BLASCO IBAÑEZ, UN ESCRITOR MUY INCÓMODO, DEL ÉXITO INTERNACIONAL AL OLVIDO

Quizás su vida sea su mejor novela: anticlerical, republicano, revolucionario, masón, ‘best-seller’, millonario y estrella de Hollywood por su novela “Los cuatro jinetes del Apolacipsis” que llegó a estar en el número uno en las listas de de los más vendidos en Estados Unidos..

Dividió su pasión entre la política, donde se definió como masón, anticlerical, antimonárquico y republicano, el periodismo y la literatura. Ha sido el escritor español con mayor éxito internacional de todos los tiempos después de Cervantes.

Blasco Ibáñez
Un hombre de acción

Nacido en Valencia en 1867, de padres aragoneses, a los dieciséis años ya había fundado un periódico semanal movido por su afán de escribir y contar historias.

Quiso ser marino, pero las matemáticas no eran su fuerte así que lo cambió por el Derecho, cursando estudios en la Universidad de Valencia, periodo durante el cual también perteneció a la tuna hasta que se licenció en 1888 de una carrera que nunca llegó a ejercer.

También durante esa época, en 1887, parece ser que ingresó en la masonería, adoptando el nombre simbólico de Danton, y que fFormó parte de la Logia Unión n.º 14 de Valencia y posteriormente de la logia Acacia n.º 25.

Igualmente comienza a implicarse en la vida política valenciana al asistir a las reuniones del Partido Republicano Federal. Ya en sus primeras intervenciones públicas se da cuenta que está dotado de un tremendo poder de persuasión capaz de enardecer al auditorio y entusiasmar a las gentes. Se ve en la necesidad moral de denunciar los abusos y contribuir al progreso del pueblo (el analfabetismo y las condiciones de vida precarias).

Cuando el pretendiente carlista, el marqués de Cerralbo, llega a Valencia en 1890, Blasco lanza un llamamiento a los republicanos para que boicoteen la visita. Es acusado de injurias al poder público y tiene que huir. Finalmente llega a París, donde pasará el invierno de 1890 a 1891. Escribe crónicas de lo que ve para algunos periódicos y comienza su etapa periodística.

Con tan solo veinticuatro años, desde su exilio parisino, es presentado como candidato a diputado para las elecciones de 1891 y vuelve a España aprovechando una amnistía general.

Desde su vuelta hasta 1905 se dedica enteramente a la política, convirtiéndose en poco tiempo en el político más popular de Valencia y en el más temido por su capacidad de arrastrar a la gente.. Blasco Ibañez vive intensamente la política, se patea los barrios de la ciudad y los pueblos de la provincia dando mítines y escribe diariamente en el periódico.

Es elegido diputado a Cortes en siete legislaturas (entre 1898 y 1907) representando al partido republicano denominado Unión Republicana.

Blasco Ibáñez
En noviembre de 1894 fundó el periódico “El Pueblo”, que fue clave en su actividad política con sus cerca de mil artículos e incontables gacetillas o crónicas sin firma. Su originalidad estribaba, además de en su precio -la mitad que el resto de la prensa valenciana-, en sus titulares y en su estilo desenfadado en el que se iban mezclando, con hábil dosificación, el melodrama, la comicidad y la pedagogía.

Durante este período fue perseguido por la justicia en tres ocasiones. La primera, que le costó el encarcelamiento, fue por un alboroto anticlerical La segunda, en 1896, por soliviantar a las masas contra la guerra de Cuba, lo que le obliga a huir a Italia. La tercera, en 1898, cuando encabeza encrespadas manifestaciones contra la monarquía, lo que le lleva también a prisión.

En esos años de activismo político fue cuando escribió sus mejores novelas costumbristas y sociales (“Arroz y tartana” 1894; “Flor de mayo” 1895; “La barraca” 1898; “Entre naranjos” 1900; “Cañas y barro” 1902; “La catedral” 1903; “El intruso” 1904; “La bodga” 1905; “La horda” 1906)
También fundará con su amigo Francisco Sempere la editorial “Prometeo” donde no solo publica, a precios asequibles, no sólo sus obras sino las de autores clásicos y contemporáneos como Shakespeare, Tolstoi, Quevedo, Zola, Dumas Poe, Nietzsche, Conan Doyle, etc.

En noviembre de 1908 renunció a su escaño y abandonó la vida política activa, que no retomaría hasta la dictadura de Primo de Rivera, a la que combatió desde su exilio.

Una vida novelesca

A partir de su abandono de la vida política y su marcha a Madrid, Blasco Ibañez se dedica sólo a la literatura y a promocionar sus obras y las de la editorial que lleva en Valencia su amigo y socio Sempere. En su estancia en la capital descubre la vida mundana de las tertulias, los salones, las noches galantes, la ópera y el teatro.

En una de estas tertulias conoce a la esposa del embajador de Chile, con la que mantendrá una larga relación amorosa. Con ella realiza un viaje a Oriente, cuyas crónicas vende a periódicos de Madrid, de Buenos Aires y de México.

