ELENA GARRO: ¿LA ESCRITORA MALDITA DE MÉXICO?

Se la considera la precursora del "realismo mágico" latinoamericano ya que lo introduce en sus textos antes que García Márquez o Juan Rulfo. 

Sus actividades políticas y su enemistad con determinados intelectuales, incluido el que fue su marido Octavio Paz, la señalaron como una escritora maldita. 


Elena Garro
Esposa de Octavio Paz

A Elena Garro (Puebla, 1916-Cuernavaca 1998) la describen quienes la conocieron que era culta, bella y cautivadora. Nació en el seno de una familia intelectual, lo que marcó su infancia y adolescencia. Quiso ser actriz, por lo que estudió teatro y coreografía, pero también estudió literatura en la Universidad Nacional Autónoma de su México natal.

Hablaba varias lenguas y, posteriormente se graduó tanto en la Universidad de California, en Berkeley, como en la de París.

Cuando estudiaba en la universidad mexicana conoció a Octavio Paz, con quien se casó en 1937. Tuvieron una hija, Helena.

La joven paraje viajó meses después a España donde Paz participaba en el <ii Congreso Internacional de Intelectuales para la Defensa de la Cultura. Después fueron a París donde se movieron en los círculos intelectuales y artísticos más influyentes.

A finales de los años cuarenta, Paz, Premio Nobel de Literatura en 1990, empezó a mantener relaciones con la pintora Bona Tibertelli de Pisis. Y Garro se enamoró locamente del escritor argentino Adolfo Bioy Casares, al que vio tres veces en su vida, pero con el que mantuvo una larga correspondencia epistolar. El naufragio del matrimonio era evidente. Nada lo podía salvar, pero el divorcio no llegó hasta 1959.

Dicen los biógrafos de Elena Garro que su matrionio con Paz no solo la marcó como persona sino también como escritora. Como la mayoría de los intelectuales mexicanos en los años 50 y 60, el poeta mantenía una posición machista hacia su pareja. Octavio Paz no permitió la competencia en casa, él sabía del talento de Elena, pero obstruyó su desarrollo intelectual, aseguran.

La joven Garro
Ella quedó reducida al entorno privado y doméstico durante más de veinte años en que no pudo escribir ni publicar. Esto lo plasmó Garro en sus diarios. En los cuadernos cuenta que muchas veces tuvo que quemar sus escritos para evitar problemas con su esposo, y la mayoría escribía sus poemas a escondidas y los mezclaba con pasajes de su vida cotidiana en París. Incluso en una entrevista Garro afirma que Paz le prohibió adentrarse en el género de la poesía porque ese era su terreno.

Sólo ella, durante décadas supo de ellos. En sus líneas secretas hablaba de seres fantásticos, de animales, playas. De su vida con el poeta Octavio Paz, la nostalgia por México y su familia. Y de la soledad. 

Pero aunque el matrimonio fracasó, en sus buenos momentos también crecieron juntos literariamente y en fama. De algún modo lo tuvieron todo y todo lo perdieron.

El poeta soñó enterrar el vínculo, algo que jamás lograría. “Ella es una herida que nunca se cierra, una llaga, una enfermedad, una idea fija”, llegó a decir.

Garro, por su parte, hizo de su rencor un monstruo insomne. "Nuestra historia fue una historia de amor y de envidia", dice. La propia autora lo reconocería antes de su muerte: “Yo vivo contra él, estudié contra él, hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él y defendí indios contra él. Escribí de política contra él, en fin, todo, todo, todo lo que soy es contra él (…) en la vida no tienes más que un enemigo y con eso basta. Y mi enemigo es Paz”.

Este odio tomó la forma de un colosal ajuste de cuentas. En sus diarios, novelas y memorias, a veces sin importarle demasiado la verdad, se aprecia la paranoia de una mente enferma, afirman.

Garro y Octavio Paz
Pero Octavio Paz es intocable en México, por lo que Elena Garro, tras su divorcio, sería la parte débil y en quien recayó el olvido y el silencio literario.

No obstante, a finales de 1989, Elena Garro, que vivía en París con su hija Helena, envió una carta a Octavio Paz, que estaba en México. La carta forma parte de la colección “Elena Garro Papers” que custodia la Biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton. En ella le dice;

Hace ya tiempo que deseaba escribirte para pedirte perdón por todas las calamidades desdichas y sufrimientos que ocasioné en tu vida. Créeme que te pido perdón después de una larga, muy larga temporada de introspección, examen de conciencia y análisis de mi execrable conducta. Perdona, no puedo dejar de llorar. Sí, llorar a lágrima viva. ¿Cómo pude ser tan estúpida?, ¿tan frívola?, ¿tan inconsciente? Ahora, después de estos años terribles, no lo entiendo. ¡Y tú decías que yo era ¡muy inteligente! Y, yo, vanidosa me lo tomé en serio! Esto me martiriza. Pues veo que todo lo que me dijiste, (salvo lo de la inteligencia) era verdad.

No lloro por mí. Lloro porque el mal que hice ya no tiene remedio. Y ese mal ha caído sobre la Chata, que ninguna culpa tiene. Su vida ha sido más que triste. ¡Mucho más! Lo que sí te puedo asegurar es que siempre le he dicho: “No hagas esto o aquello, acuérdate de que tu padre no estaba de acuerdo y el tiempo ha demostrado que él tenía la razón”. Ella te quiere mucho, más de lo que te imaginas y también le tiene afecto y le hace mucha gracia tu mujer.

