FAROS: UN LEGADO HISTÓRICO AÚN EN USO

El faro ha estado ligado a la vida del hombre desde la antigüedad como una referencia de donde se encuentra la tierra firme y guiando a los navegantes en sus desplazamientos por mar.

Actualmente, a pesar de las nuevas tecnologías, los faros siguen siendo una señal marítima en pleno uso y un referente para todos los navegantes,  siendo el sistema principal de reseña para las pequeñas embarcaciones y un sistema de seguridad para aquellas que usan medios electrónicos de navegación.

Torre de Hércules (La Coruña)
Faro de Alejandría

Los faros más antiguos de los que se tienen mención son el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría.

El Coloso de Rodas era una gran estatua del dios griego Helios realizada por el escultor Cares de Lindos en la isla de Rodas (Grecia) en 292 a. C y destruida por un terremoto en 226 a. C. Es considerada una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, y la que menos perduró en el tiempo, sólo sesenta y seis años después de su construcción.
Todo lo que se conoce sobre esta estatua se debe a las noticias que dejaron los escritores antiguos.

La estatua (hecha con placas de bronce sobre un armazón de hierro), según Plinio el Viejo, medía unos 32 m. La base, de mármol blanco, medía 15 metros y habría pesado unas 70 toneladas.

Faro del Cabo de Hook (Irlanda)
El faro de Alejandría, una torre construido en el siglo III a. C. (entre los años 285 y 247 a. C.) en la isla de Faro (Alejandría, Egipto) para servir como punto de referencia del puerto y como faro.
El faro más antiguo del que se tiene mención es el faro de Alejandría, una torre construido en el siglo III a. C. (entre los años 285 y 247 a. C.) en la isla de Faro (Alejandría, Egipto) para servir como punto de referencia del puerto y como faro.

Fue erigido por Ptolomeo II y estaba formado por pirámides truncadas puestas en disminución una sobre otra. Se estima que su altura habría estado entre los 115 y los 150 metros, lo que supuso ser una de las estructuras más altas, durante siglos, hechas por el hombre.

Es considerada como una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

Un terremoto acabaría con el faro de Alejandría a principios del siglo XIV.

Faro de Palos (Murcia)
Faros romanos

Casi con total seguridad que los fenicios y los cartagineses construyeran faros encendiendo hogueras en lo alto de las torres de vigilancia que levantaban en puntos destacados de las costas, pero su auge e importancia vendría en la época romana, aunque bien es verdad que de los faros construidos por los romanos quedan pocos vestigios.

Algunos de estos, como el faro poligonal del Castillo de Dover (Inglaterra), todavía conservan su aspecto original. La torres de Hércules (La Coruña, España), si bien fue reformada y revestida en el siglo XVIII, ha conservado la forma cuadrada de su torre original.

Faros medievales y de la Edad Moderna

Durante estas dos épocas los faros no fueron objeto de ningún perfeccionamiento salvo en su decorado.

En el siglo XVII los faros no eran todavía más que torreones con una plataforma superior en la que se encendían hogueras de madera de carbón, alquitrán o brea que ardían en tederos. En algunos disponían en lo alto de su torre de una linterna en la que se colocaban lámparas de aceite o sistemas con mechas introducidas en sebo.

En España, las costa de Andalucía aún conservan torreones de vigía medievales y renacentistas. Entre las atalayas más antiguas de esta época cabe señalar el faro de Camarinal (Zahara de los Atunes, Cadiz), la torres cuadra del faro de Roche (Conil de la Frontera, Cádiz) y el faro de Portopí, en la entrada del antiguo puerto de Palma de Mallorca del que se tiene constancia documental de su existencia desde el  siglo XIV y al que se describe como una torre de planta circular y provista de una linterna.

Faro del Castillo de Dover (Inglaterra)

El Faro de Cabo de Hook (Irlanda) es uno de los más antiguos del mundo todavía en operación, remontándose su origen de forma legendaria hasta el siglo V e históricamente documentado desde el siglo XII.

