JUANELO TURRIANO: EL ARQUITECTO, INGENIERO Y RELOJERO REAL QUE OLVIDÓ LA HISTORIA

Fue matemático, arquitecto, ingeniero, inventor, relojero real y astrónomo en las cortes de Carlos I y Felipe II.

Su gran invento, sin precedentes en la épcoa, fue un artificio para bombear agua desde el río Tajo hasta el Alcázar y la ciudad de Toledo a 100 metros de altitud.

Turriano
Carlos I

Se desconoce la fecha en la que nació Giovanni Torriani, que será posteriormente conocido en España como Juanelo Turriano, en Cremona (Italia), pero si que fue en el año 1501.

Se dice que no llegó a tener una educación formal y nunca dominó el latín, la lengua del conocimiento en su época. Pero tampoco encaja en la figura del campesino autodidacta. Se cree que su padre podría haber sido poseedor de dos molinos, y allí pudo empezar a aprender algo de mecánica”, comenta Revuelta.

Parece ser que cuando tuvo la edad suficiente, Juanelo entró como aprendiz en un taller de relojería, donde aprendió el oficio. En esa época un reloj era la tecnología más puntera y vanguardista del momento: se basaban en algo tan complejo como el movimiento del universo. Había que saber matemáticas, astronomía, mecánica, etc.

Con el tiempo, se convirtió en maestro relojero y su habilidad le hizo famoso. En 1529, cuando Juanelo apenas tiene veintiocho años, Carlos V le contrata y le nombra Relojero Real. Para él construyó dos relojes astronómicos. Uno de ellos, el Cristalino, se considera el reloj más preciso de la época, y además de la hora, marcaba la posición de los planetas, el sol y la luna a cada minuto.

Carlos V
Algunas fuentes apuntan a que participó como arquitecto en la construcción del palacio de Yuste que Carlos V encargó para su retiro hacia el final de su vida, aunque otras apuntan a que su papel fue muy pequeño, en todo caso alguna reforma menor.

Otra de las leyendas en torno a su figura está relacionada con la muerte del rey: algunas fuentes aseguran que uno de los estanques diseñados por Turriano en Yuste generó una acumulación de aguas estancadas en la que proliferaron los mosquitos. Uno de ellos picó al monarca, que enfermó de paludismo y murió semanas después.

Felipe II

Cuando Felipe II subió al trono nombró a Turriano Matemático Mayor. En 1582, bajo  petición del Papa, recibió el encargo del monarca de presentar una propuesta para reformar el calendario juliano, vigente desde el año 46 a.C. El problema que planteaba (y obsesionaba al docto papa Gregorio XIII) era el hecho de que el año juliano tenía 11 minutos y 14 segundos más que el año solar lo que había provocado que la diferencia acumulada hiciera que el equinoccio de primavera se adelantara en diez días.

El informe que escribió con sus ideas es uno de los pocos documentos de Juanelo que se conservan, y que los estudiosos han analizado al detalle. Finalmente su propuesta no fue la elegida por el Papa, pero que el rey se la encargase a él es una prueba de la consideración que se le tenía y de que era uno de los sabios indiscutibles de su época.

En su vuelta a España, recibiría el encargo de Juan de Herrera de diseñar las campanas del Monasterio de El Escorial.

Toledo

Cinco años después de su llegada a España, Turriano trabajaría y viviría, excepto los periodos en los que tenía que desarrollar algún proyecto, en la ciudad de Toledo hasta su muerte.

Mecanismo de las campanas de El Escorial

Se dice que allí inventó y construyó muchos artilugios. Se dice que era muy aficionado a construir pequeños autómatas, juguetes que encandilaban a todo el que los veía. Entre ellos destacaría uno de madera llamado el Hombre de palo. Existen dudas sobre su naturaleza y función, pero la leyenda más extendida afirma que consistía en un aparato antropomórfico de madera, construido con el fin de recolectar limosnas, y con capacidad para mover piernas y brazos. Algunas versiones van más allá y dicen que dicho artefacto era capaz de andar buscando la caridad de los viandantes, y que incluso era capaz de inclinarse en una reverencia cuando recibía alguna moneda. 

No hay muchos documentos históricos acerca de la naturaleza del autómata, ya que fue quemado cuando aún Turriano estaba con vida, pero ha quedado constancia del punto donde se localizaba: la antigua calle de las Asaderías de Toledo, actualmente denominada "Calle del Hombre de Palo". Existe una curiosa teoría, según la cual El Greco, en su obra “El entierro del Conde de Orgaz” expone quiénes ocultaron el armazón del autómata. Para ello, se basa en las escenas que adornan las vestiduras de las apariciones celestiales, en el misterioso monje de hábito gris, y en el paje que, en primer término, señala claramente el símbolo rosacruz en una de las túnicas.

