¿QUIÉN FUE DON PELAYO: UN CAUDILLO ASTUR O UN NOBLE GODO?

De Don Pelayo tradicionalmente la historia cuenta que fue el primer monarca de Asturias, y su fundador, que reinó durante 19 años hasta su muerte y que frenó la expansión musulmana hacia el norte, y por tanto, inició la llamada Reconquista cristiana.

Sin embargo, aunque actualmente no se albergan dudas sobre su existencia real, su origen, su trayectoria y su pretendido freno al dominio musulmán es cada vez más cuestionado ya que se considera que su figura ha llegado a nuestros días enturbiada por la manipulación posterior de las crónicas interesadas.

Don Pelayo
Un personaje enigmático

El contexto en el que aparece Don Pelayo es en el de la invasión musulmana de la Península Ibérica cuando estos, al frente de Tariq, habían derrotado a las huestes godas de Rodrigo en la batalla de Guadalete (año 711). Con esta victoria, su expansión por la península fue rápida y sin oposición ni de la nobleza hispana, que prefirió someterse a perder sus privilegios y territorios, ni de la Iglesia, encabezada por el arzobispo de Toledo, por el mismo motivo.

Al principio los musulmanes sólo se asentaron en Andalucía, Levante y el Valle del Ebro, mientras que en el resto de la península establecieron guarniciones cuya función era la de recaudar tributos y lanzar campañas para recordar su presencia, excepto en la cordillera cántabro-pirenaica.

Es precisamente en este territorio, dominado por astures, cántabros y vascones, escasamente romanizado y ajeno a la ocupación visigoda, donde se fraguará el germen de la resistencia al nuevo enemigo, que la despreció considerándola "una treinta de asnos salvajes", en palabras del cronista árabe Al-Maqqari.

Noble godo

Las principales fuentes escritas sobre la monarquía astur, la Crónica Albeldense (año 880) y la Rotense y Culta (coetáneas), escritas durante el reinado de Alfonso III, es donde se empieza a hablar de la existencia del rey Pelayo.

Estas Crónicas medievales declaran que los reyes astures son descendientes de Leovigildo y Recaredo, y tratan de crear una continuidad institucional entre ambas monarquías.

Don Pelayo
Y así, presentan a Pelayo como espatario, o espadero, de los reyes Witiza y Rodrigo, es decir, miembro de su guardia personal. Ya en el siglo XIII, Lucas de Tuy asegura que era nieto del monarca Chindasvinto e hijo de Favila, por lo que estaría emparentado con Rodrigo, que a su vez era hijo de Teodrofredo, hermano del padre de Pelayo. Es decir, su pasado era completamente visigodo.

En esta línea, tras la derrota de Guadalete, parece que Pelayo se replegó hacia el norte con un contingente de nobles afines en busca de un terreno más propicio y allí se granjeó la confianza de los pueblos de esos territorios, de los cuales era gobernador el musulmán Ieione, Munuzade con quien toma contacto Pelayo por el tema de los impuestos. A raíz de aquí las versiones difieren algo. En una, Menuza de enamora de la hermana de Pelayo y la quiere desposar, algo a lo que se opone el cristiano por lo que es enviado a Córdoba prisionero. Este logra huir y vuelve al norte para frenar las intenciones del musulmán organizando a los suyos (que lo nombran rey en el año 718, fecha que se considera como el inicio del reino astur, con capital en Cangas de Onís)  y se refugia en el monte Auseva, en una gran cueva, donde organiza la resistencia que acaba con las guarniciones islámicas de la región acantonadas en Gijón (“con 300 asnos salvajes” según las crónicas musulmanas) librando la legendaria batalla de Covadonga, considerada como el legendario inicio de la Reconquista cristiana de los territorios ocupados por los árabes. En la otra versión, solo la intención del desposamiento se omite y la motivación es el rechazo al pago de los impuestos musulmanes.

