BERNINI: ESCULTOR Y ARQUITECTO DE DIOS

Está considerado el más destacado escultor de su generación y creador del estilo escultórico barroco.

Además de escultor reconocido fue un arquitecto de fama y un importante retratista de papa, nobles y reyes.

Bernini
Aprendizaje y consagración

Aunque Gian Lorenzo Bernini nació en Nápoles, Italia el 7 de diciembre de 1598, con seis años su familia se trasladó a Roma, donde su padre trabajó como escultor manierista y de quien recibió las primeras enseñanzas, y allí pasó toda su vida.

Desde muy joven demostró un talento excepcional para la escultura de estilo helenístico. Pero será entre 1621 y 1625 que realizará cuatro obras que le darán fama y lo consagrarán como un maestro de la escultura. Estos son conocidos como los cuatro Grupos Borghesianos, obras monumentales basadas en temas mitológicos y bíblicos encargados por el cardenal Borghese, que están formados por Eneas, Anquises y Ascanio; el Rapto de Proserpina; el David; y Apolo y Dafne. Las cuatro esculturas permanecen actualmente en la Galería Gorghese de Roma.


A partir de ese momento, Bernini gozará del favor y la protección de siete papas a lo largo de su vida, para los que realizó numerosas obras, pero especialmente para tres: Urbano VIII, Inocencio X y Alejandro VII.

Urbano VII fue un pontífice ambicioso, amante de las artes y gran admirador de Bernini, al cual le otorgó el cargo de el arquitecto de Dios. Le consideraba el artista ideal para realizar sus proyectos urbanísticos y arquitectónicos a través de obras espectaculares y triunfantes.

Este mecenazgo culminará con la Basílica de San Pedro donde el papa deseaba colocar en el nuevo altar un enorme baldaquino de bronce apoyado en cuatro gigantescas columnas salomónicas, que acaban en volutas y racimos de frutas. También realizó para este pontífice su mausoleo.





Durante el papado de Inocencio X, mucho más austero en sus pretensiones, Bernini llevará a cabo algunas de sus obras cumbres: el éxtasis de Santa Teresa. La Fuente de los Cuatro Ríos, en la Plaza Navona de Roma y la escultura La Verdad (actualmente en la Galería Borghese).

Alejandro VII, un papa humanista, se hace rodear de arquitectos para la ejecución de ambiciosos proyectos urbanísticos, como la reordenación de la Piazza del Popolo, donde intervendrá Bernini así como en la terminación de la espectacular Cátedra de San Pedro, situada en el fondo del ábside de la Basílica y otras tantas diversas y espectaculares esculturas.


En el exterior de la Plaza de San Pedro, Bernini construye, entre otras, la famosa columnata elíptica. Llevó a cabo también el Sepulcro de Alejandro VII que contiene cuatro figuras alegóricas: la Caridad, la Verdad, la Prudencia y la Justicia.

Para entonces, Bernini era ya un artista reconocido internacionalmente. Construye diversas iglesias para familias de la nobleza y es requerido en Francia por el rey Luis XIV, con permiso del papado, para, en 1664, reestructurar el palacio del Louvre. Pero entre los franceses su estilo no cuajó y sólo realizó un retrato ecuestre del rey.

Estilo

La base de la formación artística de Bernini fue el estudio de la tradición grecorromana y un gusto por la interpretación y la precisión.

A Bernini, los expertos le han reconocido una gran habilidad para crear en sus esculturas escenas narrativas muy dramáticas, de plasmar en ellas intensos estados psicológicos y de componer conjuntos escultóricos que transmiten grandeza.

















También ha sido considerado como el más digno y significativo sucesor de Miguel Ángel por su habilidad para la talla del mármol.

Por otro lado, la fuerza de Bernini es el empleó la luz como un destacado recurso metafórico para ampliar el dramatismo de la narrativa escultórica. También resulta novedosa la relación de las esculturas con el espacio circundante, ya que están concebidas para ser observadas desde un punto determinado, no para ser rodeadas y vistas desde cualquier ángulo.


Pero Bernini no sólo fue un escultor de renombre, su talento fue más allá y se extendió a la pintura y la arquitectura barroca con enorme éxito también. El diseño de la Plaza de San Pedro, que se abre ante la basílica, es uno de sus proyectos arquitectónicos más innovadores y alabados.

Con la llegada del Neoclasicismo, que despreciaba el Barroco, la obra y la reputación de Bernini decayeron hasta bien entrado el siglo XIX cuando se le volvió a ensalzar y a comprender su obra en toda su dimensión.

Como pintor realizó numerosos retratos de papas, reyes y nobles que le reportaron fama y riqueza. Les solía retratar a la heroica, realzando la expresión y magnificencia. Él mismo confesó inspirarse para ello en Rafael.

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