¿QUIÉNES FUERON LOS ESCRIBAS?

En la antigüedad, los escribas no sólo eran un colectivo que se encargaba de copiar a mano libros y realizar trabajos escribano, sino que también eran contables, arquitectos, administradores, bibliotecarios e incluso literatos.

A pesar de proceder en su mayoría de estratos humildes, los escribas fueron adquiriendo una enorme relevancia social y política como casta especial.

Escriba egipcio
El escriba egipcio, una casta especial

El escriba era esencial en la sociedad del Antigua Egipto. Era un personaje culto capaz de escribir, clasificar, contabilizar y copiar, utilizando varios tipos de escritura (como la hierática o demótica), conocedor del arte de la construcción y de transcribir rápidamente órdenes, documentos legales y pensamientos sobre papiros y ostracas con ayuda de un cálamo y su paleta con tintas de diferentes colores. Su trabajo era remunerado.

Aunque realizaba su trabajo sentado sobre el suelo y su atuendo era tan simple como una falda hecha de lino o algodón, los escribas pertenecían a una casta especial porque el buen funcionamiento del Estado reposaba, esencialmente, en ellos. Trabajaban en todos los departamentos de la administración, llegando incluso a ser escribas reales (y en algún caso hasta ministro de asuntos del rey), dominando la administración central como administradores, contables, escribanos públicos, bibliotecarios y archiveros. También alguno era literato.

En principio, los escribas eran escogidos entre aquellos privilegiados que habían sido formados en el entorno de la familia real. Sin embargo, el desarrollo de la administración conllevó la aparición de una casta de escribas, casi todos procedentes de las clases bajas.

Escribas
Estos cargos se transmitían, generalmente, de padres a hijos, por eso, estos niños eran educados en una casa de vida, que dependía de un templo. Estos aprendices de escriba estudiaban de los cinco años a los diecisiete años, la escritura jeroglífica e hierática, gramática y textos clásicos, además de aprender Derecho, idiomas, historia, geografía y contabilidad.

La importancia de su cargo demuestra, desde épocas remotas, la trascendencia que el Estado concedía a la escritura, que es el testimonio indispensable de todo aquello que constituía la vida de un país.

Los escribas en otras culturas

Los escribas del antiguo Próximo Oriente (Mesopotamia, Siria, Hatti, Elam, etc)  eran las personas que conocían la escritura, especialmente la cuneiforme.

Representación de escriba
La complejidad de la escritura cuneiforme y la necesidad de formar escribas especializados en diferentes temas precisaba de una larga formación. Los escribas, una vez preparados, ejercían su profesión que podía cubrir parcelas diferentes. Su cometido les confería una posición social particular.

En Babilonia el escriba era profesional. Sus servicios eran casi indispensables, pues la ley requería que las transacciones comerciales se pusieran por escrito, y las partes contratantes las firmaran ante testigos. El secretario solía sentarse cerca de la puerta de la ciudad, donde se efectuaba gran parte del comercio, con su estilo y pella de arcilla, listo para vender sus servicios a quien los requiriese. Los escribas registraban transacciones comerciales, escribían cartas, preparaban documentos, se encargaban de los registros del templo y realizaban otras tareas administrativas.

Los escribas hebreos

Los escribas hebreos de la antigüedad actuaban como notarios públicos, preparando certificados de divorcio y registrando otras transacciones, etc. No tenían ninguna tarifa fija, de manera que se podía negociar con ellos el precio de antemano. Pero además, algunos llegaban a ser los copistas de las Sagradas Escrituras y, posteriormente, incluso, doctores e intérpretes de la ley divina.

En un principio, los sacerdotes hebreos eran a su vez escribas. Sin embargo, se dio mucha importancia a que todos los judíos tuvieran conocimiento de la Ley, por tanto, los que estudiaron y obtuvieron una buena formación consiguieron el respeto del pueblo, y con el tiempo estos eruditos, muchos de los cuales no eran sacerdotes, formaron un grupo independiente. Por ello, en el tiempo de Jesús la palabra “escribas” designaba a una clase de hombres a quienes se había instruido en la Ley. Estos hicieron del estudio sistemático y de la explicación de la Ley su ocupación. Eran los maestros de la Ley o los versados en ella. Por lo general pertenecían a la secta religiosa de los fariseos, pues este grupo reconocía las interpretaciones o “tradiciones” de los escribas (es decir, defendían tanto la Ley como las tradiciones orales por lo que ejercieron una influencia aún mayor que los sacerdotes en la conciencia popular), que con el transcurso del tiempo habían llegado a ser un laberinto desconcertante de reglas minuciosas y técnicas. Sin embargo, algunos escribas eran saduceos, que creían solo en la Ley escrita.

Escriba
La gente respetaba a los escribas y los llamaba “Rabí”,  un título de respeto que se usaba para dirigirse a los maestros. Jesús era, de hecho, el maestro de sus discípulos, pero les prohibió que codiciaran esa designación o que se la aplicaran como título como hacían los escribas y condenaba a los escribas fariseos porque habían hecho añadiduras a la Ley y habían ideado subterfugios para burlarla.

