SOFYA KOVALEVSKAYA: UNA PIONERA Y PRODIGIOSA DOCTORA EN MATEMÁTICAS

No sólo fue la primera mujer que consiguió una plaza de profesora en una universidad europea, sino también un doctorado en matemáticas.

Las injusticias de la época por no dejar estudiar carreras superiores a las mujeres la llevaron a contraer un matrimonio de conveniencia y a luchar por sus derechos.

Sofya Kovalevskaya
La niñez bielorusa

Sofya Vasilyevna Kovalévskaya (Moscú 1850-Estocolmo 1891) vivió su infancia en Palibino, Bielorusia. Era descendiente del rey húngaro Matías Corvino, pero su abuelo, al casarse con una gitana perdió el título hereditario de príncipe.

Desde niña sintió pasión por las matemáticas. Cuando se hace mayor, su veneración por estas se intensifica. A los trece años empezó a mostrar muy buenas cualidades para el álgebra. Por esa época escribió: «Comencé a sentir una atracción tan intensa por las matemáticas, que empecé a descuidar mis otros estudios». Pero su padre, teniente general de artillería, no quería que sus hijas tuvieran una educación demasiado liberal así que decidió interrumpir las clases de matemáticas de su hija. Aun así Sofia siguió estudiando por su cuenta con libros de álgebra. Uno de sus tutores, sabedor de las facultades de Sofya, habló con su padre para recomendarle que facilitara los estudios a su hija. Al cabo de varios años su padre accedió y Sofia comenzó a tomar clases particulares.

Pero no eran buenos tiempos para las mujeres que querían estudiar, emanciparse y vivir de su trabajo. Las mujeres tienen prohibido estudiar en la universidad y las que aspiran a hacerlo en uno de los poquísimos países con menos restricciones, tienen que contar con el permiso de su padre o de su esposo. Viajar sola también es complicado. De hecho, estar casada le facilitará obtener un pasaporte.

Sin embargo, Sofya no cejó, tenía una meta clara. Posteriormente Kovalévskaya diría sobre sí misma: “He recibido en herencia la pasión por la ciencia de mi antepasado, el rey húngaro Matías Corvino; el amor a las matemáticas, la música y la poesía, de mi abuelo por parte de madre, el astrónomo Shubert; mi libertad personal, de Polonia; de mi bisabuela gitana, mi amor por el vagabundeo y la no predisposición a obedecer a las tradiciones y el resto es mi herencia rusa”.


Matrimonio por conveniencia

Aunque al final su padre se muestra más receptivo para que Sofya estudie matemáticas en un nivel más avanzado, la joven comprende que nunca le dará permiso, ni a ella ni a su hermana mayor, para ir a estudiar a Europa Occidental. Por eso, deciden que deben casarse y tener hijos, pero no por estar enamoradas, sino porque quieren ser libres para estudiar y salir de Rusia. 

Por aquella época se puso de moda un tipo especial de matrimonio ficticio”. Se buscaba a un hombre liberal, comprometido políticamente, que se prestara a fingir un matrimonio legal con el único objetivo de ayudar a su esposa a eludir las trabas y dificultades de una sociedad que discriminaba brutalmente a las mujeres. Después, cada uno hacía la vida por su cuenta.

Así, Sofya y Anna idean un plan. Su hermana escogió a un editor y traductor que simpatizaba con ideas políticas liberales y que era aficionado a la biología: Vladimir Kovalevsky. Aunque el caballero aceptó el matrimonio por conveniencia, prefirió a Spfya.

Cuando cumple dieciocho años Sofya se casa Vladimir , del que toma su apellido. Se fueron a vivir a San Petersburgo, donde al menos podía asistir a algunas clases en la universidad, eso sí, siempre que fuera acompañada de su marido o tío, quién también vive en la ciudad. En cualquier caso, cada uno empezó a dedicarse con rigurosa aplicación a sus correspondientes ámbitos científicos (Vladimir se dedicó a las ciencias naturales y sentó las primeras bases de la paleontología evolutiva).

Estudios y doctorado fuera de Rusia

Meses después, para continuar sus estudios, los Kovalevsky se trasladaron a Viena, y en la primavera de 1869 se instalaron en la ciudad alemana de Heidelberg donde Sofya, junto con su amiga Yulua Lermontova, que estudiaba química, asistía como oyente a la universidad de la ciudad asistiendo a las clases de conocidos científicos. Al principio con ellos vivía Anna, la hermana de Sofia, que pronto se fue a París, donde entabló amistad en los círculos revolucionarios. Allí se casó con Victor Jacklar, con el que participó activamente en la Comuna de París de 1871.


