BEETHOVEN: GENIO, FIGURA Y MAL CARÁCTER HASTA LA SEPULTURA

Beethoven tuvo problemas de salud toda su vida. Desde los 20 años sufrió de diarrea crónica y dolor abdominal y a los 26 ya supo que se quedaría sordo.

En la autopsia de Beethoven se encontró atrofia cerebral, así como cirrosis y necrosis renal, todo ello probablemente debido a la ingesta de plomo.

Beethoven  retratado por Joseph Karl Stieler en 1820
Las causas de su muerte

La medicina señala que el plomo puede pasar a la sangre a través de los pulmones y producir daños en muchos de nuestros órganos y principalmente a los vasos sanguíneos y a los riñones, pero que además es neurotóxico, es decir, que afecta de una manera irreversible al sistema nervioso central. 

Por tanto, tras una exposición prolongada al plomo, puede causar ceguera, anemia, nauseas, dolor de cabeza, insomnio, sordera, convulsiones y parálisis. También estreñimiento, problemas renales e incrementa la frecuencia de algunos tipos de cáncer. Uno de los efectos del plomo sobre el sistema nervioso es la muerte por saturnismo o plumbiosis, o sea, envenenamiento por plomo.

En la época de Beethoven, el plomo formaba parte de la vida diaria. Se encontraba en las vajillas, utensilios de cocina, en polvos cosméticos, en juguetes, en las tuberías e incluso como protecciones del pezón para las madres lactantes, en las pinturas que utilizaban los artistas, el agua “curativa” de los balnearios, y también en el vino para potenciar su sabor.

Retrato de Beethoven a los 13 años
Se conocen personajes de la historia de la humanidad que padecieron saturnismo, uno de ellos Beethoven.

A partir de los veinte años, Beethoven empezó a tener serios problemas de salud. Al parecer sufría de diarrea crónica, dolor abdominal, mala digestión, cirrosis hepática, nefropatía, pancreatitis crónica y alteraciones articulares y oculares que le acompañarían ya para siempre, pero también síntomas neurológicos como comportamiento, irritabilidad y depresión.

Toda esta amalgama de dolencias es muy posible que estuvieran ligados al plomo: era aficionada al buen vino, pero este en su época era endulzado con un derivado del plomo, el acetato plúmbico; Ingería agua contaminada con plomo que se obtenía de un arroyo campestre creyendo que tenía propiedades curativas;.Las copas que utilizaba para beber también estaban hechas de una aleación con una alta cantidad de plomo; Se cree que otra fuente de ese envenenamiento, que duró sin duda años, era el consumo de pescado del Danubio, procedente de un tramo de la corriente gravemente contaminado con plomo. 

Retrato de Beethoven por Christian Horneman en 1803
A lo largo de su vida, Beethoven visitó gran cantidad de médicos para curar sus diversas dolencias físicas, pero ninguno fue capaz de ayudarle. Tal vez por eso, poco antes de fallecer a los 56 años (1770-1827), en una carta dirigida a sus hermanos, expresó el deseo de que tras su muerte “los científicos usaran sus restos para encontrar la causa de su enfermedad de manera que otros no sufrieran como él había sufrido”.

En la autopsia de Beethoven se encontró atrofia cerebral, así como cirrosis macronodular y necrosis renal, pero aunque han existido muchas especulaciones y estudios sobre las causas de sus múltiples dolencias y su muerte, aún hoy no han conseguido determinar gran parte de sus males.

Esfinge de Beethoven
Los análisis de un mechón del cabello de Beetroven y de un fragmento de su cráneo a partir del año 2000, en varios laboratorios, dieron como resultado la existencia de altas concentraciones de plomo, lo que indicaría claramente que el compositor padeció saturnismo.  

La presencia de plomo en el cráneo confirmó que la exposición del músico a dicho elemento no fue un hecho puntual en su vida, sino que tuvo que estar sometido a él durante muchos años. Aunque existen algunos extraños casos de sordera provocados por envenenamiento por plomo, parece que no hay ninguna evidencia clara de que así fuese en el caso de Beethoven,

 La intoxicación crónica por plomo, pues, parece que explicaría patologías como los cólicos, los dolores articulares, los dolores de cabeza y el extraño comportamiento que a veces manifestaba el compositor, dolencias y patologías reflejadas por todos los biógrafos del maestro alemán.