Blasco Ibáñez
En 1908 publica “Sangre y Arena”, una de sus novelas de mayor éxito internacional, a pesar de que Blasco Ibañez odiaba los toros y los había ridiculizado repetidas veces en sus artículos de El Pueblo, pero que tuvo un enorme éxito en Hollywood por ser de charanga y pandereta.

En su estancia en Argentina realizó un viaje a la Patagonia y decidió realizar allí la compra de tierras para poner poner en cultivo trayendo de Valencia labradores que las arrendaran durante diez años y después podrían comprarlas con los beneficios que obtuvieran. Durante los tres años siguientes, de 1911 a 1913, se dedicó por entero a poner en marcha las colonias que bautizó con el nombre de Nueva Valencia y Cervantes. Pero el proyecto terminará en un estrepitoso fracaso.

Regresó a España casi completamente arruinado. Pero buena parte de los colonos valencianos se quedaron en Argentina, estableciéndose por su cuenta. Siguieron trabajando allí y hoy en día esas poblaciones son el granero arrocero de la Argentina gracias a los procedimientos de regadío que estableció Blasco Ibáñez y a la labor de aquellos trabajadores valencianos. La colonia de Cervantes actualmente tiene más de 12 000 habitantes.
La falta de dinero le empujó a marchar a París y probar suerte como escritor junto a su compañera Elena Ortúzar.
Blasco Ibañez era un profundo admirador de las mujeres, tanto de la belleza física como de las características psicológicas de estas.Se casó con María Blasco en 1891 y tuvieron cuatro hijos: Mario, Julio César (fallecido a los veinticuatro años de edad), Sigfrido y Libertad. Cuando falleció su mujer en 1925, llevaban ya años separados, se casó con Elena Ortúzar.

Durante la Primera Guerra Mundial ve la ocasión de colocar en la prensa grandes reportajes. Además comienza a publicar en su editorial valenciana una Historia de la guerra europea en fascículos. Para sus reportajes y fascículos visita los frentes y la retaguardia, adoptando un punto de vista favorable a los aliados. Al mismo tiempo comienza a escribir la novela que le hará famoso en el mundo entero y definitivamente rico: “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, que versaba sobre el tema.

En Europa la novela pasó desapercibida, pero en 1919 la traducción al inglés la convirtió en Estados Unidos en “la figura dominante de la ficción de este año”, según The New York Times. Blasco vendió más de diez millones de copias (200.000 en un sólo año). Un fenómeno que no se había repetido desde “La cabaña del tío Tom”, consagrándose como el autor español más internacional del momento.

Se vendían ceniceros, corbatas, juguetes, jabones, pisapapeles, con motivos alusivos a la novela, y todo el mundo quería conocer al autor. Hasta tal punto fue un éxito que en 1921 se realizó la versión en cine (vendió el guión a la Metro por 20.000 dólares) protagonizada por un novel Rodolfo Valentino. Las fotografías del retrato al óleo que le hizo Sorolla aparecen en todos los periódicos. Viaja por todo el continente dando conferencias con las que consigue mucho dinero.

Recibe el doctorado honoris causa por laUniversidad de Washington y una cadena de prensa le contrata por mil dólares el artículo, una cifra nunca pagada hasta entonces.
Además también firma en Hollywood un contrato para la versión cinematográfica de Sangre y Arena, que protagonizará igualmente Rodolfo Valentino.

En 1926 la Revista Internacional del Libro, de Nueva York, convoca una votación  entre los lectores de toda América sobre la popularidad de los autores del año. Blasco Ibáñez se encarama a la segunda posición, tan solo por detrás de H.G.Wells.
Visita México y vuelve a España en 1921, pero de camino, en la Costa Azul francesa (en Menton) se compra una villa a la que ha bautiza con el nombre de Fontana Rosa, en la que pasará el resto de sus días.
Cuando llega a Valencia el entusiasmo popular se desborda, sus correligionarios le ofrecen un espectacular homenaje y el Ayuntamiento le dedica la calle en que nació y organiza una cabalgata con carrozas alegóricas que reproducen escenas de sus novelas.

En su finca de la Costa Azul escribe novelas por encargo —un editor le llega adelantar 50 000 dólares por una que trate del descubrimiento— . Inesperadamente, decide realizar un viaje alrededor del mundo, del que extrae también cuantiosos beneficios al escribir crónicas periodísticas sobre los lugares exóticos que va visitando

Su vuelta a la vida política la prepara cuidadosamente. Crea y financia la revista “España con honra”, el órgano de la oposición exiliada a la dictadura de Primo de Rivera. 

Renuncia a su candidatura para el ingreso en la Real Academia Española de la Lengua como reacción a su oposición a la dictadura. Fue entonces cuando la prensa española lanza una campaña denigratoria contra él y el Ayuntamiento de Valencia, del que han sido excluidos sus partidarios, arranca la placa con su nombre de la calle que tenía dedicada en la ciudad.

Cuando estaba empezando una nueva novela que iba a ser el relato de su vida y que llevaría por título La juventud del mundo, murió en su residencia francesa el 28 de enero de 1928, un día antes de cumplir sesenta y un años, de las complicaciones de una neumonía.