En 1870 se mudaron a Berlín, donde asistió a las conferencias del conocido matemático Karl Weierstrass. No obstante, no pudo ingresar en la universidad, porque no se admitían mujeres. Pero Weierstrass consintió en darle clases particulares, lo que fue un gran triunfo para ella ya que .el destacado científico tenía una visión muy conservadora sobre la educación femenina, de hecho, se manifestaba contrario al ingreso de las mujeres en las universidades alemanas. Pero pronto quedó rendido a la evidencia de la valía de su joven discípula. Posteriormente, él llegó a afirmar: “En lo que concierne a la educación matemática de Kovalévskaya, puedo asegurar que he tenido muy pocos alumnos que pudieran igualarse a ella en aplicación, capacidad, celo y entusiasmo por la ciencia”.

Al mismo tiempo que estudiaba, Sofya comenzaba su trabajo de doctorado. Escribió tres tesis: dos sobre temas de matemáticas y una tercera sobre astronomía. Más tarde el primero de estos trabajos apareció en una publicación matemática a la que contribuían las mentes más privilegiadas.

Gracias al matemático sueco.Mittag-Leffler, Sofya pudo trabajar a prueba durante un año en la Universidad de Estocolmo como profesora. Durante este tiempo Sofya escribió el más importante de sus trabajos, que resolvía algunos de los problemas al que matemáticos famosos habían dedicado grandes esfuerzos para resolverlos.

En 1874, Weierstrass solicitó a la Universidad de Gotinga la concesión a Kovalévskaya del título de Doctora en Filosofía in absentia y sin exámenes. En las cartas a los profesores de esta Universidad, Weierstrass analiza los tres trabajos presentados por su alumna, cada uno de los cuales, según su opinión, ya era suficiente para obtener dicho título científico. De esa forma, Sofya se convirtió en Doctora en Matemáticas, y con ello, en la primera mujer en Europa que lo conseguía.

Tras obtener el grado de Doctora, Sofya y su marido (quien también hizo un doctorado en geología) realizaron varios viajes. Visitaron Londres, donde conocieron a Charles Darwin, y la capital de Francia, durante el famoso periodo de la Comuna de París ayudando a liberar de la cárcel a Victor Jacklard.

En 1874 los Kovalévsky vuelven a San Petersburgo a comenzar una nueva vida. Pero Sfya solo encontró trabajo para dar clases de aritmética para niños en colegios. Los matemáticos rusos desestimaron su trabajo y solo mucho tiempo después reconocieron su ciencia. Cuatro años más tarde se mudaron a Moscú, donde Sofya dio a luz a su hija. Un año después, por invitación del gran matemático ruso Chébyshev, presentó su ponencia en un importante congreso de naturalistas, evento que resultó todo un éxito. Movida por la buena acogida de su trabajo, intentó obtener autorización para presentarse a los exámenes en la Universidad de Moscú, pero ésta no le fue concedida, aún a pesar de contar con el apoyo de numerosos académicos y científicos. En 1881 Sofia decidió regresar a Berlín con su hija para trabajar al lado de su profesor Weierstrass que la recibió cordialmente.

Tragedia y reconocimiento

Su matrimonio por conveniencia siempre siguió su curso, cada uno dedicado a su carrera científica, aunque las peleas y desavenencias eran cada vez más frecuentes en la pareja. Pero terminaron convirtiéndose en “amigos con beneficios” y tuvieron a su hija. Algunos biógrafos de Sofya, incluso, llegan a admitir que pudieron estar en algún momento “enamorados”, pero que en cualquier caso la matemática siempre intentó procurar el bienestar de su marido e hija.

Al instalarse nuevamente en San Petersburgo, Vladimir hizo una serie de inversiones en negocios inmobiliarios, en gran parte para financiar los proyectos académicos de ambos, pero los negocios fracasaron dramáticamente. Vladimir estaba sumido en una profunda depresión y fue incapaz de soportar los fracasos de sus negocios y la acusación de fraude que pesaba sobre él. Se suicidó en 1883. Sofya recibe la trágica noticia cuando está en París. Siente remordimientos por este amargo final y sufre tanto que sus amigos más cercanos temen por su vida.


Pero entonces recibe la propuesta del matemático sueco Mittag-Leffler de trasladarse a Estocolmo para trabajar en la universidad de esa ciudad. En aquel momento comienza el auge de su actividad científica y literaria, catapultándose como una de las matemáticas más brillantes de la historia.

