ARCIMBOLDO: ESE EXTRAÑO PINTOR DEL RENACIMIENTO

Es conocido sobre todo por sus representaciones del rostro humano a partir de flores, frutas, plantas, animales u objetos que serían precursores del surrealismo.

Sus creaciones consistían en ilusiones ópticas a partir de representaciones de objetos colocados de tal manera que todo el conjunto tenía una semejanza reconocible con el sujeto retratado.


 Sus inicios

Giuseppe Arcimboldo nació en 1530 en la ciudad de Milán (Italia), en el seno de una familia de artistas, de origen alemán.

Su padre trabajaba como pintor en la Catedral de Milán y muy pronto Giuseppe lo acompañó en el diseño de vitrales y en la tapicería.

Se educó en su ciudad natal y trabajó como proveedor de cartones para las vidrieras de la catedral milanesa.

Estudió los grabados alemanes del último gótico y los dibujos de leonardo da Vinci.

Sus extraños retratos caricaturescos donde construía el semblante humano mediante flores, frutas, verduras yanimales tuvieron mucho éxito en su época.


Desde 1562 vive en Praga al servicio del emperador Fernando I y de Maximiliano II que en 1565 le nombró su pintor de corte.

Sin embargo, Giuseppe Arcimboldo falleció el 11 de julio de 1530 en Milán. 

Su original técnica

A Arcimboldo (junto con el Bosco) se le considera uno de los pintores más original del Renacimiento, un genio que con sus extraños retratos parece anticipar extrañamente vanguardias del siglo XX tales como el surrealismo.


Las extrañas obras de Arcimboldo, especialmente sus imágenes múltiples, fueron redescubiertas a principios del siglo XX por artistas surrealista como Salvador Dalí, reflejándolo en algunas obras parecidas. La influencia de Arcimboldo puede verse igualmente en la obra de Shigeo Fukuda, István Orosz, Octavio Ocampo y Sandro del Prete, por ejemplo.

Cuando el ejército sueco invadió Praga en 1648, durante la Guerra de los Treinta Años, saquearon muchas pinturas de Arcimboldo que estaban en la colección de Rodolfo II.

Sus obras pueden encontrarse en el  MHAV de Viena, Louvre de Parïs, Galería de los Uffizi, Real Academia de San Fernando de Madrid, etc. 

Sus obras más famosas

Arcimboldo pintó numerosas series de sus famosas "Las cuatro estaciones" (una de ellas en una colección particular de Bérgamo, pintada hacia 1572; otra, hacia 1573, conservada en el Museo del Louvre) siendo cada una de ellas una copia sin apenas variación de la anterior, lo que refleja el éxito de la serie.

Autorretrato


En estas series, el pintor ha representado los hipotéticos rostros de las estaciones mediante los elementos típicos de cada una de ellas. Así, el rostro de la primavera está formado por flores, el verano tiene rostro de frutos y cuerpo de trigo, mientras que el otoño es un curioso compendio de hojas caídas, setas, y frutos de cosecha.

La serie concluye con el invierno, tal vez el retrato más complejo y menos descifrable de la serie, en el que se intermezclan elementos claramente secos y fríos, como la corteza que forma la cara, con otros más cálidos y vivos, como las hojas de la caballera y las dos frutas que cuelgan del cuello.

Al igual que en "Las cuatro estaciones", Arcimboldo vuelve a atribuir a cada “elemento” de la naturaleza un rostro formado por lo más característico de cada uno de ellos. No obstante, la serie posee ciertos elementos que la hacen bastante diferente, e incluso, según los expertos, más interesante, que la anterior.






Para empezar, y a diferencia de la serie anterior, cada uno de los rostros está formado por un solo tipo de elemento compositivo. Así, el rostro de la tierra está formado solamente por animales terrestres, el del aire por aves, y el del agua por peces y animales marinos. Caso aparte es el fuego (Museo Histórico, Viena), representado por múltiples elementos flamígeros, desde unas brasas que hacen las veces de cabellera hasta unos cañones en el torso. Sin embargo, y a pesar de esta aparente limitación, las pinturas son bastante más conseguidas que en la serie anterior.

Sin embargo, la serie guarda una evidente relación con "Las cuatro estaciones". De hecho, ambas series están organizadas según un hipotético "eje de simetría" que enfrenta al aire con la primavera, al verano con el fuego, al otoño con la tierra, y al invierno con el agua.





Pero Arcimboldo no se limitó exclusivamente a la creación de series de lienzos (elementos, estaciones) sino que pintó también numerosos retratos individuales, muchos de ellos para el Emperador Rodolfo II, en su original e inconfundible manera.

En este sentido, la obra más original de Arcimboldo puede ser "El bibliotecario" (c.1566, Skoklosters Slott, Suecia), obra fabulosamente imaginativa, que, con sus formas geométricas y desbordante fantasía, parece anticipar las vanguardias del siglo XX.

El grotesco retrato de "El jurista" (dos versiones, una fechada en 1566 y que se conserva en Statens Konstsamlingar de Estocolmo; otra algo posterior en una colección particular de Milán) es una de las obras más polémicas de Arcimboldo. En primer lugar, ¿quién es el grotesco hombre retratado? Mientras que bastantes críticos sostienen que se trata del jurista J. U. Zasius, otros afirman que se trata del mismísimo Calvino. De cualquier modo, el rostro del hombre, que comparte ojo con el horrendo pollo desplumado, resulta realmente perturbador.



El retrato / bodegón de "Vertumno ( c.1590, Skoklosters Slott, Suecia) es quizás la obra más ambiciosa de Arcimboldo, un exuberante retrato de Rodolfo II caracterizado como el dios Vertumno.

"Flora" (c.1591, Colección particular, Milán) obra de madurez, pintada para deleite de Rodolfo II, es quizás menos imaginativa e interesante que las anteriores, pero de una perfección técnica fabulosa: es realmente admirable conseguir una representación tan detallada de cada una de las flores, en especial aquellas de la cabellera, y, a la vez, conseguir que el conjunto del retrato mantenga una unidad coherente.

Pero quizás la máxima expresión de la originalidad de Arcimboldo sean los retratos invertidos, esto es, aparentes bodegones que, una vez girados 90º, se convierten en extraños y perturbadores retratos. "El asado" (c.1570, Colección particular, Estocolmo) y "El hortelano" (c.1590, Museo Cívio, Cremona) son los ejemplos más logrados y famosos. 

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