El Plan de Señales Marítimas de 1985/1989 empezó a recuperar por primera vez este patrimonio histórico, adaptando algunas atalayas a las exigencias de los faros modernos y rehabilitando su estructura original. 

Fuera de España, los faros de la Edad Moderna que han llegado hasta nuestros días son, por ejemplo, el faro de Cordouan (Francia) que en su versión original de principios de siglo XVII; y el faro de Köpu, construido a principios del siglo XVI en la costa báltica de Estonia.

Del sigo XVIII hasta hoy

No fue hasta finales del siglo XVIII que los faros experimentaron avances tecnológicos significativos. Se les dotó de lámparas compuestas por un quinqué rodeado de reflectores parabólicos de metal bruñido y se les incorporó un sistema de rotación mecánico.

Ya en el siglo XIX la iluminación de los faros dio un enorme paso con la invención de las lentes escalonadas, compuestas por una lente central rodeada por una serie de anillos prismáticos concéntricos de poco espesor, que concentran e intensifican el haz de luz. Este sistema aprovechaba las propiedades de refracción de la luz, y producía una luz mucho más potente que la obtenida hasta entonces con espejos (reflectores).

Faro de Corduan (Francia)
La fuente de alimentación también evolucionó con el tiempo, y entre el siglo XVII y el siglo XIX varios combustibles fueron utilizados sucesivamente: del carbón se pasó a aceites de pescado, aceites minerales (como la parafina) y aceites vegetales (colza y oliva), mejorando el tipo de mechas que eran cada vez más densas.

En el transcurso del siglo XIX, se establecieron por primera vez en Europa planes nacionales destinados a impulsar la construcción de faros a lo largo de los litorales, y se crearon normativas para armonizar el sistema de señalización marítima.

En los años 1920 se dotño a los faros de una lámpara de gas acetileno que producía destellos automáticos y podía ser giratoria gracias a la presión del gas. Este invento abrió paso a los primeros faros no vigilados, y pudo ser instalado en boyas y balizas de poca intensidad. En el siglo XX se fue sustituyendo por el butano y el propano, hasta que el suministro eléctrico se generalizó a partir de mediados de siglo. Después se procedió paulatinamente a generadores o grupos electrógenos o a placas solares  si la luz no requiere mucha potencia.

Faro de Caraminal (Cadiz)


Hasta finales del siglo XX, los faros tenían guardafaros, también llamados fareros, que acostumbraban a vivir en el mismo faro, y que debían ocuparse del mantenimiento y de la limpieza del faro, sobre todo de las instalaciones lumínicas. Actualmente, los faros que siguen en uso son operados en su mayoría de forma automática, y vigilados a distancia.

Faros de España

España cuenta con 228 faros bajo el mando de las autoridades portuarias respectivas, de ellos, apenas cuatro sin uso. La Comunidad Autónoma que más posee es Andalucía con 41 (dos sin uso) seguida de Galicia con 37.

El faro más famoso de España es, sin duda alguna, la Torre de Hércules en La Coruña, pero también es el faro en funcionamiento más antiguo del mundo.

Faro de Formentor (Mallorca)
La torre fue construida por el arquitecto romano Caio Servio Lupo en el siglo I de nuestra era para facilitar el tránsito de naves en el golfo Ártabro y por la peligrosa costa de Gallaecia. Era un eslabón más de una cadena de señalizaciones marítimas entre las que se contaban los ya desaparecidos faros de Alejandría (Egipto), Ostia y Nápoles (Italia) o el Coloso de Rodas. A este de Coruña se le conocía como Torre Brigantium y tenía 41,5 metros de altura. Pese a los siglos transcurridos, pese a las agresiones de la meteorología y, sobre todo, del hombre, que llegó a arrancarle toda su fachada exterior de sillar de granito para reutilizarla en otros edificios, el faro romano ha seguido ahí, a la entrada del puerto de La Coruña.


El 27 de junio de 2009 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

La mayoría de los faros del mundo se pueden visitar e incluso pernoctar en ellos por haberse reconvertido en pequeños hoteles. De lo que no cabe duda es de que visitarlos supone estar rodeados de un incomparable entorno lleno, en muchos casos, de historia y leyendas.

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