Su gusto por la literatura ya se reveló en el periodo de su vida en San Petersburgo y Moscú cuando escribía ensayos y reseñas teatrales en varios periódicos. En Estocolmo esta inclinación se mantuvo gracias a su amistad con la escritora sueca Anne Charlotte Edgren-Leffler, hermana de Mittag-Leffler. Junto a ella Sofia escribió el drama La lucha por la felicidad que se editó varias veces en Rusia. Además Sofia Kovalévskaya escribió su libro autobiográfico Recuerdos de la infancia, un relato que narra las vivencias y sentimientos de su niñez y además describió los problemas e ideales de la sociedad rusa en la segunda mitad del siglo XIX, entre otros artículos y novelas que se publicaron en sueco, ruso y otras lenguas.

En la Universidad de Estocolmo, Sofya dio con gran éxito 12 cursos sobre diferentes aspectos de las matemáticas. En 1889 fue promovida a Profesora titular, un hecho también histórico ya que en el siglo XIX eso era prácticamente imposible: fue la primera mujer que lo conseguía en Europa.

Fue en la capital sueca donde Sofya conoció a Maxim Kovalevski (por ironía del destino del mismo apellido que su difunto marido), sociólogo y profesor de historia del derecho de la Universidad de San Petersburgo, que había ido a impartir clases en la Universidad de Estocolmo por una temporada. Aunque los dos tenían ya 40 años, entendieron que estaban hechos el uno para el otro. Él influyó de manera decisiva en la vida de Sofia. Por ejemplo, fue él quien la persuadió para escribir los recuerdos sobre su infancia.

En Estocolmo Sofya escribió posiblemente su investigación más importante sobre la rotación de un cuerpo sólido alrededor de un punto fijo por la que recibió el Premio Bordin de la Academia de las Ciencias de París (que para el caso aumentó su dotación económica de 3.000 a 5.000 francos) en 1888 y más tarde el premio de la Academia de las Ciencias de Suecia.

En el trayecto de su vuelta a Suecia tras un viaje de vacaciones de invierno en Italia, Sofya contrajo un catarro que terminó en neumonía. Murió el 10 de febrero de 1891. Tenía sólo 41 años y estaba en la plenitud de su fuerza mental y de su talento científico., así como de su vida personal. Su feliz vida con Maxim  no pudo durar mucho tiempo a causa de su fallecimiento.

Trascendencia de su legado

En muchos aspectos, Sofya fue una pionera. Fue la primera mujer en tener una cátedra universitaria y la primera mujer en ser elegida como miembro de la Academia Imperial (Rusa) de Ciencias, cuyas reglas cambiaron para permitir su membresía.


Su trabajo fue importante no solo por su aporte a la teoría básica de las ecuaciones en derivadas parciales, sino también porque algunas especulaciones que hizo sobre soluciones posibles a problemas abiertos han terminado siendo correctas. Sofya inventó formas de analizar el movimiento de un cuerpo en rotación sobre un punto fijo, lo cual se conoce como el Kovalevskaya top. Su logro más importante es la investigación de la teoría de rotación de cuerpos rígidos, cuyos primeros pasos cruciales fueron dados por los grandes matemáticos Euler y Lagrange, pero Sofya Kovalevskaya resolvió el tercer y último caso de la teoría.

Sin embargo, no se limitó a ese campo, también hizo investigación en física matemática, mecánica celeste, teoría potencial y cálculo. Uno de sus aportes más famosos fue el teorema Cauchy-Kovalevskaya, el cual generalmente se incluye en cursos universitarios de matemáticas.

También fue editora de la revista internacional Acta Matemática”. 

Feminista y progresista

Pese a sus grandes logros y a los premios y honores que recibió en vida, Sofya tuvo un salario muy inferior al de sus colegas hombres que desempeñaron las mismas funciones.

Por esta y otras razones se convirtió en promotora de los derechos de las mujeres y la llevó a expresar su rechazo al orden social y político que reinaba en la Rusia de su tiempo. Para muchos fue una revolucionaria, una progresista.

En las escuelas de secundaria de Estados Unidos existe un día “Sofia Kovalesky” de matemáticas, un programa de la Asociación de Mujeres en Matemáticas (AWM), que promueve la financiación de talleres en los Estados Unidos para alentar a las niñas a explorar las matemáticas. Además, la AWM patrocina la Conferencia anual “Sofia Kovalevsky” que tiene por objeto destacar las contribuciones significativas de las mujeres en los campos de la matemática aplicada o computacional.

La Fundación Alexander von Humboldt de Alemania otorga un premio bi-anual llamado Sofia Kovalevskaya a prometedores jóvenes investigadores de todos los campos.

En su honor, bautizaron “Kovalevskaya” a un cráter lunar y a un asteroide.


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