¿FUE LOPE DE VEGA UN “MONSTRUO DE LA NATURALEZA”?

Más de mil obras están firmadas con su nombre (comedias, novelas, versos, epístolas, villancicos...) y tan precoz y prolífico fue también con sus amantes y con sus estudios.

Su existencia está cargada de aventuras, multitud de amantes, hijos (diecisiete), hazañas de guerra, cárcel... y constantes peleas con otros hombres de letras.

Lope de Vega
¿Escribió más de mil obras?

Todos los expertos coinciden en que Lope de Vega debe ser un caso único. No se conoce ningún caso de ningún autor en la literatura universal con una obra tan extensa como la de Lope de Vega.

Se sabe que empezó a escribir en la infancia, cuando solo tenía diez o doce años y siguió, sin tregua, hasta su muerte.

Lope de Vega no solo fue un buen estudiante, sino que, además siempre estuvo abierto al saber. No sólo leyó sino que también investigó en campos de muy diferentes materias como las matemáticas o la astrología.

Cuando cumplió diez años ya leía en castellano y latín, pero además traducía también de éste segundo. Al mismo tiempo escribía sus primeras comedias.

En total, unos 3000 sonetos, tres novelas, cuatro novelas cortas, nueve epopeyas, tres poemas didácticos y varios centenares de obras de teatro.

En realidad, no es fácil saber exactamente el número de obras de teatro que escribió, en parte porque muchas veces se le atribuyeron muchas comedias que no eran suyas y en parte porque él mismo se encargaba de darse autopublicidad y proclamaba su fecundidad literaria en la Égloga a Claudio diciendo: “Mil y quinientas fábulas admira, / que la mayor el número parece, / verdad que desmerece, / por parecer mentira, / pues más de ciento en horas veinticuatro / pasaron de las Musas al teatro”. 

Su biógrafo Juan Pérez de Montalbán adjudica a Lope de Vega la cifra fabulosa de 1.800 comedias y 400 autos, pero el propio Lope cita en la Égloga a Claudio la cantidad de 1.500 comedias.

A esta enorme producción teatral hay que añadir, además, la composición de cientos de poemas líricos, la escritura de más de media docena de extensos poemas épicos o épico-narrativos y la creación de tres novelas largas, cuatro novelas cortas y la ‘acción en prosa’ La Dorotea, además de un abundante epistolario.

Como ha quedado demostrado en multitud de ocasiones, Lope tenía una facilidad pasmosa para escribir textos y obras de teatro, sin embargo, tal y como evidencian dos de los tres códices manuscritos que se conservan del poeta, para la poesía no tenía tanta soltura (para escribir un soneto el autor escribía y tachaba 58 líneas).

Por ello, fue llamado Fénix de los ingenios y por Miguel de Cervantes Monstruo de la Naturaleza.

Lope de Vega  renovó las fórmulas del teatro español y fue uno de los máximos exponentes del teatro barroco español. Sus obras siguen representándose en la actualidad y constituyen una de las más altas cotas alcanzadas en la literatura y las artes españolas.

Durante su vida, Lope de Vega fue también muy aficionado a los amoríos, que más de una vez le trajeron dificultades. En total tuvo unos 17 hijos documentados entre legítimos e ilegítimos (Se casó dos veces y con diecinueve años tuvo a su primera hija y un sinfín de amantes).

¿Lope fue popular durante su vida?

Según las crónicas, Lope de Vega fue muy popular en vida, tanto que cuando se quería ensalzar una obra de arte se recurría a la expresión “es de Lope”. También se cuenta que tal era su fama que se puso muy de moda una oración que decía: “Creo en Lope de Vega todo poderoso, poeta del cielo y la tierra” (esto en parte debió ser así porque las gentes humildes consideraban a Lope el gran escritor que representaba al pueblo).

Dicen que la gente paraba a Lope por la calle para saludarle y confesarle admiración. Efectivamente, pues, todo apunta a que vivió la gloria del éxito y se alzó como máximo exponente de la poesía y el teatro de su época. 

Tal debió ser la popularidad que alcanzó Lope de Vega que su entierro fue multitudinario. Las honras fúnebres, que duraron ni más ni menos que nueve días, se convirtieron en las exequias más notables de aquellos días.

Dicen las crónicas que “Le cupo a Lope ser el representante adecuado de la colectividad a la que pertenecía. Su vida, tumulto sin orillas, es como el fluir de la Historia contemporánea, alocada, orgullosa, desmedida, llena de tropiezos y de gestos de increíble nobleza. Hincada firmemente en la ortodoxia católica y en la fidelidad al Rey, Lope asimila el latido de su pueblo y lo muda en criatura de arte, dándole un ademán de extraordinaria belleza, pero sin puntos de vista nuevos y complicados, sino fiel siempre a la multitud en que se encuentra y apoya”
  
Sus “rifi-rafes” con otros colegas

Lope de Vega también tuvo constantes trifulcas, insultos y acusaciones, con escritores consagrados del momento como Cervantes o Quevedo, algo por otra parte bastante habitual en la época.

Estos enfrentamientos eran muy agresivos,  pero curiosamente también muy ingeniosos cargados de ironía y sarcasmo dado que salía de la pluma de estos genios de las letras. Góngora no tuvo ningún reparo en llamar borrachos a Quevedo y a Lope de Vega, mientras que a él le calificaban de “morisco”… De Quevedo decían que no tenía idea de griego y, además, que era “cegato”. Lope como cura era, para Góngora no tal sino una “enfermedad”. Y Cervantes se ganó adjetivos como “colérico, envidioso y mentiroso”. La sarta de acusaciones de unos y otros circulaban en poemas firmados, en las ediciones de los textos, pero también en otras ocasiones en libelos anónimos.

Pero a Lope de Vega el que más le sacó de sus casillas fue el libelo La Spongia aparecido en Madrid en 1617 y que fue escrito por Pedro Torres Rámila, un maestro de Gramática. El autor, en unas pocas páginas y simulando ser una autoridad extranjera, atacaba fieramente la literatura y la vida privada ‘poco ejemplarizante’ de Lope de Vega.

El autor del Quijote fue quien dijo de Lope que era un “Monstruo de la Naturaleza” por lo prolífico que era escribiendo.

La admiración al principio fue mutua y Lope, que había conocido a Cervantes en 1583 en casa de Jerónimo Velázquez, padre de Elena Osorio, una de sus amantes, también alabó  alababa a Cervantes en la Arcadia (1598). Pero el idilio terminó cuando Cervantes se indignó con la portada de El peregrino en su patria (1604), que llevaba un grabado del escudo del apellido Carpio, con diecinueve torres, una estatua de la Envidia, una leyenda en latín y para colmo un retrato de Lope con un soneto laudatorio firmado por Quevedo. Al parecer Cervantes no pudo con tanta arrogancia y le dedicó un soneto en el que atacaba toda su obra dramática.

Su tirante relación ya no se volvería a enmendar y siguieron lanzándose dardos envenenados de por vida.
  

Sobre la vida y las peripecias de Lope de Vega se han escrito muchos libros, llegándose a desarrollar toda una literatura del Lopismo.

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