La leyenda cuenta que cuando los musulmanes intentaron acceder a la cueva por el desfiladero recibieron una lluvia de piedras y flechas procedentes de los altos dominados por los astures, lo que causó grandes pérdidas en la vanguardia musulmana. También les atacaron en la retirada, donde un desprendimiento de rocas sepultó a parte del ejército. Este golpe de suerte se consideró intervención divina, por lo que Covadonga fue, posteriormente, consagrada como lugar de culto y peregrinación para la cristiandad.

Por su parte Munuza, enterado de la derrota, abandonó Gijón, donde tenía su base, y se dirigió con sus tropas a León. Pero la versión musulmana habla de una pequeña escaramuza en la que no merecí a la pena invertir más esfuerzos ni recursos.

Caudillo astur

Sin embargo, la historiografía moderna, sobre todo a partir de los años 90 del siglo XX, contradice radicalmente la versión de los genes godos de Pelayo con datos que apuntan más bien a la existencia de una tradición gentilicia local, la astur, muy lejos del reino visigodo de Toledo.

Y en este contexto el primer dato que se hace difícil imaginar cómo un noble godo pudo hacerse con el gobierno de las tribus rebeldes astures cuando desde hacía años se oponían al dominio visigótico y que era un hecho que los visigodos no habían conseguido dominar ni a cántabros ni a astures, pero que sí es más verosímil que Pelayo fuera un caudillo local astur elegido en asamblea de jefes de linaje para dirigir la insurrección contra los musulmanes.

En segundo lugar, se indica que el antropónimo Pelayo no es germánico (como lo son todos los nombres de reyes visigodos, sino que deriva del latín Pelagius marino, lo que apunta a un origen hispanorromano del personaje (nombre era usado con profusión por los habitantes del noroeste de Hispania). 

Además, se afirma que las informaciones proporcionadas por la documentación no cronística hablan de un personaje vinculado a Asturias de antiguo que posee propiedades fundiarias en la región, lo que resulta muy difícil de explicar para un refugiado godo recién llegado desde Toledo.

Igualmente, cuando la documentación cronística se refiere a los primeros momentos de Pelayo, no lo hace como si de un príncipe godo que restaura el reino perdido de Toledo se tratase, sino como al princeps del Asturorum regnum, si entendemos que lo lógico hubiera sido considerarlo rex del Gothorum regnum Asturae.


Por otro lado, las crónicas árabes, poco o nada interesadas en manipular su ascendencia, atribuyen orígenes astures a Pelayo, y se refieren a él como Belay al-Rumi, esto es Pelayo el romano en alusión a su origen no godo, o como un infiel llamado Pelayo, natural de Asturias añadiendo que con él comienza una nueva dinastía que reina sobre un pueblo nuevo.

Más insólito resulta que en la crónica mozárabe escrita ,por el obispo Isidoro, en el 754, que pretende ser una continuación de la Historia de los Godos , el nombre de Pelayo no aparezca ni siquiera mencionado, lo cual da a entender que para el obispo Isidoro la formación del nuevo reino de los astures y su Prínceps Pelayo tenían muy poca o ninguna importancia para la historia de los reyes godos.

Se destaca también el hecho de que que los acontecimientos conocidos de su vida transcurran en lugares de culto prerromano, como su enterramiento en el área megalítica de Abamia, que data probablemente del periodo 4000–2000 a. C. , o la de su hijo Favila en el dolmen de Santa Cruz. Estos enterramientos parecen seguir pautas rituales ancestrales de los jefes tribales astures y no guardan relación alguna con las tradiciones visigodas. También el refugio en Covadonga muestra un marcado carácter ritual local.

E igualmente, si según las Crónicas entre el 653 y 683 se creó una nueva circunscripción provincial en Asturias, a cuyo mando se encontraría un ’’dux asturiensis’’, si existió ese ducado asturiano y si Pelayo era hijo de un duque, Pelayo sería hijo del duque de Asturias.

