LAS MENINAS DE VELÁZQUEZ: SUS SECRETOS MEJOR GUARDADOS

La fecha en la que la obra fue pintada, o qué quería decirnos Velázquez con su cuadro  son sólo algunas de las incógnitas que encierra el famoso cuadro de Las Meninas.

Aunque en un principio a este cuadro se le conoció como “La familia de Felipe IV”, en realidad el rey no está, o por lo menos no del todo, ni es el centro del cuadro dando pie a múltiples interpretaciones.

Las Meninas
Los enigmas

Las Meninas es, sin duda, la obra más famosa de Velázquez y los historiadores del arte (Michael Foucault, Jaqcques Lacan, Honathan Brown, Alain Hugon, etc) le han dedicado mucho tiempo y muchas reflexiones al estudio de este cuadro enigmático al que se le atribuyen muchas lecturas y paradojas.

En primer lugar, cabría mencionar que Las Meninas fueron pintadas, según Antonio Palomino (pintor y tratadista de la pintura) hacia 1656, fecha bastante razonable si tenemos en cuenta que la infanta Margarita nació el 12 de julio de 1651 y aparenta unos cinco años de edad. Sin embargo, Velázquez aparece en el cuadro con la Cruz de la Orden de Santiago en su pecho, honor que consiguió el 29 de noviembre de 1659. La mayoría de los expertos coinciden en que la cruz fue pintada por el artista cuando recibió la distinción, o incluso, que la cruz se añadió, por expreso deseo del rey, ya fallecido Velázquez (1660).

Otra curiosidad sería que a Las meninas, se le conoce con este nombre sólo desde el siglo XIX ya que anteriormente se le denominó como La familia de Felipe IV (según se describe en el inventario de 1754). Sin embargo, a pesar de ser un retrato real, no es el monarca el que sobresale en la imagen, antes si la infanta Margarita, dos meninas (María Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco), una enana (Mari Bárbola), un bufón Nicolasillo Pertusaro), otra dama de la Corte (Marcela Ulloa), el guardadamas (único de las once figuras no documentado), el aposentador (José Nieto) y el propio Velásquez, pero no está el rey que sólo se le intuye a través del espejo del fondo junto a la reina, su segunda esposa, Mariana de Austria.

Velázquez en Las Meninas
Sin embargo, el verdadero misterio estaría en lo que no se ve, en el cuadro que está pintando Velázquez. Algunos autores piensan que el genio sevillano está haciendo un gran retrato del rey y de su esposa, por lo que los monarcas reflejan sus rostros en el espejo (algo ya indicado por Palomino, aunque Velázquez nunca pintó un cuadro de esas características). Pero si por el contrario el espejo no reflejase la superficie del lienzo sino a los propios reyes (estando estos situados en el mismo punto que ocupa el espectador), de modo que el punto focal se localizase justo frente al espejo, se resolvería así también la cuestión de qué está pintando, y que sería el propio cuadro de Las meninas (con el que coincide en el bastidor primitivo y en las medidas aproximadas) o su propio autorretrato, suponiendo un juego de espejos cruzados, lo que parece desmentir el hecho de que los cuadros del fondo no se muestren invertidos.

¿Qué quiere pintar Velásquez en Las Meninas?

Sobre lo que quiere trasmitirnos Velázquez en Las Meninas también ha opiniones diversas.

Algunos historiadores (como Soelhner o Carl Justi) creen que el pintor sólo intenta mostrar una escena de la corte, o sea: la infanta Margarita llega, acompañada de su corte, al taller de Velázquez para ver como éste trabaja. Nada más llegar ha pedido agua, por lo que María Sarmiento le ofrece un búcaro con el que paliar su sed. En ese momento, el rey y la reina entran en la estancia, de ahí que algunos personajes detengan su actividad y saluden a sus majestades, como Isabel de Velasco. Esta idea de tránsito se refuerza con la presencia de la figura del aposentador al fondo, cuya misión era abrir las puertas de palacio a los reyes. La pequeña infanta estaba mirando a Nicolasillo, pero se percata de la presencia de sus regios padres y mira de reojo hacia fuera del cuadro. Marcela Ulloa no se ha dado cuenta de la llegada de los reyes y continúa hablando con el guardadamas, al igual que el enano, que sigue jugando con el perro. 

Infanta Margarita en Las Meninas
Otros apuestan por la interpretación astrológica ya que Velázquez era conocedor de la astronomía y la cosmografía, además de poseer tres anteojos para contemplar las estrellas. Así, estaría haciendo una lectura de la continuidad dinástica. Se aduce en este sentido que uniendo con una línea imaginaria el corazón, o las cabezas, de las que serían las cinco figuras principales: Velázquez, la menina Agustina Sarmiento, la infanta Margarita, la menina Isabel de Velasco y el aposentador José Nieto, se puede reconstruir el dibujo de la constelación Corona Borealis, cuya estrella central se llama Margarita Coronae, como la infanta que ocupa también el lugar central en el cuadro. De esta manera intentaría reflejar que la continuidad de la monarquía está en la persona de Margarita (su hermana mayor María Teresa estaba destinada a casarse con Luis XIV de Francia y Felipe Próspero aún no había nacido), en aquellos momentos heredera de la corona.

Continuando en este sentido, trazando un círculo entre estos personajes y añadiendo líneas hacia los personajes secundarios se obtendría el signo de Capricornio, que era el signo zodiacal de la reina Mariana de Austria. Por último, se dice que la luz que entra desde las ventanas coincide con la fecha del 23 de diciembre de 1656, fecha del cumpleaños de la reina.

