ROSA BONHEUR, LA PINTORA DE LOS ANIMALES

Esta pintora francesa, que convirtió su amor por la naturaleza y los animales en arte, fue la primera mujer en recibir la Legión de Honor y otros tantos galardones como reconocimiento de su obra.

Paradójicamente, la vida excéntrica que llevaba Rosa Bonheur, era feminista, lesbiana, convivió con mujeres y tenía la costumbre de vestir ropa masculina, no provocó escándalo alguno en una época tan preocupada por los convencionalismos.

La feria de caballos
Pintora por herencia

Marie Rosalie Bonheur, llamada Rosa Bonheur (1822-1899), fue una pintora e ilustradora francesa, hija y hermana de artistas.

Su padre, Raymond Bonheur, fue pintor, y al igual que a sus tres hermanos, la ayudó en su desarrollo artístico desde que ella era aún una niña.

Pero la influencia de su padre no sólo fue artística, también influyó en su personalidad y pensamiento. Durante la infancia de Rosa, Raymond Bonheur estaba involucrado con los sansimonianos, un grupo político establecido en el pequeño pueblo de Ménilmontant. Los sansimonianos defendían una forma de socialismo que se expresaba el deseo de la igualdad de mujeres y hombres y la abolición de las diferencias de clase, entre otros objetivos. La asociación de su padre con este grupo contribuyó a la perspectiva liberal y personalidad desafiante de Rosa: usaba vestimenta masculina, llevaba el pelo corto y fumaba habanos, lo que le granjeó el desdén y la incomprensión de muchos. 

León descansando
Con todo ello, se ganó la reputación de “marimacho”, pero a ella no le importó («Yo era el más muchacho de todos»), una reputación que la siguió toda su vida y que no se preocupó en desmentir.

Con estas nuevas ideas en su mente y después de varios intentos fallidos de internado y un aprendizaje con una modista, Rosa comenzó su formación artística con su padre a la edad de trece años. 

Nunca asistió a clases de arte de las tradicionales academias, ya que a las mujeres como no se les permitía el acceso, pero progresó bajo la tutela artística de su padre. Comenzó su entrenamiento copiando grabados y moldes de yeso, haciendo dibujo bodegones y más tarde copiando pinturas de los maestros en el Louvre. Pero su padre consideró esta formación insuficiente y animó a sus hijos a dibujar directamente de la naturaleza, algo que tenían fácil ya que vivían en el campo.

Pero Rosa fue más allá, iba a las ferias de caballos y a los mataderos de París con el fin de tener una comprensión más profunda de los animales y su fisonomía.

Especialista en animales

Su gran amor por la naturaleza le llevó, pues, a especializarse en pintura de animales, con representaciones luminosas y realistas, vinculadas a la pintura de paisaje y la tradición realista, de los que realizó innumerables estudios y bocetos. 

La labranza de Nevers
Pero para Rosa lo esencial no sólo era plasmar la belleza de los animales, sino el respeto hacia estos porque ella creía que todo ser vivo tiene un alma, y eso es lo que trata de plasmar en sus obras mediante representaciones increíblemente precisas. El mundo de la naturaleza y los animales serían sus temas casi exclusivos durante su trayectoria artística.

Más tarde, Rosa poseerá muchos animales, incluyendo caballos, leones, e incluso una nutria. 

Con veintiún años expuso por primera vez en el Salón Oficial de Paris. En 1945 obtuvo una medalla de tercera clase y tres años después la de oro , Dos años después Cinco años más tarde obtuvo la medalla de oro. El año siguiente, expuso Labourage nivernais («La labranza de Nevers», Museo de Orsay), encargo estatal. Con la Feria de caballos (MET, Nueva York), presentado en el Salón de 1853. En el Salón de 1855 presentó el que sería su gran lanzamiento: la "Feria de caballos" que le dio, no sólo la medalla de oro, sino fama internacional. Nunca antes un pintor había exhibido una obra de esa temática que tuviera tanta fuerza y fuera de ese tamaño.

