OSCAR WILDE, UN CHOQUE FRONTAL CON LA RÍGIDA SOCIEDAD VICTORIANA

Wilde era todo un dandy y centro de atención de los salones de la época que conquistaba a sus oyentes con su ingenio.

Pero la misma sociedad que lo encumbró, lo abandonó y lo juzgó, considerándolo un pecador y un inmoral, lo que le llevó a la más absoluta de las miserias.

Un genio rebelde de la literatura

El escritor, poeta y dramaturgo irlandés Oscar Wilde (1854-1900) es uno de los autores más reconocidos de la historia de la literatura. Era extravagante y llamaba la atención allá a donde iba. Para él, “ser natural es simplemente una pose”. Además era una máquina de pronunciar frases ingeniosas, tanto en sus obras como en la prensa.

Fue el abanderado del “esteticismo inglés” que defendía el arte por el arte, sin ataduras religiosas o morales. Ante una sociedad pragmática y rígida, el relax y la devoción por lo hermoso que proclamaba el esteticismo eran una provocación. Los esteticistas defendían que el arte era el fin en sí mismo y que lo más importante es el placer que produce la visión de la belleza. Muchos tacharon al movimiento de vacío y autoindulgente.

Wilde comenzó a llevar el pelo largo, a desdeñar abiertamente los “deportes” masculinos y a decorar con plumas de pavo real y girasoles su habitación de la residencia donde estudiaba y donde se sospechaba su amaneramiento. Sin embargo, este culto a la excentricidad  se propagó entre ciertos segmentos de la sociedad hasta un punto tal que las actitudes lánguidas, las vestimentas exageradas y el esteticismo en general se convirtieron en una pose reconocida.

El público se debatía entre amarlo u odiarlo. Caía bien, por lo cultivado de su humor, pero jugaba con la idea de moral y parecía peligrosamente libre para la sociedad victoriana.

Wilde, cosechó enseguida premios y éxito que le lanzaron al estrellato. En 1881, con veintisiete años, publicaría su primera recopilación de poemas, que le llevó a dar conferencias por Estados Unidosy Canadá.  Dio entrevistas y conferencias por todo el país por lo que el tour que iba a durar unas semanas y al final se prolongó durante casi un año.

En 1884, después de su periplo por Norteamérica y París, Wilde contrajo matrimonio con Constance Lloyd, con la que tuvo dos hijos, Cyril y Vyvyan.

A partir de ahí comienza el periodo más fructífero y creativo de su carrera, publicando numerosas obras dentro del género (El príncipe feliz y otros cuentos –1888- y Una casa de granadas –1892-). Pero la obra sin duda más recordada de Wilde sería El retrato de Dorian Gray, la única novela que publicó el autor y que sería objeto de críticas voraces por el implícito erotismo entre hombres, que no sentó nada bien a la sociedad de la época (este libro ha sido objeto de múltiples adaptaciones cinematográficas, que han querido explorar el mito de la juventud eterna).

 Tras el éxito cosechado en el género de los cuentos y de la novela, Wilde exploró el campo del teatro con El abanico de Lady Windermere, al que siguió Una mujer sin importancia, Un marido ideal o La importancia de llamarse Ernesto, que le reconocieron como afamado autor de teatro.
 
Gloria, decadencia y miseria

En 1891, Wilde conoce a Lord Alfred Bosie Douglas, el tercer hijo del Marqués de Queensberry, y pronto inician un romance que les convierte en inseparables. Cuatro años después, el escritor demandó al padre de Bosie por difamación ya que le había acusado de homosexualidad. Wilde retiró el caso, pero fue arrestado y declarado culpable de” indecencia grave comportamiento homosexual” y condenado a dos años de prisión y trabajos forzados.

La sociedad que antes lo había encumbrado, ahora también lo juzgó, considerándolo pecador e inmoral.

Alejado de su familia, pues tras el escándalo Constance huyó a Suiza con su hijos (cambió su apellido y el de los niños por Holland, aunque nunca se divorció de Wilde, quien también fue obligado a renunciar a la patria potestad de sus hijos), Wilde sigue escribiendo durante su encierro. De esta época surge De Profundis, una larga carta dirigida a su amante en la que rememora su relación y se reafirma en sus actos. Tras su liberación escribe Balada de la cárcel de Reading, poema sobre la relación entre el amor y las convenciones sociales, entre la vida y la muerte, todo bajo la agonía de su encierro.

Su paso por la cárcel debilitó su salud y le arruinó, pero al salir de allí retomó la amistad con Douglas y se reunieron en agosto de 1897 en Ruan. Por supuesto, la reunión fue desaprobada por los familiares y amigos de ambos. Wilde y Douglas vivieron juntos unos meses al final de 1897, cerca de Nápoles,hasta que la amenaza de sus respectivas familias de cortarles los fondos terminó por separarles.

A partir de ahí, Wilde se dedica a vagar por Europa sin poder recuperar la creatividad que le había encumbrado pocos años antes.

Wilde pasó el resto de su vida en París, en donde vivió bajo el nombre falso de Sebastián Melmoth. Allí, y de la mano de un sacerdote irlandés de la Iglesia de San José, se dice, se habría convertido al catolicismo, fe en la que supuestamente murió.

Solo y enfermo de meningitis, Oscar Wilde fallece el 30 de noviembre de 1900 en París, donde descansan sus restos en una tumba que se ha convertido en lugar de peregrinación mundial.


 En 1950, cincuenta años después de morir, las cenizas de su amigo Robert Baldwin Ross fueron añadidas a su tumba, en el cementerio de Pére-Lachaise. Este crítico de arte aseguraba haber sido el primer amante masculino de Oscar Wilde.

Su tumba se ha convertido en lugar de peregrinación mundial.

Si en su vida la idea del pecado y de la culpa lo llevó a confesar que, dado que había sido el más feliz de los hombres, después de ser condenado era justo que se convirtiera en el más infeliz, nada de esta culpabilidad se refleja en su obra. 

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