TORNAVIAJE DE URDANETA: LA GRAN HAZAÑA DE UN DESCUBRIDOR OLVIDADO

Urdaneta fue militar, cosmógrafo, marino y explorador que participó en numerosas expediciones de su tiempo.

Su gran descubrimiento fue encontrar, y documentar, una ruta en el océano Pacífico enlazando Filipinas con Acapulco que aún hoy se sigue utilizando.



Ruta del tornaviaje
Un marino diestro

Andrés de Urdaneta y Cerain nació en la localidad guipuzcoana de Ordicia (España) probablemente hacia 1508 en el seno de una familia hidalga.

Aunque se desconoce donde, al parecer tuvo una esmerada educación, principalmente en los autores clásicos, Filosofía y matemáticas.

Se inició la carrera militar muy joven. Con diecisiete años formó parte, junto a Juan Sebastián Elcano, de la expedición de García Jofre de Loaísa, que realizó numerosos descubrimientos geográficos y marítimos.

Esta travesía fue una sucesión de desastres, calamidades y deserciones. Durante el viaje murieron, entre otros, el Almirante Loaísa y Elcano. Tres de las naves no llegaron a cruzar el estrecho de Magallanes y sólo una, la Santa María de la Victoria, alcanzó las Molucas, donde a lo largo de un año la tripulación tuvo que enfrentarse con los portugueses. Once años más tarde, tras sufrir innumerables vicisitudes a lo largo de un durísimo y amargo viaje, sólo 24 hombres de esta nave regresaron a España, entre ellos Urdaneta que fue quien se puso al mando de la expedición y de la única nao que quedaba.

En esta expedición, Urdaneta reunió una importante cantidad de información geográfica e histórica, parte de la cual le fue arrebatada por los portugueses en la ciudad de Lisboa.



Urdaneta
Al poner pie en España fue recibido por Carlos V, a quien entregó una memoria de su conocimiento sobre el viaje y acerca de esas ansiadas islas. De su estancia en las Molucas regresó con una hija que entregó a su hermano en adopción.

Unos dos años después, en 1538, se traslada a vivir a Nueva España (México) donde el virrey Pedro Alvarado, le otorgarle varios cargos oficiales importantes en la provincia (corregidor de la mitad de los pueblos de la zona de Avalos y el de visitador de las localidades de Zapotán y Puerto de Navidad).

Sorprendentemente, en marzo de 1553, a sus 45 años, ingresa como fraile en la orden de San Agustín en un convento de la capital mexicana.

Sin embargo, durante el reinado de Felipe II volvió el interés por la expansión por el océano Pacífico, especialmente por las islas Filipinas.

El rey escribió una carta al Virrey en la que ordenaba que se construyeran nuevas naves para proseguir con los descubrimientos. Luis de Velasco, ahora nuevo virrey de la Nueva España, informó al monarca de que Andrés de Urdaneta, que vivía allí retirado en un convento, podría serles de mucha utilidad. El monarca, pues, también escribió a Urdaneta para pedirle que, como servicio a la monarquía y debido a su experiencia, se pusiese al mando de una nueva expedición a las Molucas y Filipinas.

Urdaneta como fraile
Urdaneta, pese a su avanzada edad y delicado estado de salud aceptó, aunque no como capitán, sino en cargo de asesor.

Para comandar la misma, Urdaneta sugirió -sugerencia que fue aceptada-, el nombre de Miguel López de Legazpi, quien fue escribano y alcalde ordinario de la ciudad de México. Sin embargo, la muerte del virrey Velasco retrasó la expedición durante cinco años. Tras ese tiempo, finalmente, se reunió una flota.

El tornaviaje

Una vez descubierto por Colón el nuevo continente, siempre interesó encontrar una ruta marítima hacia el este desde el archipiélago filipino hasta América, es decir, en sentido contrario al del viaje emprendido por Magallanes en su expedición de 1519-1522, para encontrar el paso por el extremo meridional de América.

La ruta de vuelta desde las Filipinas por el Oeste era estratégicamente muy importante, pues permitiría a la Nueva España el comercio con el Este de Asia sin navegar por aguas controladas por los portugueses en las Molucas, India y África, por eso, los preparativos del viaje se llevaron a cabo con una discreción absoluta. Tres expediciones anteriores habían fracasado.

