RESIDENCIA DE SEÑORITAS, UNA INSTITUCIÓN DE MUJERES COMPROMETIDAS

En 1915 se abrió la Residencia de Señoritas, bajo la dirección de María de Maeztu, para facilitar el acceso de las españolas a los estudios intermedios y universitarios.

La Residencia, grupo femenino de la Residencia de Estudiantes, se convertirá en centro formador de las élites intelectuales y sociales femeninas, pero verá truncada su actividad con la Guerra Civil.

Antigua sede de la Residencia de Señoritas, hoy fundación Ortega-Marañón
Los inicios y su función

En las últimas décadas del siglo XIX empezó a declararse entre los intelectuales y los círculos políticos progresistas, una honda preocupación por el bajo nivel cultural medio de la población española, convencidos de que la ansiada modernización y el progreso del país pasaba, necesariamente, por extender la alfabetización y por abrir las puertas a las corrientes científicas e intelectuales que triunfaban en Europa.

La creación del Ministerio de Instrucción Pública (1900) y de la Junta de Ampliación de Estudios (1907) forman parte de las medidas adoptadas para concretar estas aspiraciones, que desde el inicio contaron con una significativa presencia de personas vinculadas a la Institución Libre de Enseñanza (ILE).

Pero mientras que el Ministerio se ocupaba de todo el sistema educativo, la Junta se centraría en impulsar la enseñanza media y superior así como el desarrollo de la ciencia e investigación. El modelo a seguir en este caso era el de los “college” ingleses.

Con tal fin, la Residencia de Estudiantes comenzó su andadura en 1910 en unos hotelitos de la calle Fortuny de Madrid (arrendado por la institución Intenational Institute for Girls in Spain), y dirigida por Alberto Jiménez Fraud. Muy pronto se convertirá en un punto de referencia para la intelectualidad española del momento y en centro de creación ideológica, artística y científica.

María de Maeztu
Sin embargo, la institución sólo aceptaba estudiantes masculinos. Pero pronto se pensó en crear un grupo femenino paralelo, con el ánimo de contribuir a facilitar el acceso de las españolas a los estudios intermedios y universitarios en condiciones similares a los hombres, todo un desafío si se tiene en cuenta que al inicio del siglo XX las universidades contaban apenas con 21 alumnas matriculadas.

De este modo, el grupo femenino de la Residencia de Estudiantes abrió sus puertas en octubre de 1915 con 30 alumnas matriculadas en su primer año (una década después superaba las doscientas) y bajo la dirección de María de Maeztu, una de las primeras profesoras de la Universidad Central. Se instalaron en el lugar que antes había ocupado la Residencia de Estudiantes que ahora se trasladaba al nuevo complejo en construcción en los Altos del Hipódromo.

 La progresiva afluencia de nuevas alumnas hizo necesaria su división en grupos y la instalación en varios edificios alquilados por la JAE en el entorno de las calles Fortuny, Rafael Calvo y Miguel Ángel, junto al Paseo de la Castellana de Madrid.
  
En muchos aspectos siguió el modelo de la Residencia de Estudiantes para varones. Según su directora, la Residencia nacía para albergar a las “señoritas mayores de dieciséis años que estudien o deseen ingresar en Facultades universitarias, Escuela Superior de Magisterio, Conservatorio Nacional de Música, Escuela Normal, Escuela del Hogar, etc... Y a aquellas que deseen ampliar su cultura o hacer estudios privadamente sin buscar el reconocimiento oficial”. Como la masculina, les ofrecía una serie de medios para su cultivo intelectual y su desarrollo físico: enseñanza de idiomas, clases de cultura general y de las asignaturas que conformaban los programas académicos –Fisiología, Física, Literatura, Química...–, laboratorios, biblioteca, conferencias, conciertos, excursiones y deportes.

 María y la JAE quisieron que la Residencia fuese una institución avanzada desde el punto de vista educativo pero cuyo régimen interno respondiera a la “libertad de una familia española bien organizada, (con) atención diligente, vigilancia meticulosa, sin que se sienta”. Se trataba de hacer “compatible la elevación intelectual con el mantenimiento de las virtudes morales de la mujer española; su aumento de cultura racial y hondo sentimiento del honor y la dignidad”. María, según reitera en las entrevistas que se le hacen, no deseaba que la Residencia acabara siendo “ni casino de intelectuales ni plantel de sufragistas”; su sueño era convertirla en “una casa de muchachas aplicadas al estudio”. Por ello, las actividades se multiplican desde las ocho de la mañana, en que se sirve el desayuno, hasta las once de la noche, en que se da el toque de silencio. Se lleva un estricto control de las alumnas, llegándose a exigir la autorización expresa del padre o tutor para las salidas más prolongadas, la ausencia a las comidas o la asistencia a las fiestas que organizaban en la Residencia.