Sus restos fueron trasladados a Valencia después de la proclamación de la Segunda República, cumpliéndose así un deseo. El 29 de octubre de 1933 el pueblo republicano de Valencia se echó a la calle para recibir en procesión cívica, encabezada por el gobierno de la República, el féretro de Blasco Ibáñez que fue llevado a hombros por los pescadores del Grao. En la tapa del féretro, diseñado por Mariano Benlliure, se había tallado un libro abierto y la leyenda Los muertos mandan
título de uno de sus libros.

Blasco Ibáñez
 Escritor precoz y prolífico

Desarrolló una carrera literaria que fue mucho más allá de las novelas costumbristas a las que la historia ha pretendido reducirlo. Fue uno de los mejores escritores descriptivos de nuestro tiempo y maestro de la llamada “novela costumbrista” valenciana.

Escribía con inusitada rapidez y era un entusiasta admirador de Cervantes y de la historia y la literatura españolas, también la música lo sedujo.

Aunque hablaba valenciano, escribió casi por completo sus obras en castellano con solo nimios toques de valenciano en ellas, aunque también escribió algún relato corto en valenciano para el almanaque de la sociedad Lo Rat Penat.

Algunos críticos se le ha incluido entre los escritores de la generación del 98, pero lo cierto es que sus coetáneos no lo admitieron entre ellos. Sin embargo, pese a ello, el propio Azorín, uno de sus detractores, ha escrito páginas extraordinarias en las que manifiesta su admiración por el escritor valenciano por sus descripciones de la huerta de Valencia, su luminosidad y de su esplendoroso mar, trazos semejantes a los de su amigo Sorolla con los pinceles.

Se le califica, pues, en una primera etapa, como escritor costumbrista y regionalista, aunque posteriormente derivó, de forma general, hacía el naturalismo literario por lo que se le considera el “Zola español”, aunque con características propias.

Blasco Ibañez cultivó varios géneros dentro de la narrativa. Se pueden agrupar sus obras literarias según su gran variedad temática frecuentemente ignorada en su propio país, puesto que además de las novelas denominadas de ambiente valenciano (Arroz y tartana, Flor de Mayo, La barraca, Entre naranjos, Cañas y barro, Sónnica la cortesana, Cuentos valencianos, La condenada), hay novelas sociales (La catedral, El intruso, La bodega, La horda), psicológicas (La maja desnuda, Sangre y arena, Los muertos mandan), novelas de temas americanos (Los argonautas, La tierra de todos), novelas sobre la guerra, la Primera Guerra Mundial (Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Mare nostrum, Los enemigos de la mujer), novelas históricas (El Papa del mar, A los pies de Venus, En busca del Gran Kan, El caballero de la Virgen), novelas de aventuras (El paraíso de las mujeres, La reina Calafia, El fantasma de las alas de oro), libros de viajes (La vuelta al mundo de un novelista, En el país del arte, Oriente, la Argentina y sus grandezas) y novelas cortas (El préstamo de la difunta, Novelas de la Costa Azul, Novelas de amor y de muerte, El adiós de Schubert) y autobriografías entre sus muchas obras.También fue un apasionado del ocultismo.

Tumba de Blasco Ibáñez
Y sin embargo, a pesar de su extensa y reconocimiento internacional, Vicente Blasco Ibáñez es uno de los escritores españoles más desconocidos por el gran público y criticado por sus propios compañeros de la generación del 98. Por un lado, nunca le perdonaron su éxito y su fortuna ganada con la literatura, por otro, su filiación política. Ni una cosa ni la otra importaron más allá de nuestras fronteras. 

De “best-seller” a olvidado 

Su personalidad arrolladora, carismática, impetuosa, vital y persuasiva, le atrajo la admiración de muchos y antipatía de algunos. Dividió su vida entre la política, el periodismo y la literatura y puso su oratoria y su pluma al servicio de diversas causas, principalmente la de la denuncia de las desigualdades sociales de su tiempo y la lucha contra la monarquía de Alfonso XIII y la de la dictadura de Primo de Rivera, así como su posición antialemana durante la Primera Guerra Mundial.

A lo largo de su carrera política logró ser muy popular, siendo considerado el diputado republicano más combativo y el periodista más comprometido de su generación. Pese a ello, fue ignorado a partes iguales tanto por la derecha como por la izquierda. Unos no perdonaban su confeso y aireado ateísmo, republicanismo masonería y anticlericalismo,  mientras que los otros no podían pasar por alto su pretendida ideología de izquierdas conjugada con sus posesiones, su fama y su estilo de vida burgués.

Lo cierto es que de su producción literaria, de uno de los escritores españoles de mayor proyección internacional de todos los tiempos, apenas se conoce una mínima parte debido a la marginación que sufrió su figura política hasta concluida la dictadura franquista, pero luego ya no se recuperó y cayó en el olvido.

Su villa en la playa de la Malvarrosa de Valencia, en donde debatía con los intelectuales y amigos de su época, es actualmente la Casa-<museo de Vicente Blasco Ibáñez. 

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