Los barcos de la flota del tornaviaje (viaje de vuelta) se construyeron en Acapulco, Nueva España, y medían 28 metros de eslora. Estaba compuesta por la Capitana, donde iban Legazpi y Urdaneta, los galeones San Pablo y San Pedro y las gabarras San Juan y San Lucas.

Galeón español de la época
Urdaneta, seleccionó cuidadosamente a la tripulación para conseguir cohesión social y evitar motines. Incluyó un 33 % de guipuzcoanos elegidos en la Nueva España y que ya se conocían, en total, doscientos hombres de armas y cinco frailes agustinos.

La expedición zarpa (Urdaneta en ese momento tenía 57 años) al mando de Legazpi, el 21 de noviembre de 1564 del puerto de La Navidad, en Nueva España (actualmente Barra de Navidad, Jalisco, México). La ida a Filipinas se desarrolló en dos meses con los vientos alisios a favor siguiendo una ruta ya conocida.

En Filipinas permanecieron cuatro meses reparando los barcos y esperando el tiempo a favor para iniciar el regreso a primeros de junio navegando hacia el norte buscando hallar una corriente favorable que los llevara nuevamente hasta América.

Para el regreso, Urdaneta zarpó de San Miguel, Filipinas, a bordo de la nao San Pedro, el 1 de junio de 1565, y puso rumbo nordeste aprovechando el monzón del Suroeste. Ascendió hasta el paralelo 40, donde encontró la corriente de Kuro Siwo que les llevó por el océano Pacífico hasta el cabo Mendocino (nombre que le puso el propio Urdaneta en honor al virrey Antonio de Mendoza) en la isla de Santa Rosa, en la costa de California.

Desde allí, costearon rumbo sur hasta Acapulco, Nueva Españaa donde llegaron el 8 de octubre de 1565, tras haber recorrido 7 644 millas náuticas (14 157 km) en 130 días, algo más de cuatro meses, una media de 59 millas náuticas (109 km) por día. Los  cálculos de Urdaneta habían resultado más que acertados.

Pero al llegar a su destino, Urdaneta descubrió que un capitán de la expedición, Alonso de Avellano, que se había separado de la flota desde Filipinas, había alcanzado primero la vuelta hasta el puerto de Navidad en agosto. Urdaneta, inmediatamente, se presentó ante la Real Audiencia para informar del suceso y luego siguió a Arellano hasta la corte de Madrid para ser él el que diera cuenta de “su” hallazgo y aquel no se lo apropiara.

Tras informar personalmente al rey Felipe II de su descubrimiento (también lo dejó todo escrito en varios libros), Andrés de Urdaneta regresó a su convento de Nueva España, donde fallece el 3 de junio de 1568 a los 60 años de edad.

Ruta empleada por Legazpi en Filipinas
El convento sufrió un incendio posteriormente y el actual reconstruido se convirtió posteriormente en la Biblioteca Nacional de México. Los restos reposan probablemente bajo el claustro del convento.

Legado de Urdaneta

El llamado “tornaviaje” o “viaje de vuelta” de Urdaneta, llevado a cabo más de 40 años después del viaje de ida de Magallanes, supuso el establecimiento de una ruta que desde entonces se conoció como la del Galeón de Manila (o de Acapulco, o Nao de China) que era el nombre con el que se conocían las naves españolas que cruzaban el océano Pacífico una o dos veces por año entre Manila (Filipinas) y los puertos de Nueva España 8hoy México), principalmente, y que permitió llevar a Europa, pasando por Manila y Acapulco y de allí a Cádiz y Sevilla con la Flota de Indias, valiosas mercancías como sedas, porcelanas, té y otros productos exóticos de los países asiáticos. Por otra parte, de México y Perú se mandaba a Filipinas la plata necesaria para abastecer a la Capitanía General de Filipinas.

El logro de Urdaneta se aprovechó de inmediato y gracias a él las naves españolas emplearon esta ruta durante los siguientes 250 años, particular el Galeón de Manila que recorría el trayecto Acapulco-Manila-Acapulco.

En 1813, las Cortes de Cádiz decretaron la supresión del empleo español de la ruta del galeón, decisión ratificada por Fernando VII.

No obstante, hoy día esta travesía sigue siendo una de las principales rutas marítimas del mundo moderno.

Sin embargo, y a pesar de su gran hazaña, Amdrés de Urdaneta ha permanecido siempre como uno de los descubridores más desconocidos de su tiempo.



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