CAMILLE CLAUDEL, LA ESCULTORA DE LA TUMBA SIN NOMBRE

La relación entre Camille Claudel y Rodin fue en un principio la habitual entre un discípulo y su maestro, pero no pasó mucho tiempo antes de convertirse en su colaboradora, musa y amante.

A pesar del éxito de sus obras, los continuos fracasos sentimentales llevaron a Camille a una serie de crisis nerviosas que acabaron obligándola a pasar los últimos treinta años de su vida recluida en un manicomio.

Camille
Una tormentosa relación con Rodin

Desde muy joven, Camille Claudel (1864-1943) se sintió atraída por la escultura. En 1883 llega a París desde su Champagne natal con el fin de perfeccionar su arte e inicia sus estudios junto a Paul Dubois –por aquel entonces director de la Escuela de Bellas Artes de París–. Más tarde ingresará en la prestigiosa Academia Colarussi.

Por aquella época la joven Camille conoció al también escultor Auguste Rodin, cuando este sustituye en una clase de su amigo Alfred Boucher. Al año siguiente, Camille empieza a trabajar en el taller de Rodin.

Camille era joven, temperamental, bella e inteligente, por lo que aparte de convertirse rápidamente en una de las principales colaboradoras de Rodin (le ayudó en algunas de sus obras más famosas como “La puerta del infierno”), no tardó en tampoco en ser su modelo, su musa (le inspiró obras como La Danaide o Fugit Amor) y  su amante y compañera durante algunos años, aunque él le superaba ampliamente la edad.

La edad madura
La colaboración entre ambos artistas enriquece sus obras, pero su relación personal está llena de enfrentamientos, encuentros y desencuentros y continuas crisis.

En 1886 Rodin firmó con Camille un contrato en el que se comprometió a sostenerla como artista, casarse con ella y renunciar a otras mujeres. Pero el corazón de Rodin pertenecía a otra mujer, Rose Beuret, con quien acabaría casándose al final de su vida, y a quien no tiene intención de abandonar para casarse con Camille.

Esta situación será la inspiración de una de las obras más importantes de Camille: La edad madura. Esta escultura representa a la artista arrodillada y suplicante, dirigiendo sus manos hacia Rodin, quien le da la espalda mientras una mujer medio ángel-medio bruja, que representa a Rose Beuret, se lo lleva.

Busto de Rodin
Pese a todo, la relación se mantuvo durante varios años. Durante el tiempo que estuvieron juntos, Camille y Rodin  viajaron por diferentes regiones de Francia y de Inglaterra (posiblemente para ocultar un embarazo que finalmente se malogró), abriendo dos años después ambos un taller.
Las continuas desavenencias y el no cumplimiento de sus promesas, llevaron a Camille a romper con Rodin en 1892, aunque seguiría viéndole a menudo durante otros seis años.

Tras la ruptura con Rodin, la escultora inició una nueva relación sentimental con el músico claude Debussy, pero ella continuó el complicado vínculo con Rodin de quien está nuevamente embarazada. Sin embargo, esa nueva relación también acabó en fracaso, pues Debussy también mantenía otras relaciones con mujeres al mismo tiempo.

Su obra versus vida personal

Mientras que su vida personal iba de fracaso en fracaso, sus obras alcanzan cierto éxito y la crítica se deshacía en elogios hacia su obra, apareciendo con frecuencia artículos sobre ella en las revistas de arte. Pero Camille, invadida por una crisis emocional, se encierra en su taller y se aleja del mundo, siempre cansada, desalentada y considerando responsable de su estado anímico y artístico a Rodin.

La ola
Aunque Camille siempre sintió que los críticos la consideraron como una simple discípula de Rodin, lo cierto es que los expertos hoy día destacan la obra de la escultora, a pesar de ser muy cercana a la de su maestro, por tener un toque personal y femenino, sin ser nunca una copia de su maestro. Pero Camille Claudel, antes de conocer a Rodin ya había realizado obras importantes, como La vieja Helena o Busto de vieja.

Desde 1906, la artista inició la destrucción de parte de su obra, sobre todo los yesos y trabajos en cera, cosa que repitió en diferentes ocasiones ante noticias adversas.

En 1912, mientras sus esculturas en bronce de la colección Blot eran expuestas en Roma, la escultora vivió en la miseria y el abandono ya que su familia dejó de enviarle dinero.

Crisis, locura y muerte

Camille vivió una vida demasiado adelantada para su tiempo: bohemia, libre e independiente, algo que ni la sociedad ni su familia le perdonaron nunca.

El vals
Ello, unido al fracaso de su vida sentimental hizo que Camille se sintiera siempre desesperada y que lógicamente fuese haciendo mella en el ánimo de la artista.

Con el comienzo del siglo, Camille comienza a sufrir continuas crisis nerviosas que en ocasiones la llevaron a destruir algunas de sus obras ante la atónita mirada de críticos y admiradores.

Su estado mental fue empeorando con el tiempo, pues se encerró en su piso de la calle Bourbon de París, donde vivía rodeada de gatos y gritaba a todas horas. Aunque la mayor parte de su familia –y en especial su madre y hermana– quisieron ingresarla en una institución psiquiátrica, su padre siempre se opuso.

Pero el 3 de marzo de 1913 murió el padre de Camille y el 10 del mismo mes sus familiares consiguieron internarla en un manicomio –primero en el sanatorio de Ville-Evrard, y más tarde en el de Montdevergues, en Avignon.

Camille había llevado una forma de vida que resultaba inaceptable para una mujer a ojos de la rígida moral de la época –siempre, además, a espaldas de parte de su familia–, así que su madre y su hermana vieron en su enfermedad mental la ocasión perfecta para deshacerse de su incómodo comportamiento.

La pequeña castellana
Ni siquiera cuando años después parecía haber recobrado la salud y suplicó a su hermano Paul que la sacara de aquel lugar hicieron caso a sus ruegos. De hecho, la familia prohibió tajantemente que pudiera recibir visitas de sus antiguos amigos y admiradores.

Así, encerrada en un psiquiátrico, pasó Camille sus últimos treinta años, hasta su muerte en 1943.
Incluso una vez muerta, fue víctima del olvido. Acabó enterrada en una tumba sin nombre, sólo con los números 1943 -n392, en el pequeño cementerio de la institución mental de Montdevergues.

Cuando su hermano Paul falleció en 1955, algunos familiares y admiradores decidieron recuperar sus restos y darle una sepultura digna, pero unas obras en el sanatorio años atrás  habían removido el lugar del enterramiento, sobre todo de las tumbas que ningún familiar reclamaba, y sus restos habían desaparecido.Hoy un humilde monumento recuerda en el cementerio de Montfavet a la genial escultora.

Sus obras se encuentran repartidas por museos de todo el mundo y a juicio de los expertos nada tienen que envidiar al de quien un día fue su compañero, amante y maestro. Rodin.


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