BAIA: LA CIUDAD ROMANA ,DE LA LUJURIA QUE SE TRAGÓ EL MAR

La ciudad de Baia fue el lugar de recreo favorito de la rica y poderosa élite romana del siglo I después de Cristo.

Su agua mineral, de propiedades terapéuticas, sus baños y un clima suave fueron lo que primero atrajo a la nobleza de Roma.

Baia hoy
Mansiones y saunas

La antigua ciudad de Baia (o Bayas) estaba situada en la costa de Campania, al sur de Italia, a unos 20 kilómetros de Nápoles. El lugar era conocido como los Campos Flégreos, así llamados por las calderas volcánicas que salpican la región.

Este área, debido a la actividad volcánica, contaba desde la antigüedad con multitud de fuentes termales con propiedades curativas y medicinales que la aristocracia romana y personajes tan conocidos como Nerón o Julio Cesar, con sus familias, también disfrutaron, a partir del siglo II a.C., construyendo villas allí para pasar sus vacaciones debido también a su benigno clima.

Campos flegreos
Baia no fue nunca una verdadera ciudad, solo un conjunto de villas lujosas, de instalaciones termales y de albergues que la convirtieron pronto en un centro balneario de élite.

La ciudad del desenfreno

Por otra parte, cuando Baia se convirtió en ese centro de recreo aristócrata, fue también muy criticada por la vida placentera, refinada y viciosa que allí se llevaba, considerándola un lugar de vicio y perdición.

Los ultrarricos de Roma viajaban aquí los fines de semana para celebrar sus fiestas donde podían entregarse a sus deseos más salvajes. 

Ruinas arqueológicas
Uno de sus residentes llegó a encargar un ninfeo, una gruta privada rodeada por estatuas de mármol dedicadas en exclusiva a los placeres terrenales.

También son muchos relatos de intriga asociados a Baia. Por ejemplo, circularon rumores de que Cleopatra escapó en su barco desde Baia después de que Julio César fuera asesinado en el 44 a.C., mientras Julia Agripina planeaba, también en Baia, la muerte de su marido, Claudio, para que su hijo Nerón pudiera convertirse en emperador de Roma.

Tragada por las aguas

La ciudad fue saqueada por los sarracenos en el s. VIII y cayó en un lento abandono hasta quedar en el más absoluto de los olvidos.

Ruinas arqueológicas
Pero Baia, durante siglos, fue sacudida por el fenómeno conocido como bradisismo, consistente en el ascenso y descenso gradual del nivel del suelo causados por la actividad sísmica e hidrotermal, lo que hizo que gran parte de la ciudad de Baia se hundiera.

O sea que, ironías del destino, el gran tesoro de la ciudad, sus chimeneas volcánicas, a causa de la acción geológica, serían a la larga las causantes de su desaparición.

Resurgir de sus cenizas

El renovado interés turístico por esta zona costera solo se volvería a producir en los años cuarenta del siglo XX.

Ruinas arqueológicas submarinas
La presión subterránea había hecho que la tierra que rodea Baia se alzara y hundiera continuamente, empujando las antiguas ruinas hacia la superficie marina y después lentamente el agua se las volviera a tragar de nuevo. Las ruinas sumergidas habían sido del dominio exclusivo de unos pocos intrépidos arqueólogos.

Pero en los años sesenta, las autoridades italianas enviaron un submarino a investigar las partes de la ciudad que permanecían bajo el agua. Lo que encontraron fue fascinante.

La hipótesis que se maneja actualmente es que la grandiosidad y la riqueza de los restos salidos hasta ahora a la luz, pueden formar parte de una gran residencia imperial, sobre cuyas ruinas de su palacio imperial construyó Carlos V el Castello de Baia.

Ruinas arqueológicas submarinas
Desde entonces, buceadores, historiadores y fotógrafos han podido captar rotondas y pórticos sumergidos, todos ellos descubrimientos que han dado pistas sobre el más rabioso desenfreno de la antigua Roma.

El yacimiento arqueológico submarino no fue formalmente designado como zona protegida hasta 2002, cuando abrió al público. Desde entonces, la tecnología 3D y otros avances en arqueología submarina han hecho las delicias de cuantos lo visitan.

Debido a la ondulación de la corteza terrestre, las ruinas yacen en aguas relativamente poco profundas, a una media de seis metros, permitiendo a los visitantes ver algunas de sus misteriosas estructuras subacuáticas desde barcos con el suelo de cristal.

Ruinas arqueológicas submarinas
Tanto en la costa como en las colinas próximas se hallan algunas ruinas con restos de edificios que no se han podido identificar; como los templos de Venus, Diana y Mercurio, que lejos de tratarse realmente de templos se cree que en realidad eran saunas.

Baia hoy

Baia, una sombra de su antigua magnificencia, pero que aún contiene su espíritu recreativo.
Hoy en día, la costa, que estuvo antaño cubierta con mansiones y saunas, es una pequeña ensenada con un hotel y un puñado de restaurantes especializados en pescado y marisco, todos alineados en la estrecha carretera que conduce hacia Nápoles.

Los sismólogos prevén un incremento de la actividad volcánica en la costa de Baia en un futuro próximo, haciendo su destino incierto una vez más. Solo el pasado año, se registraron 20 pequeños temblores y en los últimos años se ha empezado a considerar el cierre de las ruinas sumergidas al público.

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