 7 años, el pintor enseñó la enseño a dibujar. Parece que fue una alumna aventajada (a los 10 años fue capaz de reproducir la serie completa de Los Caprichos de Goya mostrando una facilidad como copista que luego le serviría para ganarse la vida), tanto que con el tiempo incluso ha habido que ir clarificando autorías confusas entre maestro y discípula. Sus formación con Goya data de 1821 a 1828, año de la muerte del pintor aragonés. Pero también consta que dos años antes de morir, Goya consigue que Rosario entre en la escuela de dibujo y de litografía de Pierre Lacour (1778-1859) en Burdeos. Con él adquirirá una formación más académica.

Guillermo Weiss por Rosario Weiss
Muerte de Goya y desamparo de Rosario

Cuando Goya muere Rosario tiene 14 años. Cuando Javier Goya llega a Burdeos para enterrar a su padre a su vuelta a España se lleva consigo todas las obras de arte de Goya que estaban en la casa de Burdeos. Al parecer sólo deja Leocadia Weiss los muebles, las ropas y 1000 francos.

Leocadia y sus hijos se quedan en la indigencia, porque el pintor no deja nada en su testamento para ellos. Tampoco pueden regresar a España porque Fernando VII está llevando a cabo una criba de los liberales y Leocadia y su familia lo son.

Tuvieron que pedir ayuda para subsistir a amigos de Goya e incluso al Gobierno francés (su hijo Guillermo se había alistado en una sección infantil de las Milicinas Nacionales y en 1830 participa junto a Espoz y Mina en la incursión en Vera del Bidasoa. Así que Leocadia consigue una ayuda como exiliada política).

En 1833, a punto de morir Fernando VII, se declara una amnistía y regresan a España. Se instalan en Madrid.

De alumna de Goya a maestra de dibujo de Isabel II

Es a su regreso a España cuando comienza la carrera profesional de Rosario Weiss como dibujante, litógrafa y copista. Para poder subsistirse dedica a copiar obras de los grandes maestros del Prado y de la Real Academia de San Fernando.

Se sabe que le encargan copiar muchos cuadros de Goya, Van Dick, Velásquez, Tiziano, Rubens o Murillo, que era una actividad que estaba bien pagada y que estaba muy de moda en la época.

En esta labor como copista hay un punto oscuro, parece ser que trabajó también durante tres años para el anticuario Serafín García de la Huerta, que le proporcionaba lienzos antiguos para vender esos cuadros en el extranjero como originales.

Figura femenina por Rosario Weiss
En 1837 se funda el Ateneo Artístico y Literario de Madrid, del que se hizo socia enseguida y participa en las exposiciones y en las sesiones de competencia, donde los jueves o los domingos, los socios trabajan en directo (hacían retratos, apuntes al natural). Hizo muchísimos retratos a lápiz que luego litografiaba de literatos, como Larra, Zorrilla o Espronceda, Mesoneros Romanos, el Duque de Rivas.... También contó con poderosos protectores: Agustín Argüelles, Manuel José Quintana y la condesa de Espoz y Mina.

En 1840 fue nombrada miembro de la Real Academia de San Fernando, y precisamente gracias a Argüelles, que era el tutor de las hijas de Fernando VII, la futura Isabel II y Luisa Fernanda, que la recomendó como profesora de dibujo de las infantas a Manuel José Quintana, ayo-instructor también de las infantas, en febrero de1842 consigue esta plaza como profesora con una muy buena remuneración, 8.000 reales anuales.

Pero esta artista (morena, menuda y atractiva como la madre, Weiss, según numerosos testimonios escritos de la época), independiente, de ideas liberales, que nunca se casó y que vivió de su trabajo, murió con tan solo vivió 29 años (1843) víctima de una infección intestinal en la cumbre de su carrera.

Su obra, poco conocida por el gran público, ha sido muchas veces confundida con la de su maestro, Goya. Sin embargo, a pesar de su corta vida, dejó una gran cantidad de obras que poseen instituciones como la Biblioteca Nacional (dibujos y litografias), la RAE, la Academia de Bellas Artes (atesora dos de sus lienzos más conocidos), el Prado (anteriormente atribuidos a Goya), la Hispanic Society de Nueva York, el Museo de Burdeos y el Museo Lázaro Galdiano (hasta 58, en su mayor parte estudios y bocetos, adquiridos directamente a las sobrinas y herederas de Rosario Weiss).

Actualmente su obra se ha empezado a reivindicar y a cotizar.

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