AUTORRETRATO: LA AUTOAFIRMACIÓN DEL ARTISTA

Una de las costumbres que se impuso en el Renacimiento y el Barroco fue que el artista se autorretratara dentro de un gran cuadro para reafirmar su autoría, pero también como forma de ser conocido.

Sofonisba Anguissola es la artista que más autorretratos ha realizado a lo largo de la historia de la pintura, seguida de cerca por Alberto Durero y Rembrandt.

Jan Van Eyck
Primeros autoretratos

Según los expertos, los primeros autorretratos de los que se tiene conocimiento datan del Antiguo Egipto (alrededor del año 1300 a.C. ya hubo un escultor de nombre Bak que esculpió su retrato sobre piedra).

Van der Weyden
Durante la Edad Media hubo arquitectos de catedrales góticas que “firmaron” sus obras con pequeños autorretratos esculpidos en sitios semi-escondidos de la arquitectura. En pintura, el autorretrato en el románico, cuando se daba, tendía hacia la estilización y el simbolismo, aunque ya en el gótico se fueron convirtiendo en representaciones más fieles al oriinal.

Pero será en el Renacimiento cuando el autorretrato va a irrumpir con fuerza. En este periodo el arte se elevó a alturas desconocidas hasta entonces, va a significar un nuevo estado en la consideración de la profesión de pintor, de su nivel intelectual y de su lugar en la escala social. Esto  hizo común la práctica de autorretrato, ya que va a representar (en el Renacimiento y el Barroco) la autoafirmación del artista y de su arte.

Jean Fourquet
Hasta ese momento solo Dios, y más tarde la monarquía, alto clero y aristocracia, podían ser protagonistas de las obras de arte. Al autorretratarse, los artistas se van a elevar a las más altas esferas, pero también elevan su profesión de “oficio” artesano a la categoría de arte. Igualmente, era una forma de que se le conociera, con el deseo, seguramente, de posteridad.

Leonardo Da Vinci
En este momento el autorretrato del artista podía aparecer de tres formas diferentes: podía estar este incluido en una obra más grande (en pinturas de tipo religioso, histórico o mitológico); retratarse, solo o acompañado, con los utensilios o símbolos de su oficio (en relación con el prestigio social derivado de su actividad); o en los que, simplemente, se retrata.

Con el autorretrato se transmitía una gran variedad de intenciones y mensajes (una imagen podía representar la devoción, el reconocimiento de un Pontífice, de un benefactor, de unos esposos, etc, es decir, para dejar constancia visual de la apariencia y carácter de las personas), por lo que los autorretratos en uno de los géneros más ricos y fascinantes de la historia de la pintura.

Berruguete
El autorretrato evolucionó de forma significativa en el norte de Italia a finales del Renacimiento (según la tradición grecorromana, de la que se hicieron eco los artistas de la época, el hombre era la obra más perfecta de Dios), pero se extendió rápidamente por toda Europa gracias al desarrollo del concepto humanista del individuo y la aparición de nuevas técnicas pictóricas (pintura al óleo de secado más lento que al fresco, lo que permite la realización con más detalle consiguiendo más realismo) y la perspectiva.

Para muchos expertos, los flamencos Van Eyck y Van Der Weyden, son los pioneros el realizar los retratos y autorretratos ya no con una imagen idealizada, sino lo más fiel posible del personaje.


Boticelli
El retrato pictórico del Renacimiento se basaba en un sutilísimo equilibrio entre búsqueda del realismo y la capacidad de “idealizar” a los personajes mediante leves correcciones de los rasgos, la expresión, el porte y las ropas.
  
Pero hasta al menos hasta el siglo XVII, son rarísimos los retratos realizados del “natural”. Para la elaboración el artista se valía de realizar un dibujo del natural, lo más exacto y realista posible, que después era reinterpretado en la transposición en pintura.

Filippino Lippi
La práctica del autorretrato ha subsistido a lo largo de la historia de la pintura hasta la actualidad tanto desde la perspectiva fisionómica, psicológica como artística, bien observándose frente a un espejo como prescindiendo de la realidad. Estos pueden mostrar al artista realizando su oficio, mostrando una circunstancia de su vida, parte de su historia o sus visiones y preocupaciones más íntimas.