Los escribas no solo eran responsables como “rabíes” de las aplicaciones teóricas de la Ley y de la enseñanza de esta, sino que también poseían autoridad judicial para dictar sentencias en tribunales de justicia. Había escribas en el tribunal supremo judío, el Sanedrín. No recibían ningún pago por juzgar, y la Ley prohibía los regalos y los sobornos. Aunque no estaba permitido remunerarles por su labor judicial, es posible que esperaran y recibieran pago por enseñar la Ley, por eso Jesús advertía a las muchedumbres de la avaricia de los escribas.

Los escribas de las Escrituras Cristianas

Las diversas congregaciones de los primeros cristianos de Grecia deseaban leer todas las cartas y los evangelios que los apóstoles y otros cristianos les dirigían, y por lo tanto se hicieron copias a fin de seguir teniéndolas a mano y para darles una circulación más amplia. Las colecciones antiguas de las cartas de Pablo (copias de los originales) son prueba de que se copiaban y distribuían a un grado considerable.

Los originales de algunos de los primeros evangelios y cartas estaban escritas en hebreo, pues estaban dirigidas en especial a los judíos. Sin embargo, como había muchos judíos helenizados, debido a la Diáspora, se tradujeron más tarde al griego. Posteriormente, también se escribieron para los gentiles romanos, es decir, iban ,dirigidos a un público muy amplio, por lo que se hizo necesario hacer y distribuir muchas copias.

Scriptorium
Los copistas cristianos no solían ser profesionales, pero debido a su profundo respeto por el valor de los escritos inspirados cristianos, realizaban esta labor con sumo cuidado.

Por diversas razones, en la actualidad quedan pocos trabajos de los primeros copistas. Muchas de sus copias de las Escrituras se destruyeron durante la época en que Roma persiguió a los cristianos. El paso del tiempo también se cobró su tributo. Por otra parte, el clima cálido y húmedo de algunos lugares aceleró su deterioro. Además, cuando los escribas profesionales del siglo IV sustituyeron los antiguos papiros por manuscritos de vitela, no parecía haber razón para conservar las viejas copias de papiro.

Monje copista
La tinta que usaban los escribas era una mezcla de hollín y goma, a la que añadían agua para su uso. El instrumento de escritura era el cálamo, hecho de caña; humedecían la punta con agua para que actuara como una pluma o pincel. La escritura se hacía sobre rollos de cuero o papiro; posteriormente, se utilizaron hojas, que juntas formaban un códice, al que en ocasiones se colocaban cubiertas de madera.

El escriba medieval

Una de las funciones de los antiguos escribas en las distintas culturas era precisamente la de copista.

La labor del copista, o amanuense, es la de reproducción, difusión y conservación del libro, mediante copia a mano, hasta la aparición de la imprenta de tipos móviles en el mundo occidental, a mediados del siglo XV.

Este oficio, lo empezaron a desempeñar primero los siervos para sus señores en Grecia, y después en Roma, haciéndoles copiar libros con destino a su biblioteca particular,. Los libreros, que comercializaban estos manuscritos, también tenían un número variable de copistas a su cargo para atender sus necesidades de reproducción de libros.

Primeras imprentas
Un copista experimentado era capaz de escribir de dos a tres folios por día. Escribir un manuscrito completo ocupaba varios meses de trabajo. Esto solo en lo que se refiere a la escritura del libro, que posteriormente habían de ilustrar los iluminadores, o encargados de dibujar las miniaturas e iniciales miniadas (de minium, en latín, sustancia que producía el color rojo de la tinta, el más habitual en estas ilustraciones), en los espacios en blanco que dejaba.

Los utensilios más habituales que utilizaba el copista eran la penna (la pluma o péñola); el rasorium o cultellum (raspador); y atramentum (tinta).

El panorama cambia cuando son los centros monásticos los encargados de transmitir y salvaguardar el patrimonio de libros escritos. El amanuense medieval acostumbraba a escribir o aislado en su celda (el caso de los monjes cartujos y de los cistercienses) o en el scriptorium (escritorio), que era una dependencia común del monasterio acondicionada para tal fin, donde trabajaban muchos monjes a la vez. En esta sala los monjes escribían habitualmente al dictado, o traducían los libros escritos en griego o en latín con lo que se podían efectuar varias copias simultáneamente. Era un trabajo ingrato, que obligaba a forzar la vista, debido a la luz pobre que en general penetraba en los monasterios medievales. Cada día el copista trabajaba en un fragmento del ejemplar o modelo encomendado, o bien podían trabajar varios copistas al mismo tiempo en un códice repartiéndose los cuaterniones o cuadernillos.

Con la invención de la imprenta, cuya  implantación trajo consigo una revolución cultural por la rápida difusión de los libros abaratando los precios y por tanto llegando a más sectores de población, desapareció todo rastro de los amanuenses o escribas.




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