ALFONSO X "EL SABIO" Y LA ESCUELA DE TRADUCTORES DE TOLEDO

En el siglo XI Toledo se convirtió en centro de las culturas musulmana, cristiana y judía, acudiendo a ella sabios de toda Europa que más tarde formarían la Escuela de Traductores desarrollándose en la ciudad una intensa actividad artística y científica. 

Sin embargo, no cabe hablar de una Escuela de traductores propiamente dicha, y ni siquiera exclusivamente en Toledo, sino de varias y en distintos lugares de la España medieval.

Alfonso X el Sabio
Toledo, ciudad abierta

A partir de que en 1085 Alfonso VI conquistara Toledo (capital de uno de los Reinos de Taifas), y con él la orden del Cluny, la ciudad se constituyó en un importante centro de intercambio cultural. Esta tolerancia de los reyes castellanos cristianos para con musulmanes y judíos facilitó este comercio cultural que permitió el renacimiento filosófico, teológico y científico primero de España y luego de todo el occidente cristiano.

En la ciudad convivían cristianos, musulmanes y judíos, por lo que tanto el latín como el árabe o el hebreo eran lenguas de uso común; además, como es lógico de distintas modalidades del romance, tanto de los mozárabes que vivían en Toledo, como de los conquistadores castellanos.

Esta convivencia fue aprovechada por el arzobispo Raimundo de Sauvetat para auspiciar diferentes proyectos de traducción cultural demandados en realidad por todas las cortes de la Europa cristiana.
Por otra parte, con la fundación de los studii de Palencia (1208) y de Salamanca (1218) por Alfonso VIII y Alfonso IX, respectivamente, se había propiciado ya una relativa autonomía de los maestros y escolares respecto a las scholae catedralicias y en consecuencia fue estableciéndose una mínima diferenciación profana de conocimientos de tipo preuniversitario, que ya en tiempo de Fernando III va acercándose a la Corte y no espera sino la protección y apoyo decidido de un monarca para consolidarse por entero.

La opinión generalizada de los expertos es que en Toledo hubo una activa producción de traducciones individuales y sucesivas en el tiempo de muy pocos traductores,[3] pero no se puede denominar "escuela", ni siquiera "grupo", pero fue decisiva para la cultura de la Baja Edad Media.

Las Siete Partidas
No cabe hablar, pues, de una Escuela de traductores propiamente dicha, y ni siquiera exclusivamente en Toledo, sino de varias y en distintos lugares. La tarea de todas estas escuelas fue continua y nutrida por los proyectos de iniciativa regia que las mantuvieron activas al menos entre 1250 y la muerte del monarca en 1284, aunque la actividad de traducción no se ciñera exclusivamente a ese paréntesis.

Esta “Escuela” tuvo fundamentalmente dos periodos. El primero, marcado por el arzobispo don Raimundo de Sauvetat, en el siglo XII, y el segundo por el rey Alfonso X, en el siglo XIII. Se tradujo un número extraordinario de obras en árabe y, en menor medida, en hebreo en las que se encontraba gran parte del legado científico y filosófico de la antigüedad griega clásica, india y árabe.

Se conocen algunos nombres de esos traductores, pero sobre todo se sabe que gracias a sus traducciones llegaron a Toledo desde toda Europa sabios deseosos de aprender in situ de esos maravillosos libros árabes. También gracias a su labor, los conocimientos árabes y algo de la sabiduría griega a través de estos penetró en el corazón de las universidades extranjeras de Europa.

Como fruto secundario de esa tarea, la lengua castellana incorporó un nutrido léxico científico y técnico, frecuentemente acuñado como arabismos, se civilizó, agilizó su sintaxis y se hizo apto para la expresión del pensamiento, alcanzándose la norma del castellano derecho alfonsí.

Escuela de traductores


Un rey erudito

Durante el siblo XII y primera mitad del XIII (reinados de Fernando III y Alfonso X de Castilla y León) la «Escuela de traductores de Toledo» difundió principalmente textos filosóficos y teológicos en árabe o hebreo escribiéndolos en latín y luego traduciéndolos al castellano, pero también textos astronómicos, médicos y científicos.

