WOLFRAMIO ESPAÑOL EN LA II GUERRA MUNDIAL: LA BATALLA OCULTA DE LA CONTIENDA

El wolframio o tungsteno sólo le supera en dureza el diamante, y además, es el que mejor aguantan el calor: funde a 3.400ºC.

Desde la II Guerra Mundial se utilizó para reforzar la maquinaria bélica, pero su escasez en el planeta provocó una fuerte crisis económica y política durante la contienda.

Wolframio
Escaso y codiciado

El wolframio es un metal escaso en la corteza terrestre. No se encuentra nunca libre en la naturaleza, sino en forma de sales combinado con otros elementos, principalmente como la scheelita y la wolframita.

Es muy duro y denso, tiene el punto de fusión más elevado de todos los metales y el punto de ebullición más alto de todos los elementos conocidos.

Actualmente su utilidad es muy diversa: en filamentos de lámparas incandescentes, soldaduras, resistencias eléctricas, aleado con el acero, en la fabricación de aceros especiales, herramientas de corte, instrumentos odontológicos, puntas de los bolígrafos, como lubricante seco, en la fabricación de bujías, etc, e incluso, en los últimos años, en joyería.

Es, en fin, un metal fundamental en la sociedad actual, ya que gracias a él se abarata la producción de las máquinas que nos rodean y las cosas que se pueden producir con ellas. Por ello, por su utilidad y escasez, es uno de los materiales más codiciados desde su descubrimiento.

Una de las minas de wolframio españolas de la época
Hay minerales de wolframio sobre todo en China, Bolivia, Portugal, Rusia, Corea del Sur, Perú y Estados Unidos (Carolina y Colorado).

En España se encuentran minerales de wolframio en León (Bierzo Occidental), Salamanca (Barruecopardo y Los Santos), Galicia (Ponteceso, Santa Comba y Carballo en La Coruña) y en Extremadura (en algunas localidades y Badajoz y en Tornavacas y Acebo en Cáceres).

El wolframio español

Fue a partir de la II Guerra Mundial cuando el wolframio se utilizó para blindar la punta de los proyectiles anti-tanque, en la munición AP y en la coraza de los blindados por su extrema resistencia. De esta forma, la adquisición de wolframio se convirtió en algo vital e indispensable para los contendientes.

Una de las entrevistas que mantuvieron Hitler y Franco
En la España franquista las minas de wolframio tuvieron gran relevancia por la demanda alemana. La Alemania nazi trató de asegurarse el suministro de este material dado que era fundamental para para su maquinaria de guerra. LLegó a ser tan importante este suministro que los aliados intentaron impedirlo por todos los medios.

La deuda contraída por España por la ayuda alemana a los sublevados durante la Guerra Civil Española se estimó en 212 millones de dólares del años 1940. De esta forma se llevó a cabo un acuerdo entre los dos países mediante el cual esta se iba a saldar entregando España a Alemania importantes cantidades de alimentos y cereales, como naranjas y aceite de oliva, así como de materias primas como el wolframio o la magnesita, de gran interés bélico para el régimen nazi. Para tal fin se constituyeron dos dos sociedades encargadas de canalizar los intercambios: Hispano-Marroquí de Transportes S.L. (HISMA) y Rohstoffe und Warem Einikaufsge Sellschaft Gmbh (RIWAK).

Hasta el año 1939 Alemania se abastecía de wolframio en la India, China y Birmania, pero el bloqueo naval británico obligó a los nazis a buscar los yacimientos de España (Galicia y Cáceres especialmente) y Portugal (en Arouca y Panasqueira. Para ello, el  gobierno franquista autoriza a los alemanes para organizar empresas destinadas a la explotación del wolframio.

Winston Churchill
El wolframio español tenía para los alemanes una importancia decisiva. Era prácticamente su única fuente de suministro, algo que los americanos e ingleses conocían. España, pues, se llena así de agentes alemanes dispuestos a conseguir el material a cualquier precio y de agentes aliados dispuestos a evitarlo.

Entre 1937 hasta el 1945, alrededor de 20.000 personas trabajaron oficialmente en las minas (muchas de ellas eran presos republicanos que redimieron sus condenas mediante este trabajo), y probablemente muchas más lo hicieron de manera clandestina, buscando el material en áreas sin explorar o durante las madrugadas en unas minas custodiadas por la Guardia Civil y el Ejército español. Mientras el salario de un operario de la época rondaba las 19 pesetas, cualquier persona podía ganar 200 por vender un kilo de tungsteno en el mercado negro.

Los norteamericanos también quisieron implicarse en este suculento negocio, provocando un encarecimiento del mineral, hasta el punto de que la tonelada que valía 1.300 dólares en enero de 1941, en el mes de octubre del mismo año ya se cotizaba a 20.000 dólares.