Además, los resultados arqueológicos muestran la ausencia de cualquier huella de implantación goda y abogan por una nula o escasa integración de Asturias al reino toledano.

¿La Reconquista tergiversada?

Es un hecho, según los estudios actuales, que los musulmanes estaban más interesados en expandirse por Francia, y avanzar hacia el centro de Europa, que en limpiar la retaguardia de pequeños reinos hostiles que quedaron aislados ante el avance musulmán en la Península Ibérica.

Por otro lado, el triunfo de la revuelta en Covadonga no llevó a Pelayo a establecer su corte en Gijón, que era la ciudad más importante de la Asturias en ese momento, sino que se asentó en Cangas de Onís, territorio montañoso más aconsejable e inaccesible por si pudieran acontecer futuras represalias musulmanas.

Otro dato que terminaría por corroborar esta hipótesis de la no Reconquista es que ni con Pelayo (718-737), ni con su hijo Favila (737-739), el reino astur ampliaría sus fronteras pese a la debilidad de los musulmanes, sino que sería años después, con Alfonso I (739-757) cuando, como consecuencia de la llegada de cristianos del sur, se comenzara a fraguar la idea de la Reconquista.

La batalla de Covadonga, sin embargo, quedó salpicada posteriormente de elementos míticos que contribuyeron a reforzar el sentido de apoyo Divino con el que los cronistas cristianos quisieron adornar esta refriega para impulsar la moral de las tropas que protagonizaban la Reconquista.
En un principio, el propósito de esta abcecación en presentar a Pelayo como un personaje godo para la supuesta continuidad del reino visigodo de Toledo en el primitivo reino astur respondería, según las hipótesis a favor del Pelayo astur, a una red de intereses políticos y al reforzamiento del prestigio personal de Alfonso III.

Una elaboración ideológica posterior habría vinculado al reino astur con el visigodo con una doble intención, por un lado como estímulo moral sobre la base del triunfo de Covadonga y, por otro, como vínculo que legitimaría a los monarcas leoneses como depositarios de la herencia visigoda y, por tanto, como aspirantes a recuperar el territorio perdido en el pasado.

El concepto de la Reconquista como recuperación de la Hispania perdida en nombre de la vieja legitimidad goda será reasumido por los Reyes Católicos y su cronista Fernando del Pulgar, y se repetirá hasta la saciedad en el siglo XVII.

Sepulcro de Don Pelayo en Covadonga
Después de cierto desuso en el siglo siguiente, vuelve a aparecer la palabra Reconquista en todo su esplendor en la España romántica del siglo XIX y cuando aparecen Pelayo y Covadonga como el eslabón perdido que tanta falta hacía entre el Guadalete y los sueños restauracionistas de la unidad de España, y Pelayo sería el preservador de esa identidad.

En 1918 se construye toda una operación de evocación del presunto XII Centenario de la batalla. Se publicaron multitud de trabajos sobre Pelayo y Covadonga. El franquismo ratificará el mito goticista de Pelayo.

En resumen, que la Batalla de Covadonga sólo fue una escaramuza entre montañeses y alguna expedición musulmana, ya que Asturias era un territorio muy poco romanizado y visigotizado, que encontraría la legitimación goticista en el siglo X, por lo que no sería sino un mito interesado para dotar de un punto de partida a la Reconquista.

Muerte y sepultura

Cuando el rey Pelayo fallece, recibe sepultura en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, en la que previamente había sido sepultada su esposa, la reina Gaudiosa,

En la actualidad, parece ser que ambos sepulcros están vacíos porque fueron trasladados a la Santa Cueva de Covadonga (en una cavidad natural e introducidos en un túmulo de piedra reposarían los restos del rey, su esposa y su hija Ermesinda) por orden del rey Alfonso X el Sabio, según relata el cronista Ambrosio de Morales en su obra.

No obstante lo anterior, numerosos historiadores han cuestionado la autenticidad del traslado de los restos del rey don Pelayo y de su esposa a Covadonga.


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