Fruto de su avidez por la erudición, Alfonso X “el Sabio” alentó el centro traductor que existía en Toledo desde la época de Raimundo de Sauvetat que se había especializado en obras de astronomía y de leyes. Patrocinando, supervisando, y a menudo  realizó personalmente con su propia escritura, una ingente obra literaria que inicia en buena medida la prosa en castellano.

De la extensa obra alfonsí destacan: el Fuero Real de Castilla, el Eséculo y las Siete Partidas (jurídicas); las Tablas alfonsíes (astronómicas); la Estoria de España y la Grande e general estoria o General estoria (históricas); las Cantigas de Santa María (canciones líricas) escritas en galaico-portugués y acompañadas de notación musical e ilustraciones que se hallan entre lo mejor de la pintura de su tiempo; el Lapidario (sobre las propiedades minerales); y el Libro de los juegos (sobre ajedrez, dados y tablas).

Alfonso X convocó para esta labor a un conjunto de sabios en lenguas hebrea, árabe y latina, con quienes formó su scriptorium real (conocido imprecisamente como Escuela de Traductores de Toledo). Estos, desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la Antigüedad y al traducir textos árabes y hebreos al latín y al castellano. Estos trabajos habilitarán definitivamente el castellano como lengua culta, tanto en el ámbito científico como en el literario. Desde su reinado, además, se utilizará como lengua de la cancillería real frente al latín, que era la lengua de uso regular en la diplomacia regia de Castilla y de León.

También creó en Sevilla unos Studii o Escuelas generales de latín y de arábigo. Igualmente fundó en 1269 la Escuela de Murcia, dirigida por el matemático Al-Ricotí..
Elevó al rango de Universidad los Estudios Generales de Salamanca (1254) y Palencia (1263), siendo Salamanca la primera en ostentar ese título en Europa.

También mandó llamar a su Corte a trovadores genoveses, que escribían en occitano, galaico-portugueses, catalanes, franceses y poetas hispanohebreos.

Escuela de traductores
Los sabios traductores

La importancia de la Antigua Escuela de Traductores de Toledo es fundamental para la constitución de la modernidad y supuso el punto de encuentro del pensamiento clásico, el pensamiento árabe y musulmán, las importantísimas aportaciones de la India y la de los propios cristianos, sefardíes y andalusíes. Todos supieron cooperar, primero gracias al impulso proporcionado por el obispo Raimundo de Toledo y posteriormente gracias a la obra de la corte del rey Alfonso X “el Sabio”, que participó él mismo en todos aquellos trabajos, además de impulsarlos y ejercer su regio mecenazgo.
Si algo caracteriza la actividad de la Antigua Escuela, o de las Escuelas, de Traductores de Toledo es su capacidad de trabajar de una manera completamente abierta, sin que los prejuicios culturales, religiosos, lingüísticos o, sobre todo, políticos, intervinieran en la tarea.

Estos sabios, procedentes de todos los países de Europa, se reunían con los de Sefarad, Al-Andalus e Hispania para, cotejando textos escritos en el alifato cúfico, en el alfabeto griego o en la letra manuscrita latina, traducir a veces del árabe al latín y luego del latín al castellano, o bien del griego al castellano y del castellano al latín, etc.

No existía un trabajo organizado y estructuralmente establecido, un proyecto, una política cultural del poder eclesiástico o regio, bien definida y planificada, tampoco temas, contenidos o métodos. Las orientaciones eran enormemente diversas y dispares. En realidad, cada día son más los especialistas que defienden que fueron los traductores, por sí solos o en equipos, los que construyen los elementos fundamentales de la historia del pensamiento medieval.

Pero de lo que nadie duda es de que la Antigua Escuela de Traductores de Toledo fue, en definitiva, una de las grandes aportaciones de España a la cultura universal.

 
Hoy, la prestigiosa y antigua Escuela de Traductores de Toledo es uno de los institutos culturales e investigadores de la Universidad de Castilla.La Mancha y tiene su sede en el antiguo Palacio del Rey Don Pedro en la toledana Plaza de Santa Isabel.







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