PALACIO XIFRÉ: UN TROCITO DE LA ALHAMBRA EN MADRID

A lo largo de paseo de la Castellana, Recoletos y el Prado, donde se alzan rascacielos , hoteles y edificios de oficinas, hasta los años cincuenta del siglo XX medio centenar de palacetes rivalizaban en belleza. 

Los había de todos los estilos y para todos los gustos de sus propietarios, pero el palacio de Xifré, hoy desaparecido, fue quizás uno de los edificios privados más bonitos que ha tenido Madrid.

Palacio Xifré
Una “milla de oro” sólo para los más pudientes

Eran las residencias de la nobleza y la alta burguesía adinerada, y tras sus muros, se alojaron los protagonistas de siglos pasados como Canovas del Castillo, el conde de Romanones, los duques de Medinaceli..., y se celebraron las mejores fiestas de la época.

La mayoría se concentraban entre la Cibeles y el Hipódromo de la Castellana, que dejó en 1933 su solar a los Nuevos Ministerios y que era el eje del ensanche de la capital hacia el norte, 

La Guerra Civil se cobró alguno de estos edificios palaciegos, pero a mediados del siglo XX irían desapareciendo aún más. En la actualidad, sólo subsisten poco más de diez de estas mansiones.

 La “pequeña Alhambra” de Madrid



Palacio Xifré
Palacio Xifré
Donde hoy está situado el Ministerio de Sanidad en el paseo del Prado, frente a la pinacoteca y haciendo esquina a la calle Lope de Vega, se erigía uno de estas ampulosas residencias: el palacio de Xifré.

Se trataba de uno de los ejemplos más representativos de los magníficos palacios construidos por la nueva nobleza financiera de la segunda mitad del siglo XIX, mandado hacer en estilo neomudejar por el financiero José Xifré Downing (ennoblecido al casarse con María Chacón y Silva, hija del marqués de Isasi), hijo de José Xifré Casas, un industrial catalán que había hecho su fortuna en Cuba. 

En 1857, el financiero compró nueve solares situados entre la calle de Lope de Vega y Trajineros (actual Paseo del Prado) al duque de Medinaceli, ya que en la zona se habían comenzado a instalar miembros de las élites madrileñas. Las obras constructivas discurrieron entre 1858 y 1862.



Palacio Xifré


Palacio Xifré
Xifré encargó el proyecto de su palacio “árabe”, muy de moda en el periodo del romanticismo, a Ëmile Boeswillwald, un arquitecto francés muy conocido como restaurador de monumentos medievales franceses, que poco después sería nombrado Inspector General de Monumentos Históricos. Finalmente concluido en 1865 por el arquitecto José Contreras, restaurador de la Alhambra de Granada.

El palacio Xifré fue el resultado de largos, profundos y minuciosos estudios del arte musulmán. Todos los detalles -desde la verja de cerramiento, la fachada, y hasta las habitaciones interiores- imitaban de una manera perfecta, y muy costosa, la época dorada de la arquitectura árabe. Según comentarios contrmporáneos, sus mamposterías árabes no tenían parangón, pero era una «joya más linda que cómoda».

Patio del Palacio Anglada
A lo largo de su historia, una vez que dejó de ser residencia de José Xifré, el palacete tuvo otros usos y huéspedes: a principios del siglo XX fue sede de la Embajada de México, siendo su propietario el mexicano y embajador Manuel Iturbe y del Villar. Posteriormente, estuvo deshabitado unos años, siendo utilizado para almacén y venta de muebles, hasta que la adquirió el duque del Infantado como residencia propia.

Inexplicablemente, el palacete fue derribado a principios de 1950 para construir sobre su solar, un año después, el edificio de la Delegación Nacional de Sindicatos (la Casa Sindical), hoy Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales.

Como curiosidad cabe mencionar que en la otra punta de la Castellana, donde hoy se levanta el hotel Villamagna, se alzaba la otra pequeña «Alhambra» de Madrid: el palacio de Anglada o de Larios, construido por Emilio Rodríguez Ayuso en 1870 para Juan Aguado, un banquero que, al parecer, se arruinó con esta obra. Tras su fachada neoclásica se escondía, según cuentan las crónicas, un patio árabe digno de un palacio califal. Hoy también está desaparecido (derribado en 1962).

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