MANUSCRITO VOYNICH, EL LIBRO MÁS MISTERIOSO JAMÁS ESCRITO

Este pequeño volumen fue posiblemente escrito en Italia por un autor desconocido en una lengua que sigue sin ser identificada seis siglos después. 

El Manuscrito Voynich ha obsesionado a un sin fin de expertos generando teorías contradictorias sobre sus posibles significados pues aún no se sabe si su contenido es significativo o es sólo un engaño muy elaborado.

Un libro muy misterioso

Este libro tiene desconcertados a historiadores, criptógrafos, lingüistas, filólogos, investigadores de todo tipo de disciplinas y de todo el mundo (de hecho, ha generado su propia categoría de estudiosos y fanáticos, llamados voynicologistas.), e incluso la CIA, que han intentado descifrar el contenido de este libro,... sin ningún éxito hasta la fecha.

Se le conoce como el Manuscrito de Voynich, bautizado así en honor al comerciante de libros de segunda mano polaco Wilfrid Voynich, quien dijo que lo descubrió en Italia en 1912.

Voynich dijo que se había topado con el manuscrito en un seminario jesuita, afuera de Roma, llamado la Villa Madragone.

En el manuscrito, aseguró, había anexada lo que parecía ser una carta escrita en 1665 por Johannes Marcus Marci, un físico del Sacro Imperio Romano.

En la misiva decía que el texto le llegó a pertenecer a Rodolfo II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1576-1612), y que probablemente era obra del alquimista isabelino Roger Bacon.

Otros dos posibles autores que suelen vincularse con el misterioso texto son: John Dee, un mago extraordinario y astrólogo de la reina Isabel y uno de sus seguidores, Edward Kelley.
Voynich se refirió al libro como "El manuscrito con el mensaje codificado de Roger Bacon".

Las pruebas del carbono-14 efectuadas por científicos de la Universidad de Arizona en 2011 aseguraron que fue escrito e ilustrado en el siglo XV, entre 1404 y 1438.

Desde 1969, y gracias a la donación del bibliófilo, coleccionista y filántropo estadounidense de origen alemán Hans Peter Kraus —superviviente de Auschwitz—, permanece en la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale.

Características singulares
  
Está escrito por un autor desconocido en un idioma que no existe o en un código que nadie ha podido descifrar aún. El texto va  acompañado con ilustraciones de plantas raras o inexistentes en nuestro planeta, símbolos astrológicos, criaturas con formas de medusas y mujeres desnudas.

El ejemplar mide 22,5 por 16 centímetros y tiene 240 páginas, pero se desconoce si es un cuaderno botánico, un tratado cosmológico, una obra de iniciación esotérica, un libro cabalístico, un catálogo de pócimas para magia o un inventario de remedios anticonceptivos para mujeres.

El Voynich no va pegado, no hay encolado por ningún lado. Está todo cosido sobre la base de pergaminos originales, curtidos y tratados por especialistas. Es una encuadernación en tapa blanda, técnicamente bastante compleja, sobre todo porque hay páginas desplegables

El Códice presenta agujeros, cortes, quemaduras y otros desperfectos. Puede ser porque el animal del que procede la piel del pergamino resultara herido, o debido a mordeduras de ratón o rata durante su almacenamiento, o sencillamente porque al encuadernador se le fue el punzón o la cuchilla, o por la caída de un candil.

Está encuadernado con una débil cubierta de vitela (piel de vaca o terneraa) de color marfil viejo. El texto está escrito con letras marrones.

Múltiples teorías

Desde su descubrimiento en 1912 el manuscrito no sólo ha obsesionado a innumerables expertos, sino que ha generado numerosas teorías, tanto científicas como descabelladas.

El estadounidense William Friedman, uno de los grandes criptógrafos del siglo XX, pasó 30 años intentando descifrar el código del manuscrito.

Un botánico estadounidense retirado dijo recientemente que algunas de las plantas eran de origen mesoamericano, mientras que un experto británico aseguró que, tras aplicar conocimientos en lingüística, tradujo diez palabras.

En 2004, Gordon Rugg, un investigador de la Universidad Keele de Reino Unido, alborotó a los voynicologistas al publicar un estudio que afirmaba que el histórico libro podría haber sido creado por un estafador en tan sólo tres o cuatro meses, con las ilustraciones incluidas.

Según esta teoría, la víctima del elaborado timo fue al emperador romano Rodolfo II, quien coleccionaba curiosidades, rarezas y objetos mágicos. Según la historia, pagó una fortuna, 600 ducados de oro, creyendo que era obra del alquimista isabelino Roger Bacon.

En esta línea, otros hablan de que el manuscrito fue seguramente falsificado por el propio Wilfrid Voynich ya que uno de los artilugios más comunes en la historia de la falsificación es el de un comerciante de libros raros que "descubre" un manuscrito previamente desconocido. Se dice que adquirió una gran cantidad de pergamino y que aplicó el conocimiento sobre química que obtuvo en la Universidad de Moscú para producir tintas medievales y pigmentos.

También se afirma que es un tratado ginecológico sobre la salud de las mujeres escrito en una versión abreviada de latín medieval. La obra habría contado con un índice de abreviaturas, precisamente entre las hojas hoy perdidas. El idioma «voynichés» sería en realidad un escrito taquigráfico en lengua latina que a cualquier interesado en la medicina de aquel tiempo le habría resultado familiar. Algunas imágenes del Manuscrito Voynich habían sido copiadas de otros libros médicos medievales, como el Trotula o De Balneis Puteolanis, de Pietro da Eboli. Los mapas del zodiaco habrían sido incluidos porque se creía que algunas terapias resultaban más efectivas bajo determinados signos astrológicos.
Investigadores de la Universidad de Manchester, dirigidos por el físico Marcelo Montemurro, hallaron indicios de que habría sido redactado en una lengua europea "oscurecida" mediante un algoritmo que desplaza letras individuales.

Otras teorías lo han relacionado con secretos de los gremios de artesanos de Milán para la producción del vidrio o la elaboración de venenos; con el alfabeto eslavo gaglolítico; con el rongorongo de la isla de Pascua o con un dialecto extinto del azteca nahúati.

La teoría más ocurrente es la que dice que se trata de un diario ilustrado de un adolescente extraterrestre que lo dejó en la Tierra antes de partir.

Lo cierto es que es noticia cada tanto por una nueva teoría, descubrimiento o avance.
En 2013 un grupo de científicos publicaron un estudio en la revista científica Plos One afirmando que habían encontrado patrones lingüísticos en el texto, los cuales configurarían palabras con significado.

El profesor británico de la Universidad de Bedfordshire Stephen Bax dijo en 2014 haber descifrado diez palabras del misterioso libro. Aseguró que junto a un dibujo de unas estrellas que parecen ser las Pléyades identificó la palabra «Taurus» y los términos «cilantro» o «enebro» junto a los dibujos de las plantas correspondientes. Su investigación demostraba, pues, que probablemente sea un tratado sobre la naturaleza, tal vez en un lenguaje asiático o de Oriente Próximo.

Pese a todo, hasta que las pruebas forenses de la tinta y los pigmentos no se hagan, el enigma de este misterioso libro seguirá existiendo y cautivando a "Voynicologistas", porque su solución parece estar todavía lejos de conseguirse.

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