Antonello Messina
Autorretratos que dejaron huella

Se considera que el primer autorretrato elaborado con la conciencia renacentista del individuo y del pintor como artista lo realiza Jean Fouquet en 1470.

Pero ya antes, Jan van Eyck va a realizar en 1434 su famoso Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa, donde en un rasgo de modernidad sorprendente su figura aparecerá reflejada en el espejo pintado en el lienzo (algo que imitará Velázquez en Las Meninas en 1656).

Tintoretto
Otro autorretrato que ha dejado huella en la historia del arte es el dibujó que Leonardo Da Vinci realizó hacía 1512, con sesenta años, y que es interpretado como la apariencia real del pintor, a pesar de no ser totalmente confiable. No obstante, la imagen típica de Leonardo que ha trascendido hasta nuestros ideas fue diseñada en 1516, a partir de este autorretrato, voluntariamente adornado con ciertas características que el artista deseaba que trascendieran. El dibujo está hecho con tiza roja sobre un papel coloreado. En él Da Vinci se adorna a sí mismo con las galas de los antiguos filósofos: frente cargada y surcada de profundas arrugas en alusión a su intensa actividad intelectual; largos cabellos ondulados, de la misma longitud que la barba, típico de pensadores;  y una boca firmemente apretada, como indicando la dedicación de Leonardo a un problema que considera irresoluble. Los rasgos de Da Vinci es muy probable que estén ahí, pero también una serie de códigos que él quiso transmitir de sí mismo: el artista, el sabio y el hombre del Renacimiento.

Durero
Durero va a realizar la representación que se considera más antigua de la niñez en un autorretrato que aún realizó a la edad de trece años (1484). Años después se autorretrataría de diversas maneras. Pero si el autorretrato de 1471 resulta impactante por su elegancia y minuciosidad, el de 1500 como Ecce Homo, resultará inquietante. Este impactante retrato frontal es la imagen más audaz que jamás un artista había pintado de sí mismo. Pero es que además Durero, según interpretan los expertos, no se limita a representarse como un elemento más de una composición más amplia, sino que se refleja a sí mismo aisladamente y con una postura de frente absoluto. Esta posición estaba reservada en exclusiva a Cristo. El resto de retratos suelen ser de perfil o de tres cuartos. Sin embargo el artista no admite ningún matiz y se presenta a sí mismo con el aura de una figura sagrada. Como en otros de sus autorretratos, los ojos y la mano adquieren un singular protagonismo como símbolos de su profesión. Al representarse él mismo como figura sagrada se equipara a Dios en dos sentidos: ambos son creadores de una naturaleza propia, la real y la pictórica. El nuevo pintor es un intelectual, pleno de sabiduría, digno para conversar con reyes y príncipes de cualquier tema que se le proponga.

Catherina von Hemessen
Otros primeros autorretratistas serían: Berruguete (1470), Boticelli (1475, Adoración de los Magos), Antonello Messina (1475), Filipino Lippi (1480), Tintoretto (1588), Parmigianino . 

Sofonisba Anguissola
Autorretratos femeninos

Este privilegio del autorretrato quedó, sin embargo, casi exclusivamente reducido a los hombres, apareciendo los primeros autorretratos femeninos en el Renacimiento.

Al igual que ocurre con los autorretratos masculinos, este género artístico servía de carta de presentación de los artistas para sus clientes, que podrían juzgar así la destreza, estilo y parecido. Les permitía además elegir con qué imagen querrían pasar a la posteridad, aunque estas artistas rara vez utilizaban la técnica del espejo para autorretratarse por considerarla un símbolo negativo de la vanidad femenina.
Artemisia Gentilesci



Lavinia Fontana
Está comúnmente aceptado que una de las primeras autorepresentaciones de una artista femenina fue el autorretrato de Catharina Van Hemessen en 1548. Pero muchas han sido las mujeres artistas que han trabajado este género, entre ellas, las primeras: Lavinia Fontana, Sofonisba Anguissola, Artemisia Gentileschi, Elizabeth Vigée-Lebrun o Adèlaide Labille-Guiard.  




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