Esta fama internacional le permitió viajar por muchos países de Europa y Estados Unidos, así como conocer a personalidades como la reina Victoria, la emperatriz Eugenia e incluso Búfalo Bill.

No volvió a exhibir hasta la Exposición Universal de 1867.

Buffalo Bill
A principios de su carrera, también exhibió esculturas, pero decidió abandonar esta faceta a favor de su hermano, al que se le daba mejor y por no hacerle sombra.

A partir de 1849 va a establecer su propio estudio con su compañera sentimental, la también pintora Nathalie Micas.

Durante los años siguientes sus obras serán reproducidas por Lefèvre en Londres y Goupil y Peyrol en París, lo que aumentará su fama.

Sus formas inusuales de tratar el tema animal en sus obras atrajo una considerable atención del público, lo que se tradujo en que se convirtiera una de las artistas más originales del siglo XIX.

Una vida excéntrica

La forma de actuar de Rosa, así como su personalidad, la sitúan cercana al feminismo temprano. Ella escribió al respecto que "el sexo al que orgullosamente pertenezco y cuya independencia voy a defender hasta el día de mi muerte".

Fue, además, una lesbiana declarada. Vivió dos relaciones amorosas, una con Nathalie Micas, a la que conoció en 1837 (Rosa tenía 14 años y Nathalie 12), y que se convirtió en pintora, como ella, y de la que no se separó hasta su muerte, en el año 1889; y otra, después de la muerte de Nathalie, con la estadounidense Anna Klumpke, también pintora, con la que vivió diez años, hasta su propia muerte y a la que declararía su heredera universal.

Añadir leyenda
Nunca dejó de usar ropa masculina, de hecho, se cuenta la anécdota en su biografía de que Rosa Bonheur tuvo que solicitar a las autoridades policiales la autorización para vestirse de hombre - o más concretamente, llevar pantalones - para frecuentar las ferias de ganado (autorización renovable cada seis meses por la prefectura de París). Sobre este tema ella escribió: "Me di cuenta que la ropa femenina era una constante molestia. Por eso decidí solicitar la autorización para vestir ropa de hombre al prefecto de policía. Pero el traje que llevo es mi traje de trabajo, no significa nada más. Lo que digan los imbéciles no me ha preocupado nunca."

Lo que no deja de resultar curioso es que esta vida excéntrica que llevaba Rosa no fuera motivo de escándalo en una sociedad harto preocupada por las convicciones morales.

La fama y los continuos viajes dejaron exhausta a Rosa, por lo que decidió en 1859 decidió retirarse al campo, estableciendo su residencia permanente en Al, cerca del bosque de Fontainebleau, pero no dejó de pintar hasta su muerte el 25 de mayo de 1899. Tenía setenta y ocho años de edad. 

Rosa Bonheur fue siempre recordada por su fidelidad a la naturaleza y los animales, pero también por su carácter independiente, su buen corazón, su generosidad y su espontaneidad.

Rosa Bonheur obtuvo a lo largo de su carrera muchos y prestigiosos galardones internacionales, normalmente reservados sólo para los hombres, como: Caballero de la Legión de Honor en 1894, siendo la primera mujer artista en recibirlo, otorgado por la emperatriz; miembro honorario de la Academia de Pensilvania de Bellas Artes y de la Societé de Artistes Belges (1863); Cruz de San Carlos de México, otorgado a ella por el emperador Maximiliano y la emperatriz Carlota (1865); membresía en la Academia de Bellas Artes de Amberes, Bélgica (1868); Cruz de Comendador de la Real Orden de Isabel (por Alfonso XII); Cruz Católica y la Cruz Leopold presentados por Leopoldo de Bélgica (1880); miembro honorario de la Real Academia de Acuarelistas de Londres y Mérite des Beaux-Arts de Sajonia-Coburgo-Gotha (1885).





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