El aumento vertiginoso de los precios del wolframio resultó enormemente beneficioso para España. En pocos meses se pasó de las 7.500 pesetas hasta las 235.000 la tonelada. Supuso un enriquecimiento para los propietarios de las minas, pero también para la Hacienda Pública de tal manera que España casi saldó esa deuda contraída con Alemania recuperando así las reservas de oro que habían desaparecido durante la contienda civil. El Instituto Español de Moneda Extranjera (IEME) registró entre los años 1942 y 1945, la adquisición de 5.661 lingotes de oro, equivalente a 67,4 toneladas, adquiridas en varios bancos suizos, alemanes e ingleses (refundidos ya en lingotes) procedentes del oro expoliados por los nazis a los prisioneros judíos de los países ocupados llevado en trenes por el por paso fronterizo entre España y Francia por la estación de Confranc. Por otro lado, se importó oro de contrabando a través del holding alemán SOFINDUS, lo que supuso en 1944 en torno a las 20 toneladas de oro a cambio de cientos de toneladas de wolframio exportadas clandestinamente.

Franklin D. Roosvelt
El fenómeno de la extracción del wolframio incidió también sobre ciertos emporios empresariales que nacieron al abrigo de este y se mantuvieron durante muchos años,  como el del Banco Pastor, que posteriormente creó la eléctrica Unión Fenosa y se introdujo en Astano; o la multinacional maderera Finsa.

Acabada la guerra mundial, y a fin de recuperarse durante la postguerra, España obtuvo permiso para negociar créditos en los mercados internacionales. EE.UU, a través del Chase National Bank, concedió un préstamo al IEME de 30 millones de dolares. Pero puso una condición: el traslado del oro conseguido durante esos años como garantía para el pago. Los lingotes viajaron a la Reserva Federal de Nueva York. Pero la deuda contraída con EE.UU era de tal volumen que los norteamericanos se quedaron con todo aquel oro en compensación de pago. Así, las reservas de oro del gobierno español volvieron a estar como antes de la Segunda Guerra Mundial: bajo mínimos.

El panorama de la venta de wolframio en España era tan desmedido que a partir del año 1942 los británicos propusieron a EE.UU un programa de adquisiciones prioritarias (Comité del Wolframio) para comprar aquellos productos estratégicos que, como el wolframio, era preciso impedir que llegase a manos de los nazis para retirarlos del mercado. Sin embargo, el programa falló por la espectacular crecida de la producción generada como consecuencia de la mayor demanda de mineral mundial. Antes de la guerra, existían solo seis empresas destinadas a la extracción del wolframio, a final de la guerra había más de 100.

Desembarco en las playas de Normandía
Crisis diplomática

Estas adquisiciones provocaron duras batallas económicas, pero también políticas y diplomáticas entre los aliados y la dictadura de Franco.

El incidente que hizo saltar una peligrosa chispa fue cuando en octubre de 1943 el Gobierno de Franco felicitaba al nuevo presidente de paja filipino José P. Laurel nombrado por los japoneses, que ocupaban el archipiélago desde junio del año anterior, una vez que hubieron derrotado y echado a los norteamericanos de allí. Esta felicitación, que también habían llevado a cabo los alemanes, enfadó sobremanera a los aliados que consideraban que con ello España rompía su neutralidad en la guerra. Pero el gobierno norteamericano fue más allá y exigió al español no solo que rectificara, sino que procediera al embargo total de sus exportaciones de wolframio a Alemania, la expulsión de los agentes alemanes en Tánger y su ayuda subterfugia al gobierno de Hitler.

Este era un momento crucial para los aliados que ya habían decidido la fecha del desembarco de Normandía, por ello, necesitaban a toda costa debilitar la fuerza militar alemana, lo que conllevaba que no pudieran recibir el wolframio español ni su ayuda en la zona.

Desembarco de Normandía
Los líderes aliados mandan un ultimátum al dictador Francisco Franco, o deja de vender wolframio a los nazis o a partir de entonces será considerado un enemigo de guerra más. Roosevelt, el presidente norteamericano, estaba decidido a todo, incluso a invadir a España si no cedía. Churchill, sin embargo, se mostró más moderado y partidario del diálogo, no quería un enemigo cercano después de la guerra.

A pesar de las fuertes presiones, el general Franco no hizo caso de las demandas . Este nuevo desafío colmó el vaso de la paciencia norteamericana quien decretó la suspensión de suministro de petróleo a España. Franco, tras muchas dudas, se vio finalmente obligado a ceder a las presiones de los aliados en las negociaciones que se conocieron como las de “la batalla del wolframio”, ya que el embargo de petróleo estaba causando serios estragos en la economía española. En ellas, se declaró definitivamente la neutralidad española (hasta entonces había mantenido colaboraciones con las potencias del Eje a pesar de haberse declarado neutral públicamente, cuando el realidad era más apropiado hablar de “no beligerancia” activa), la suspensión de facto del suministro de wolframio a Alemania y la repatriación de la antigua División Azul (únicamente quedó un batallón que seguiría combatiendo hasta el final de la guerra), así como también la expulsión de los espías y saboteadores alemanes que actuaban en España. El acuerdo con los aliados se firmó el 29 de abril de 1944 y se ratificó e hizo público el 1 de mayo. Tres semanas después se inició el desembarco de Normandía, principio del fin de la II Guerra Mundial y la victoria de los aliados.

Sin embargo, a pesar del acuerdo, Franco siguió prestando apoyo a los alemanes. Por ejemplo, las estaciones de intercepción radiofónica y las instalaciones de radar se mantuvieron en España hasta el final de la guerra. Franco continuaba apostando a ambos bandos por si Hitler caía.

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