JULIO ROMERO DE TORRES: EL PINTOR DE LA MUJER MORENA

La producción pictórica de Julio Romero de Torres abarca desde paisajes hasta bodegones, pero sobres todo, fue un pintor de retratos de los que realizó más de 500.

La mujer, los temas andaluces y el flamenco, pero sobre todo el desnudo femenino, van a caracterizar los lienzos de la última etapa creativa del pintor.

Sus primeros años

Julio Romero de Torres nació en Córdoba (España) un 9 de noviembre de 1874 siendo uno de los ocho hijos del también pintor Rafael Romero Barros quien había llegado a la ciudad, en 1862, como conservador del Museo de pinturas y se había instalado en una vivienda, aneja al mismo, con su familia.

Este ambiente social, cultural y especialmente artístico (estaban rodeados de las salas del museo y las aulas de la Escuela y Conservatorio de Música, instaladas en el mismo recinto) marcará la trayectoria de los miembros de esta familia, y también del pequeño Julio.

Como director del Museo de Bellas Artes de Córdoba, a los diez años, su padre le encauzará en su vocación artística, cuyas dotes ya apuntaba, poniéndole bajo sus órdenes para el aprendizaje de la técnica.

De esta forma, y en su afán por aprender, el joven pintor conoció pronto todos los movimientos artísticos dominantes de esa época en la ciudad. Pero poco a poco irá también acercándose a los ambientes culturales de Madrid, de cuyos círculos más selectos llegará a formar parte con el paso de los años, introducido por Valle-Inclán.

Ya en estos primeros años de formación ligada al entorno familiar, comienza a recibir tempranos reconocimientos a su labor como pintor. Con catorce años, se le concederá el primero de los premios de su vida, de los muchos que tuvo: una medalla de segunda clase en un certamen de la Escuela Provincial de Bellas Artes.

A partir de 1896, su actividad como pintor es constante, pero también como ilustrador de diversas publicaciones periódicas, cartelista y docente 8será auxiliar de colorido y Composición en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Córdoba y en 1916 profesor de Dibujo del antiguo y Ropaje en lo que hoy es la Escuela de Bellas Artes de San Fernando). En 1913 será nombrado vocal del patronato del Museo de Bellas Artes de Córdoba y al año siguiente será nombrado ayudante del director.

El 30 de octubre de 1899 contrae matrimonio con la corbobesa Francisca Pellicer López con la que tendrá tres hijos.

Su integración en la vida cultural de Córdoba va consolidándose en torno a la Academia de Ciencias, Nobles Artes y Bellas Letras, al Ateneo y a la Sociedad Económica de Amigos del País, y con la asistencia a las diversas tertulias literarias y artísticas que se celebraban en la ciudad.

En 1915, Romero de Torres se establece en la madrileña Carrera de San Jerónimo e instala su estudio en el  Palacio de Longoria, famoso edificio modernista actualmente sede la Sociedad General de Autores.

Sus relaciones sociales se multiplican y diversifican. En 1923 la reina María Cristina visita su estudio madrileño, como hizo su hijo Alfonso XIII, al año siguiente, en su visita a Córdoba. También entonces se le concede la medalla de la Cruz Roja.

Tras la instalación en su estudio madrileño vuelve a las exposiciones nacionales, a las que no concurría desde hacía varios años.

Hacia 1929 se acentúan los síntomas de su enfermedad hepática. Esto, junto a la progresiva muerte de algunos de sus amigos más cercanos hacen mella en el ánimo y en la salud y regresa a Córdoba para residir en la vivienda del Museo de Bellas Artes donde continuaba su familia.

Aun así, Romero de Torres sigue llevando a cabo sus numerosos encargos, pero su delicado estado de salud le hacen rechazar otros como el ofrecimiento del Ministerio de Instrucción de Bolivia para dirigir, junto a su amigo Valentín de Zubiaurre, la Academia de Bellas Artes de Potosí. 

Fallece el 10 de mayo de 1930 en su casa de Córdoba.

Su obra

Las primeras obras de Romero de Torres están marcadas por el iluminismo, pero su producción pasará por el modernismo, el simbolismo y finalmente el realismo que expresa en sus paisajes y bodegones, así como en sus obras de pintura social.

Sus obras están repletas de simbolismo (sus paisajes se convierten en alegorías) y se caracterizan por un estudio minucioso de cada elemento del cuadro y una gran precisión en la figura humana. También se puede apreciar, según los expertos, precisión en las formas y el dibujo (técnica que mantendrá toda su vida).

La luz de sus cuadros siempre es suave en el ropaje y la piel de los modelos, aunque no así en los escenarios que los dotará de una extraña luz y una poética artificiosa.

Paralelamente a la pintura, también se dedicó a una actividad que gozó de gran interés entre sus contemporáneos: el diseño de originales para carteles Participó de la corriente francesa del cartel como medio de comunicación publicitaria y realiza una serie de obras en las que se integra en la nueva tendencia.

Su obra mística es una simbiosis de religiosidad y paganismo, y está influida por los pintores barrocos del XVII. Su particular interpretación de los pasajes evangélicos y bíblicos adquiere una profana sensualidad que da origen a sus personales interpretaciones.

Su interés por el flamenco, el cante y el baile, se manifiesta en buena parte de sus pinturas, representando a artistas de la época y símbolos esenciales de su tierra andaluza como, por ejemplo, la guitarra.

También tiene en su producción artística obras en las que se puede apreciar su amor y apego a su ciudad, Córdoba, donde se hacen protagonistas sus plazas, su río, sus monumentos y sus costumbres.

Pero Julio Romero de Torres era fundamentalmente retratista. Llevó a cabo más de 500 retratos, dedicándole a la mujer gran parte de esa producción. Llevó a sus lienzos a personajes del mundo de la política, de la literatura, del espectáculo y de la sociedad, tanto a aristócratas como a personas de las clases más populares. Pero donde el pintor alcanzaba su máxima capacidad de creación era cuando no estaba limitado por el parecido del retrato de encargo. Muchos de estos retratos son estudios de expresión.

En la última etapa de su vida, sobre el retrato, predomina el desnudo femenino, realizando los lienzos más emblemáticos de su trayectoria (La Chiquita Piconera,; Viva el pelo; La Copla; La nieta de la Trini, Ofrenda al arte torero, Naranjas y Limones o Contrariedad).

Su legado

Cuando falleció Julio Romero de Torres, su viuda, Francisca Pellicer y sus tres hijos, decidieron crear un museo que albergase la producción pictórica del artista y dedicarlo así a su memoria. Pero dicha producción se legaría a la ciudad de Córdoba con la condición de que su acceso fuese gratuito (hoy la entrada es gratuita al público, si se es ciudadano de la U.E). 

De esta manera, el 23 de noviembre de 1931 se crea el museo siendo inaugurado por parte del entonces presidente de la república, Niceto Alcalá Zamora. Un año después se amplía y se reinaugura en 1936 tal y como está ahora.

El grueso de las obras de Romero de Torres, pues, se encuentran en este museo, donde se puede admirar el amplio repertorio de cuadros que fueron donados por su familia, por coleccionistas privados o comprados por el Ayuntamiento.

Sin embargo, en otros museos como en el Carmen Thyssen de Málaga también se pueden ver algunas de sus obras como La Buenaventura, Feria de Córdoba o La monja.

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