LA CURIOSA AFICIÓN DE ALEJANDRO MAGNO: EL SUBMARINISMO

Alejandro Magno ordenó construir un mecanismo para poder sumergirse en las profundidades del mar y desde él poder observar.

Del artilugio, podría catalogarse como un intento de batiscafo o minisubmarino, dan cuenta las leyendas de la Edad Media.





El arte militar

Durante los trece años que duró el reinado del monarca macedonio Alejandro Magno (356 a. C.,-  323 a. C.) se va a producir un profundo cambió en la estructura política de la zona, pero también va a dar inicio a una época de extraordinario intercambio cultural en la que los griegos se expandieron por los ámbitos del mediterráneo y del Próximo Oriente.  

Alejandro Magno subió al trono en el 336 a.C., tras el asesinato de su padre. Tenía entonces veinte años.

Los primeros momentos del gobierno de Alejandro III fueron dedicados a imponer a los pueblos que estaban bajo el mandato de Macedonia, que tras la muerte de su padre se revelaron. Así, Macedonia se habría de convertir en un poderoso estado militar  que dominaba indirectamente a Grecia.

A la edad de 32 años su imperio se extendía hasta el valle de Indo, por el Este y hasta Egipto, por el Oeste. Con esto extendió la influencia de la civilización griega y preparó las huellas a seguir para la expansión romana y los reinos de periodo helenístico. 

Las tácticas militares utilizadas por Alejandro Magno demuestran que fue uno de los más grandes estrategas militares de la historia.

El arte militar inició un gran progreso con él, ya que de pelear cuerpo a cuerpo en la línea de batalla y de forma individual, se llega hasta a elegir el terreno más conveniente y la clase de combate en una especie de tropas y tomándose disposiciones estratégicas.

Los países por donde Alejandro Magno condujo su ejército no fueron un mero tránsito de tropas derrotando a los enemigos que se le presentaban, sino que en sus expediciones tomó y construyó fortalezas, , dejó guarniciones y nombró sátrapas que gobernaban cada región, quedando así afirmada su dominación.

Un hombre culto

Pero Alejandro Magno también fue amante del arte y la cultura, fundó varias ciudades y supo controlar su imagen al encargar la reproducción de su efigie a sólo tres artistas: el escultor Lisipo, un orfebre y el pintor Apeles.



Alejandro Magno
La ambición de Alejandro era la unificación del territorio geográfico bajo un “imperio de síntesis”. Comenzó con la unificación monetaria, abrió las puertas para un comercio inmenso, impulsó las expediciones geográficas, desarrolló caminos y canales de riego, y se impuso el griego como la lengua común.

Cuando tenia catorce años, su educación se confió al filósofo Aristóteles durante tres años. Este filósofo, suscitó en el joven el gusto por el cultivo del espíritu y sobre todo por la lírica, la tragedia y la epopeya griegas. También se atribuye a las enseñanzas de Aristóteles la afición de Alejandro por la medicina.
Sean cuales y como fuesen las influencias verdaderas de Aristóteles en la formación de la personalidad del joven príncipe. Alejandro tuvo siempre una gran admiración y veneración por la cultura griega, sobre todo por La Iliada, de la que sea dice llevaba siempre consigo un ejemplar, corregida de mano de Aristóteles, y ponía por la noche debajo de su almohada junto a su espada, obra a la que tenía por guía de doctrina militar.

El batiscafo del Magno

En cuanto a su preparación física, debió ser buena por la importancia que tenia para los ejércitos y las conquistas el estado físico de los futuros guerreros. De los 10 a los 14 años Alejandro aprendió equitación, además del arte de domar y manejar los caballos, así como de cabalgarlos sin silla con saltos bruscos, de llevarlos en los tres pasos de desfile y los carruseles.


Alejandro, pues, era un hombre de acción, pero según varios textos históricos, el rey macedonio tenía una  gran pasión y un sueño por cumplir: el submarinismo.

Según la historia, los primeros hombres de la Antigüedad que se sumergieron en el seno de las aguas fueron los griegos, que eran los mejores pescadores de coral y esponjas del Mediterráneo, y de perlas en el extremo Oriente. Se desconoce qué aparatos de inmersión utilizaban, aunque Aristóteles menciona los lebeta en su obra Problemas; eran calderos invertidos llenos de aire que tenían forma de campana y un instrumento para "inhalar aire de la superficie". Esta técnica fue conocida y usada en el Mediterráneo desde la época clásica.

Puede decirse que el buceo profesional nació hace más de dos mil años, ya que dentro de los ejércitos griegos figuraban los llamados urinatores, comparables con los hombres-rana de las organizaciones militares actuales.

Los urinatores se armaban con cuchillos. Sus misiones consistían en atacar a mano las defensas enemigas, transportar víveres y armamentos a ciudades sitiadas o llevar mensajes escritos en brazaletes de plomo a sus compañeros de lucha. Para contrarrestar la acción de este tipo de guerreros se crearon varios medios de defensa, entre los que sobresalen redes sumergibles con cascabeles sujetos y grandes ruedas llenas de cuchillos, las cuales se hacían girar en el agua para provocar heridas a los urinatores.


Según la leyenda, Alejandro Magno (hombre que aportó algunos avances al mundo bélico) nunca ponía reparos a las nuevas ideas. Así, cuando se interesó por la vida submarina, buscó un método para poder conocer esta de manera más directa. Se dice que entonces ordenó construir un barril de cristal y dentro de él se sumergía bajo el agua para observar las profundidades marinas durante algunos días.

Esta leyenda era muy popular en la Edad Media y hay varios dibujos de la época que representa al rey macedonio dentro de lo que se podría considerar como un precursor antiquísimo del batíscafo (minicusbmarino).

Concretamente, existe un manuscrito del siglo XV, que se conserva en la Biblioteca Británica, que habla de cómo Alejandro Magno se sumergió en el mar en el año 322 a.C.  




En esos textos no se explica cómo Alejandro ideó semejante artilugio, o quién le ayudo a ingeniar su táctica, pero el proceso pareció ser bastante complejo, y se basó en una rudimentaria pero efectiva máquina de inmersión formada por dos barcas, una invertida sobre la otra, unidas por tablones y revestida por varias capas de betún.

Esta nave estaba a su vez provista de unos orificios cubiertos de  vidrio, de un cristal transparente desde donde poder observar el medio en el cual iba sumergiéndose. La nave de madera medía unos cuatro metros de largo con unos dos y medio en su parte central, teniendo espacio para dos personas.

Se desconoce quién bajó junto a Alejandro, pero si sabe cuales fueron las provisiones que se llevaron para tal aventura subacuática: una pierna de buey asada, pan, pepinos frescos y vino.

En el Libro de Alexandre, del siglo XIII se narra la vida de Alejandro Magno, al que el autor ensalza como «tesoro de proeza, arca de sapiençia, exemplo de nobleza» (estrofa 1557). Pues bien, hacia el final de la obra se lee que el ansia de conocimiento del rey macedonio le lleva a construir una caja de cristal sumergible «por saber qué fazién los pescados» (estr. 2306).

Tampoco se tiene constancia de qué pasó con el invento o si volvió Alejandro Magno a utilizarlo.

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