Una personalidad huraña

Ludwig van Beethoven era un bajito y no demasiado agraciado, tenía la cara picada de viruela y bastante oscura. No tuvo una infancia demasiado feliz ya que su padre, bien dotado para la música y de quien heredó el oído, bebía mucho, y su madre tenía tendencia a los arrebatos de ira, aunque siempre fue cariñosa con él. La música lo rescató, como iba a ocurrir durante toda su vida.


Beethoven en 1815
Los excesos de plomo en su cuerpo ocasionaron que Beethoven sufriera una gran transformación y pasara gradualmente de ser un hombre joven, simpático y agradable a una persona irritable, taciturna, socialmente aislada y que sufría ataques de depresión y desesperación. Esto, junto a su creciente sordera le llevaron incluso a plantearse el suicidio, según afirmó en los documentos encontrados en el Testamento de Heiligenstadt.

A menudo, Beethoven era irascible y puede que sufriera trastorno bipolar. Sin embargo, pero al sufrimiento, Beethoven respondía con coraje y disciplina para trabajar en su música. 

Los desengaños amorosos tampoco ayudaron a sus padecimientos físicos. El primero se lo infligió Josephine von Deym (de soltera Brunsvik) y dejó al autor más arisco, soez y desaseado que de costumbre. La protagonista del segundo fue Bettina Brentano, que propició el naufragio y al mismo tiempo el renacer del artista en pos de cotas musicales nunca vistas.

Sin embargo, Beethoven tampoco fue el pobre desgraciado de quien las mujeres huían. Tuvo variadas aventuras en Viena ya que su prestigio, primero como pianista y luego como compositor, lo hacía muy atractivo para muchas admiradoras. El problema fue que "todas las mujeres a quienes había amado realmente lo habían rechazado o las había perdido por causas ajenas a él, de ahí que se convenciera de que "su arte era todo lo que le quedaba".

Máscara mortuoria de Beethoven
La música genial de un sordo

Beethoven empezó a notar pérdida de oído a los 26 años y a los 32, asumió que se quedaría completamente sordo, algo aterrador para yb compositor, lo que le llevó a una profunda depresión. Se mantuvo decidido a que su sordera no le arruinara la vida, aunque intentó por razones lógicas mantenerla en secreto mientras pudo. Cada día oía menos y con menos matices, y lo que oía se acompañaba de un enloquecedor coro de ruidos y chirridos.


Casi se ha descartado que su desorden auditivo fuera debido a la ingesta del plomo, pero si que podría estar relacionado con el tifus o tal vez la viruela infantil.
Para entonces, cuando Beethoven había logrado ya en Viena el reconocimiento de público y crítica, dejó su carrera de concertista -la sordera la hacía inviable- por la de compositor.

El mal humor legendario del autor corrió parejo con su coraje y su capacidad de resistencia. Cuantos más desengaños amorosos, más zumbidos en los oídos y mayor tortura de su estómago, más brillante era su espíritu creativo. Usó trompetillas durante años para componer sus obras maestras, pero a partir de los cincuenta no volvió a captar ningún sonido.

Tumba de Beethoven en Viena
La sordera no sólo marcó la vida de Beethoven sino su música, mucho más de lo que se pensaba. Un grupo de investigadores holandeses descubrió que a medida que avanzaba la pérdida de la audición, evolucionaban sus partituras de forma selectiva. Las frecuencias que oía peor las utilizaba menos. Primero fueron las notas más agudas. A partir de su primera sinfonía, cuando ya la enfermedad se asomaba, Beethoven comienza a utilizar notas bajas y medias.

También señalan que el hecho de que sus últimas composiciones se salgan de los cánones románticos de la época y sean tristes, desesperadas, como salidas de las entrañas, puede significar que las dolencias físicas hubieran trascendido a su mente y su creación estuviese siendo distorsionada por la propia enfermedad.

Pero paradojicamente, siempre estuvo dispuesto a batallar y superar sus incesantes sufrimientos de cuerpo y de mente. Esa alegría que anida en el dolor resuena en las notas de la Novena sinfonía y del Himno a la alegría, quintaesencia de la sabiduría musical de su autor y considerada por muchos la obra más maravillosa de la Historia de la Música.




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