Victoria Kent
La Residencia acabaría convirtiéndose en centro forjador de las elites intelectuales y sociales femeninas. Prueba de ello, es el destacado papel que tendrían muchas de estas alumnas posteriormente al asumir la lucha por una redefinición de los papeles sociales asignados a su sexo. De entre su alumnado salieron pedagogas como Juana Moreno, María Comas Camps, Carmen Castilla Margarita de Mayo Izarra, Carmen Isern... científicas como María García Escalera o Cecilia García de Cosa, figuras políticas como Victoria Kent (que junto a Clara Campoamor crearon la Asociación Femenina Universitaria), o especialistas en Derecho como Matilde Huici.  

El final

Debido al parón vacacional, la Residencia de Señoritas se encontraba prácticamente vacía cuando estalló la Guerra Civil en 1936. Sus instalaciones se emplearon entonces como hospital, enfermería y orfanato. Una delegación se instaló en Valencia, pero ya en las postrimerías de la guerra María de Maeztu presentó su dimisión y partió hacia el exilio.

Durante el franquismo, la masculina Residencia de Estudiantes consigue pervivir a pesar de los múltiples intentos de relegarla al olvido. Por ello, al llegar la democracia se inició el camino para recuperar esa esencia y su historia, ardua tarea en la que no se escatimaron esfuerzos.

Sin embargo, la Residencia de Señoritas desapareció. Sus locales y pertenencias pasaron al Colegio Mayor Santa Teresa de la Universidad Complutense de Madrid. Su recuerdo sólo quedó en las mujeres que pasaron por ella, y que consiguieron sobrevivir al conflicto bélico, y de algunos historiadores de la Institución Libre de Enseñanza o estudiosos sobre la mujer y la educación.

Su huella y recuperación de archivo

La Residencia de Señoritas fue una institución modelo en su época, pero a diferencia de su homóloga masculina, no ha atraído tanta atención de los estudiosos.

Clara Campoamor
Tras la minuciosa depuración de funcionarios y profesionales de la educación fieles a la República, la Residencia inició de nuevo su actividad el 15 de febrero de 1940 y bajo la dirección de Matilde Marquina García, miembro destacado de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS. De modo oficial se le dio el nuevo nombre de Colegio Mayor Santa Teresa de Jesús, y sin ninguna relación con los principios institucionistas.

A mediados de los años ochenta, dicho Colegio fue trasladado a la Ciudad Universitaria de Madrid y en los locales de la calle Fortuny, última sede de la Residencia de Señoritas, se instaló la primitiva Fundación Ortega y Gasset, luego Instituto Universitario de la Fundación Ortega-Marañón.

Gracias en su día al celo del profesor Vicente Cacho Viu, el apoyo de Soledad Ortega y la colaboración posterior de las profesoras Capel Martínez y Alicia Moreno, se ha conservado el archivo completo de la Residencia de Señoritas, según estos, ("abandonado en una esquina del jardín para ser despachado como material inservible".

A partir del Archivo de la Residencia y su valiosa correspondencia se han podido documentar de manera minuciosa y fiel las relaciones de esta institución con otras de muy diverso perfil; desde distintas asociaciones feministas extranjeras (en especial la International Federation of University Women, hasta organismos paralelos como el «National Council for the Unmarried Mother and Child», la «British Federation», la Liga de las Naciones sobre Derechos de la Mujer, la «International Woman Suffrage Alliance» o la «Ligue Internationale des femmes pour la Paix et la Liberté», entre otras.

Asimismo, se ha conservado una magnífica colección de cartas entre ellas, la correspondencia de María de Maeztu con los padres o tutores de las alumnas, con personas que las recomiendan, con las propias residentes y con destacadas personalidades de la época como Alberti, Zenobia Camprubí, María Goyri, Luis Jiménez de Asúa, Gregorio Marañón, Concha Espina, Azorín, Baroja, Clara Campoamor, Victoria Kent, Unamuno, Valle Inclán, María Zambrano, etc.

En el material rescatado, además, se conservaba todo lo relativo a las reformas hechas en los edificios que ocuparon (planos, pliegos de condiciones, jornales…), balances de ingresos y gastos, inventarios, el Sello de la institución, documentación relativa a los aspectos académicos, el régimen interno y de las relaciones externas mantenidas, actividades docentes, expedientes académicos y personales de las residentes, clases que se ofrecían, sobre la biblioteca o el laboratorio de química.











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