....
¡Ay! Octavio, yo tengo que llorar hasta mi último día, a ver si Dios me perdona por haber sido tan rebelde, estúpida, egoísta y majadera! No creo que tú puedas perdonarme, pero yo cumplo con una necesidad muy grande, que tengo de implorar tu perdón. Me sentiría un poco aliviada y sentiría a mi hija más cerca de ti, que para mí es FUNDAMENTAL.
No duermo, me paso la noche leyendo a los rusos. Si cierro los ojos veo todo el desastre que produje. Perdóname, por favor y disculpa que tu hija sea también la mía. ¡Por favor! Pobre criatura. Sí, los hijos pagan los delitos de los padres. En este caso de la madre.

Te admira y te desea lo mejor del mundo. Elena Garro”.

Garro
Incluso en lo más profundo de su desamor, también Paz mantuvo siempre un hilo de admiración hacia su primera esposa y apoyó la publicación en 1963 de la que posiblemente es su obra cumbre, ”Los recuerdos del porvenir”. Admiró a su mujer, que no dejaba de asombrarlo, ni de inquietarlo. La correspondencia entre ambos comprueba que se trataban como pares: se admiraban, se apoyaban, dicen los historiadores.

¿Traidora o traicionada?

El matrimonio con el poeta no fue la única causa de la imagen negativa de la escritora. Su activismo político (se acercó al PRI y al reformista Carlos Madrazo) y las duras críticas que solía hacer a los intelectuales mexicanos contribuyeron a seguir alimentando la leyenda negra de Garro tras su separación de Octavio Paz.

Pero la gota que colmó el vaso fue a raíz de la masacre estudiantil de Tlatelolco en 1968. Los militares dispararon a estos durante un mitin matando a entre 20 y 200, nunca se aclaró. Pero Garro cargó contra los estudiantes llamándolos incluso “terroristas” en un texto que publicó y en otro llamado "El complot de los cobardes" donde hacía a los intelectuales culpables de la masacre por instigar a los estudiantes a la rebelión y luego abandonarlos a su suerte.

Estas acusaciones le ocasionaron el rechazo de la comunidad intelectual mexicana de ese tiempo. Nunca se lo perdonaron.

Además, fue acusada de colaborar con el gobierno de Estados Unidos en la “caza de brujas” de su país. De hecho, existen documentos de la CIA que prueban su relación, así como también en el llamado caso “Oswald mexicano”. Pero también de lo contrario, es decir, de intrigar contra el gobierno mexicano porque defendía a los campesinos de los terratenientes y políticos que les robaban sus tierras, explican sus biógrafos.

Todo ello, y el temor a represalias contra su persona y su hija, la llevó al exilio primero en Estados Unidos, luego en España y más tarde en París durante veinte años. Regresó a México en 1993.
Al final la controversia afectó a su obra.

Garro
El regreso

Cuando regresó a México, tras sus muchos años de exilio, pasa sus últimos momentos en un mísero piso inmundo de Cuernavaca con su hija y rodeada de gatos, alimentándose de largos sorbos de café y Coca Cola, tumbada en la cama y fumando sin parar. El enfisema ahogaba su voz., apenas podía respirar. 

Se hacían colectas para ayudarlas pero dicen sus defensores que el dinero desaparecía rápido porque lo gastaba en sacar a los indígenas de la cárcel y darles cobijo en su casa. 

Estaba en la indigencia. El 22 de agosto de 1998 moría de cáncer de pulmón. Cuatro meses antes lo había hecho Octavio Paz.

Los críticos de la escritora dicen que Garro tenía un fuerte desequilibrio emocional y que sufría delirios de persecución.

Con respecto a su obra, a su vuelta a México, algunas cosas habían cambiado. Aunque la traición todavía pesaba, su obra había ganado espacio. Era estudiada y leída.

 Obra

Fue guionista, periodista, dramaturga, cuentista y novelista. En referencia a su estilo se le califica de “realismo mágico”,  aunque ella rechazó esta identificación, por considerarla una etiqueta mercantilista y que le molestaba porque decía que el realismo mágico era la esencia de la cosmovisión indígena, y que por lo tanto no había nada nuevo bajo el sol.

Pero numerosos críticos que consideran a su novela Los recuerdos del porvenir (1963), escrita cuatro años antes que Cien años de soledad”, como el inicio de este movimiento literario. Asimismo, señalan que hay similitudes en la obra de Juan Rulfo, otro referente del “realismo mágico”, y los tres primeros libros de Elena Garro (Un hogar sólido (teatro,1958), Los recuerdos del porvenir (novela,1963) y La semana de colores (cuento, 1964).

Tras obtener un divorcio de Octavio Paz , Elena Garro comenzó a publicar su propia literatura.

Su obra toca temas tales como la marginación de la mujer, la libertad femenina, o la libertad política.

Dicen los expertos que su narrativa introdujo nuevas maneras de concebir el tiempo dentro del relato, sus piezas teatrales renovaron la dramaturgia al introducir en ellas el elemento de la fantasía, sus historias, tan fantásticas como verosímiles, introdujeron en la literatura la cosmovisión de los pueblos de provincia.

Elena Garro en sus último años.
La sombra de Octavio Paz y su incursión en la política hicieron que Elena Garro no tuviera en vida el reconocimiento que según los estudiosos de su obra merece..

Ella siempre buscó la independencia intelectual para poder ejercer su oficio sin compromisos.

Curiosamente, junto a una decadencia personal, el final de su vida es una mezcla de ferviente producción literaria, con obras importantes como ”Reencuentro de personajes (1982), ”Y Matarazo no llamó (1991) o ”Un corazón para un duelo (1996).
  
Algunos críticos la consideran la escritora latinoamericana más importante del siglo XX, y la segunda mexicana tras Sor Juana Inés de la Cruz. Hoy su figura es un símbolo libertario y su obra empieza a contemplarse en toda su intensidad. Pero Elena Garro sigue siendo una escritora desconocida y poco leída, cuentan sus biógrafos.

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