MARÍA DE LEJÁRRAGA: LA HISTORIA DE UN EXPOLIO LITERARIO

María de Lejárraga fue una prolífica autora de exitosas obras literarias, pero también muy activa como política y feminista. 

Sin embargo, desde que se casara con Gregorio Martínez Sierra, María de Lejárraga permitió que su esposo firmara como propias las piezas literarias que ella escribía.

María de Lejárraga
Una autora silenciada

María de la O Lejárraga García (1874-1974) nació en San Millán de la Cogolla, La Rioja, en el seno de la familia acomodada.

En Madrid realizaría sus estudios superiores en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, institución de la cual luego fue profesora.

Pero María de Lejárraga tenía también inquietudes literarias que, sin embargo, chocaban con la sociedad que le tocó vivir.

No obstante, en 1899, publicó su primer libro: “Cuentos breves, lecturas recreativas para niños” obra que, paradójicamente, será la única que firmará con su nombre.

En 1900, María contraerá matrimonio con Gregorio Martínez Sierra, escritor, dramaturgo y empresario teatral del Modernismo español y siete años más joven que ella. A partir de ese momento, la escritora adoptaría los apellidos de su marido con los que sería también conocida  artísticamente.

Un matrimonio eclipsante

Los biógrafos y estudiosos de la vida y la obra de María de Lejárraga hablan abiertamente de que estuvo siempre sometida a su marido, en un auténtico estado de explotación, y todo por amor. Pero su amor por Gregorio no fue ni mucho menos correspondido. Al contrario.

Martínez Sierra, supuestamente, escribía las obras que montaba como productor teatral, aunque en realidad, era un secreto a voces que la verdadera autoría de las obras correspondía a María.

Antes de morir, Gregorio dejaría firmado un escrito en el que reconocía la coautoría de su mujer, pero él reclamaba estos derechos para sí.

Incluso, se ha reconocido que obras de otros autores, como fue el caso de El pavo real de Eduardo Marquina, fueron también escritas por María Lejárraga y que Marquina contribuyó exclusiva o primordialmente a su versificación.


María con su marido 
Pero María no sólo fue traicionada artísticamente por su marido. Tuvo que consentir que la actriz Catalina Bárcena se convirtiera, no sólo en la amante de Gregorio, sino que interpretara las obras que ella escribía y con las que su marido se convirtió en un exitoso empresario.

Aquel escándalo de amores adúlteros consentidos y de saqueos artísticos en los que Gregorio explotó el talento de su mujer, se convirtió en la comidilla del Madrid de la época, dando lugar a innumerables chascarrillos y chistes jocosos. Finalmente, Gregorio abandonaría a María por la actriz.

Una escritora olvidada

María de Lejárraga fue una autora fructífera, tanto en el campo de la novelística como el de la dramaturgia.

Entre sus novelas, “Tú eres la paz”, publicada en 1906, constituyó un auténtico éxito de ventas.
En el campo de la dramaturgia “Canción de cuna” (1911) está traducida a varios idiomas y llevada al cine en cuatro ocasiones. La primera en Hollywood en 1933 (“Cradle song”, protagonizada por Dorotea Wieck); la segunda en Argentina en 1941; la tercera versión, de 1961, dirigida por José María Elorrieta y la última de la mano de José Luis Garci en 1994. Sin embargo, la obra siempre apareció como un texto salido de la pluma de Martínez Sierra.

También creó los libretos de dos de las más grandes obras musicales de Manuel de Falla: “El Amor Brujo” y “El Sombrero de Tres Picos”.

Fue traductora de Shakespeare, Ionesco, Sthendal, Sartre, Ibsen o Maeterlink.

Durante años, su “Granada, guía emocional”, por supuesto firmaba su marido, fue durante años considerada como una guía de viajes clave.

Además, María Lejárraga y Martínez Sierra fundaron revistas como 'Renacimiento' o 'Helios', que fueron plataformas de difusión del modernismo en España.

La implicación de María con el pueblo y la labor de justicia social quedó plasmada en los libros 'Una mujer por los caminos de España', 'Cartas a las mujeres de España' o 'La mujer moderna'. Por eso, en este sentido, muchos de sus investigadores consideran de difícil explicación como una mujer que postuló la independencia femenina fuera la misma que luego optaba por esconder su nombre, dejar que su marido triunfara y que la amante de este se llevara los aplausos en el escenario al recitar lo que ella escribía. Es decir, que optara por el camino de la sumisión, del silencio y la invisibilidad como autora.

María Lejárraga sólo luchó por la autoría de sus textos cuando la hija que Martínez Sierra tuvo con la actriz Catalina Bárcenas reclamó los derechos de autor de sus obras. Fue entonces cuando ella escribió, ya en el exilio, unas memorias, 'Gregorio y yo. Medio siglo de colaboración', en las que desvelaba en parte aquella arquitectura del engaño. Sin embargo, no ajustaba cuentas sobre la autoría de las obras, pero era evidente la verdad que desvelaba. Así lo demuestra en la dedicatoria: "A la Sombra que acaso habrá venido -como tantas veces cuando tenía cuerpo y ojos con que mirar- a inclinarse sobre mi hombro para leer lo que yo iba escribiendo".

María en el exilio
En el exilio

María de Lejárraga no sólo fue una feminista convencida, sino también una activa militante política como miembro del Partido Socialista. En política, centró su labor en conferencias destinadas a la formación cultural de la mujer. En los años de la República fue presidenta de la Asociación Femenina de Educación Cívica y diputada socialista por Granada (elegida en 1933), ciudad con la que siempre tuvo una estrecha vinculación. También sería designada vicepresidenta de la Comisión de Instrucción Pública.
  
Sorprendida en Madrid por la Guerra Civil, María se verá obligada a ir al exilio.  Primero se trasladará a Niza, donde sufrirá interminables penurias durante la II Guerra Mundial. Posteriormente, residirá un tiempo en Estados Unidos, donde para poder vivir llevó un guión a Walt Disney titulado 'Merlín y Viviana', pero no tuvo noticia del texto. Poco después vio en el cine la película 'La dama y el vagabundo' inspirada claramente en su historia.

De allí pasaría a México, en 1954, y más tarde a Argentina, donde reanudó su actividad literaria con el nombre de María Martínez Sierra. Finalmente, murió en Buenos Aires, el 28 de junio de 1974, poco antes de cumplir cien años.

El legado de María de Lejárraga como literata, política, feminista, periodista y traductora es tan indiscutible como desconocido y olvidado.


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