También hay quienes manifiestan que Las Meninas  fue pintado como reivindicación de la pintura como arte liberal (Charles Tolnay), concretamente como la más noble de las artes (cuestión esta candente en ese momento en España por la que hacía tiempo venían luchando los pintores, pleiteando contra el pago de la alcabala, impuesto al consumo que gravaba las ventas y equiparaba a los pintores con los artesanos). Para ello se basan en el vínculo que Velázquez quiere resaltar entre el pintor y el monarca, incidiendo en la idea de que el lienzo estaba en el despacho de verano del rey (Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid), pieza privada a lo que sólo entraban Felipe IV y sus más directos colaboradores, además de reforzarla con la presencia de los reyes en la obra como signo de máximo aprecio y distinción: el rey enaltece al pintor yendo a verle trabajar en su taller.

Mari Bárbola en Las Meninas
También se toma como punto de partida los dos cuadros de asunto mitológico colgados de la pared del fondo (que se ven en el lienzo), copias de Juan Bautista Martínez del Mazo de dos lienzos que colgaban en la Torre de Parada, Minerva y Aracne, según Rubens, y Apolo y Marsias, original de Jordaens, cuyos asuntos —la competición entre dos formas de arte, encarnada una en un dios y la otra en un mortal— se interpretó como una exaltación del arte sobre la artesanía.

Al mismo tiempo se han hecho interpretaciones iconológicas atendiendo a las  interpretaciones alegóricas de su algunos de sus componentes (el bien, el mal, la envidia, la avaricia....).

Otras corrientes, (que cabeza Jonathan Brown) manifiestan que Las meninas es meramente producto de la imaginación del pintor, es decir, que es un retrato familiar inventado y una escena inventada, y que sólo la forma en que el artista quiso dar las gracias al monarca, creando el mejor cuadro que el rey hubiera visto jamás. Así que no hay misterios en Las meninas,  significados ocultos que descubrir, ni códigos que descifrar o secretos que revelar, que “sólo” es un ejemplo no superado de maestría pictórica. En este sentido la acción espontánea y de apariencia casual podría ser considerada como un mero capricho dirigido privadamente al rey por su pintor de cámara, cuando este ya lo había conseguido todo en la corte y el rey, agobiado por los quehaceres políticos y envejecido, podía encontrar consuelo tanto en el retrato de la infanta, que era su «alegría», como en el magisterio de su pintor.

No obstante, otros especialistas aclaran que la aparente levedad de la anécdota narrada, su propia indefinición, hace que tampoco pueda considerarse tan simple, y que como obra barroca podría esconder varios mensajes solapados.

El aposentador de Las Meninas
La técnica

Pero será precisamente la técnica lo que más impacta en este lienzo. Se dice que fue ejecutado sin preparación, cono una “improvisación calculada” (J. Brown). Que lo pintó para exhibir los infinitos recursos que poseía como pintor colorista, que no hay en todo siglo XVII un cuadro comparable, que la superficie del lienzo parece un revoltijo de pinceladas que no están coordinadas entre sí (anticipando la pintura impresionista), pero que una vez que se mira de lejos todo está en su sitio.  

Predominan las tonalidades plateadas de los vestidos (en los que trabaja cada uno de sus detalles a base de pinceladas empastadas), al tiempo que llama nuestra atención el ritmo marcado por las notas de color rojo que se distribuyen por el lienzo: la Cruz de Santiago, los colores de la paleta de Velázquez, el búcaro, el pañuelo de la infanta y de Isabel de Velasco, para acabar en la mancha roja del traje de Nicolasillo. 

Juega además con la luz. El primer plano está inundado por un potente foco de luz que penetra desde la primera ventana de la derecha. La infanta es el centro del grupo.  Las figuras de segundo plano quedan en semipenumbra, mientras que en la parte del fondo encontramos un nuevo foco de luz, impactando sobre el aposentador que recorta su silueta sobre la escalera. De esta forma, en opinión de Martin Kemp, la composición del espacio en Las meninas es un sutil desafío al naturalismo científico anterior, principalmente italiano, pues el pintor se habría propuesto dar una idea del proceso de la visión mediante recursos exclusivamente pictóricos —manchas y luces— atento a la apariencia más que a la geometría.

También llama la atención la sensación atmosférica creada por el pintor, la llamada perspectiva aérea, que otorga profundidad a la escena a través del aire que rodea a cada uno de los personajes y difumina sus contornos, especialmente las figuras del fondo, que se aprecian con unos perfiles más imprecisos y colores menos intensos. También es interesante la forma de conseguir el efecto espacial, creando la sensación de que la sala se continúa en el lienzo, como si los personajes compartieran el espacio con los espectadores.

Finalmente, se ha considerado igualmente que el cuadro de  Las meninas supone una transgresión de las reglas, es decir, que no sólo sería el fruto de la imaginación con el que el pintor quiere poner de manifiesto un virtuosismo y originalidad sin precedentes, sino que está proponiendo nada menos que una nueva  manera de pintar. Así, Velázquez sume en las sombras a sus eternos rivales, Tiziano y Rubens, (cuyos cuadros  adornaban el Cuarto del príncipe y que Velásquez representa en su lienzo) a los respetaba, pero a los quería superar, y no se le ocurrió mejor manera que dejarles al fondo de Las meninas y Las hilanderas, como una forma de imponer su arte.






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