Además inventó una especie de ametralladora rudimentaria y algunas máquinas voladoras, diseñadas y también construidas por él.

El Artificio de Juanelo

Pero por lo que es más conocido es por la máquina hidráulica que construyó para subir el agua a Toledo desde el río Tajo salvando un desnivel de más de 100 metros. Fue uno de los grandes inventos del Renacimiento y alcanzó gran popularidad nacional e internacional, siendo mencionado por muchos escritores del Siglo de Oro en sus obras. Hasta aquella obra sólo se había conseguido subir agua a 40 metros con un tornillo de Arquímedes en Habsburgo.

Reproducción del artificio de Juanelo
Esta maquinaria fue conocida como el Ingenio de Toledo o Artificio de Juanelo. Sobre su funcionamiento hay aún controversias porque no existe documentación al respecto (Juanelo no era amigo de dibujar planos o escribir tratados, como sí lo fue Da Vinci, por ejemplo). Lo cierto es que los historiadores consideran que la máquina conseguía llevar el agua del río Tajo hasta el Alcázar mediante la propia energía hidráulica del río. Constaba de gran cantidad de «cucharas» o «brazos de madera», engranados de modo ingenioso, que se iban pasando el agua los unos a los otros, en altura creciente, de tal manera que podía elevar gran cantidad de agua salvando el desnivel. Al parecer se mantuvo en funcionamiento, con un rendimiento cada vez menor a medida que envejecía y se deterioraba, hasta el año 1639. Se ha calculado que en su mejor momento podía ascender en torno a 16-17 metros cúbicos al día (16-17 mil litros).

Según las fuentes escritas, se construyeron dos artificios semejantes: el primero, encargado por el Ayuntamiento, debía llevar el agua hasta el Alcázar como cota más alta de la ciudad, pero el rey, propietario del Alcázar, se negó a repartir estas aguas con la ciudad. Así, el ayuntamiento encargó otro, que Juanelo ejecutó. Las autoridades de la ciudad pusieron la condición de que recibiría el pago de la obra cuando estuviese en marcha y probase su utilidad, algo que ocurrió en 1569. Sin embargo, algunos documentos apuntan a que nunca recibió el dinero.

Ruinas del artificio
El problema para Juanelo fue que nadie se quiso hacer cargo del pago del primero de los artificios: el Ayuntamiento porque no recibía las aguas y el rey porque no había firmado ningún contrato y, al parecer, por el segundo (acabado en 1581) tampoco se cumplirían las condiciones económicas acordadas. Lo cierto es que cuando Turriano murió el 13 de junio de 1585 estaba completamente arruinado y fue enterrado modestamente en un convento toledano.

Según algunos autores, que esto también es un poco exagerado. Al parecer existen cartas de Juanelo quejándose de que le pagaban tarde, y mal, pero que su hija y su nieto recibieron una pensión por ello. Que a él se le pagó muy poco, pero que algo sí recibió.

Lo que sí parece cierto es que sus dos Artificios funcionaron durante décadas, aunque con el uso y debido al robo de las piezas se fueron deteriorando, hasta que se desmantelaron en 1640. Se calcula que durante los años de pleno rendimiento llegaron a transportar entre 16 y 17 metros cúbicos de agua al día (entre 16.000 y 17.000 litros).

Cuadro de El Greco donde se ve el artificio de Juanelo
A Juanelo se le ha atribuido también ser autor de los Veintiún Libros de los Ingenios y Máquinas, aunque otros historiadores consideran que el léxico descarta su autoría. Al parecer también escribió otros muchos libros y tratados, aunque como eran de temas militares se consideraron secretos en la época en la que vivió y no llegaron a ver la luz en su momento, siendo publicados muchos años después.

La fama de Juanelo tampoco le sobrevivió muchos años gracias a la falta de documentación sobre su vida (se dice que era hosco y con un fuerte carácter que le hacía tener pocos amigos con los que haber tenido correspondencia y que el trabajo lo hacía a su aire, sin prisas). Sólo han quedado de él un puñado de escritos, sobre todo contratos y otros documentos legales, así como su testamento.
Solamente Toledo, la ciudad donde vivió y que se benefició de la mayor de sus obras, guarda un recuerdo para este inventor, y allí algunas anécdotas de su vida han persistido, moldeándose hasta convertirse en leyenda.

En la Fundación Juanelo Turriano se puede conocer más de este genio, y sus mecanismos, olvidado por la historia.

Entradas populares de este blog

EL “REGALO” DE ARTE DE FERNANDO VII A WELLINGTON TRAS LA GUERRA DE INDEPENDENCIA

LA REVOLUCIÓN RUSA DE LA PINTURA: DEL REALISMO AL IMPRESIONISMO

LOS PINTORES DE SKAGEN